Con una caída del 61% en sus ganancias, La Anónima debería replantear su modelo: menos margen, más competencia y más variedad de productos. ¿Podrá adaptarse a las exigencias del nuevo modelo argentino? -Artículo de opinión-.
La Anónima frente al espejo: ¿Puede un gigante del retail adaptarse a un mercado que ya no tolera márgenes de ganancias tan altos?
Los números no mienten: La Anónima, la cadena de supermercados más grande del interior del país, vio desplomarse sus ganancias de 85.596 millones a 32.954 millones en apenas nueve meses. Una caída del 61% que no puede atribuirse únicamente a la coyuntura económica, sino a un modelo de negocios que parece haber quedado obsoleto.
En un contexto donde el consumo se contrae y los consumidores se vuelven más exigentes, la empresa que durante décadas dominó el retail en provincias ahora enfrenta un dilema existencial: mantener su tradicional esquema de pocas marcas y altos márgenes, o reinventarse para competir en un mercado donde la variedad y los precios bajos son la nueva moneda de cambio.
El diagnóstico: Un modelo rígido en un mercado que exige flexibilidad
Un recorrido por las góndolas de La Anónima revela una realidad incómoda: mientras sus competidores ofrecen decenas de opciones por categoría, esta cadena sigue apostando a un surtido limitado, con escasas marcas y precios que muchas veces no resisten la comparación.
Los datos son elocuentes:
Solo el 3% de sus ventas provienen del e-commerce, un canal que crece a doble dígito en el sector. El 92% de su facturación depende de las ventas físicas en supermercados, un modelo vulnerable en tiempos de consumo débil. Su subsidiaria frigorífica cayó 8,16% en ventas, mostrando que el problema es transversal.
«La Anónima fue víctima de su propio éxito», analiza un ejecutivo del retail que prefirió mantener el anonimato. «Durante años dominaron mercados regionales con poca competencia, y eso les permitió mantener márgenes del 30% o más. Pero ese modelo ya no funciona». El nuevo consumidor argentino es más digital, más comparador, menos fiel
La pandemia aceleró cambios que llegaron para quedarse:
El 68% de los compradores compara precios online antes de ir al supermercado (datos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico). Las marcas premium pierden terreno frente a opciones económicas: en categorías como lácteos y limpieza, las versiones «más baratas» crecieron 22% en el último año. La fidelidad a cadenas específicas cayó 40% según un estudio de Kantar Worldpanel.
«El cliente ya no va al supermercado más cercano por costumbre», explica Laura González, especialista en consumo masivo. «Hoy elige basado en precio, variedad y experiencia. Y en esos tres frentes, La Anónima está quedando rezagada».
La receta europea: ¿Un modelo a seguir?
Mientras en Argentina las cadenas tradicionales resisten el cambio, en Europa el retail alimentario lleva años evolucionando hacia: Hipermercados con +15.000 SKUs (frente a los 5.000-8.000 típicos de La Anónima). Marcas blancas que representan el 35-50% del surtido (contra menos del 10% local). Estrategias de precios agresivas, con rotación de ofertas diarias.
«En España, un Mercadona o un Carrefour renuevan el 20% de su surtido cada año». «En Argentina, muchas cadenas no cambian su mix en 5 años. Eso las hace vulnerables».
Los ajustes internos: Recortes que no alcanzan
Los reportes a la CNV muestran que La Anónima ya está tomando medidas: Redujo gastos operativos en 26,9%, principalmente en nómina (-15,45%). Recortó inversión en remodelaciones (de 58.000 millones en 2023 a 37.950 millones) Apostó por su app financiera, con préstamos que crecieron 250%.
Pero estos movimientos parecen insuficientes. «Están cuidando la caja, pero no están transformando el modelo de negocio», advierte el analista económico Ricardo López. «Sin una reinvención de su propuesta comercial, los recortes solo postergarán lo inevitable».
Cinco desafíos impostergables
Para recuperar terreno, especialistas consultados coinciden en que La Anónima debe: Revolucionar su surtido; Incorporar +300 nuevas marcas en 12 meses; Desarrollar una línea propia competitiva (hoy casi inexistente); Reinventar la experiencia; Modernizar el 40% de sus locales con tecnología de autoservicio; Capacitar a empleados en atención experta (no solo reposición); Acelerar el e-commerce; Llevar las ventas online del 3% al 15% en dos años; Repensar precios; Establecer una política de «precios imbatibles» en 200 productos clave; Crear un programa de fidelización con descuentos reales; Diversificar ingresos; Potenciar su negocio financiero (hoy marginal); Explorar formatos pequeños en zonas urbanas.
El veredicto: Adaptarse o ceder terreno
El caso La Anónima refleja una encrucijada que enfrenta todo el retail argentino: Las ganancias fáciles terminaron. El margen promedio del sector cayó de 28% a 19% en tres años. El consumidor tiene el poder. Con información y opciones, castiga a quienes no ofrecen valor. La digitalización es innegociable. Quienes no inviertan en tecnología quedarán fuera.
La buena noticia: Con $513.269 millones en ganancias brutas, La Anónima tiene los recursos para transformarse. La mala: El reloj está corriendo, y cada mes de inacción le cuesta participación de mercado.
En los próximos 24 meses se verá quiénes entendieron el nuevo juego y quiénes se quedaron anclados en el pasado. No habrá término medio».
Para La Anónima —y para toda la industria—, el mensaje es claro: Reinventarse no es una opción. Es la única salida.













