Tomar mate al volante: ¿acto cultural inofensivo o conducta riesgosa? Córdoba y Mendoza lo multan, pero no hay pruebas de que cause accidentes. ¿Será entonces que las personas mancas son un peligro al volante? En Chubut, por suerte, todavía estamos lejos de esas prohibiciones.
¿Prohibir el mate al volante? Cuando la cultura choca con el afán recaudatorio
Tomar mate mientras se maneja es una tradición profundamente arraigada en la vida del conductor argentino. Sin embargo, provincias como Córdoba y Mendoza han decidido enfrentar esa costumbre con mano dura: multas que alcanzan hasta los $420.000 por el solo hecho de tener un mate en la mano mientras se transita por la ruta. La medida ha generado controversia y abre un debate necesario: ¿realmente es peligroso cebarse un mate mientras se conduce, o estamos ante otra excusa recaudatoria disfrazada de preocupación por la seguridad vial? ¿Acaso las personas mancas son un peligro al volante?
La infusión más popular del país no es solo una bebida; es un símbolo de identidad y un ritual compartido que acompaña sobremesas, mates en la plaza y, cómo no, largos viajes por la ruta. En esos trayectos monótonos que cruzan la llanura interminable o la estepa patagónica, el mate se vuelve una herramienta útil: su contenido de cafeína —erróneamente conocida como «mateína»— ayuda a mantener despierto y alerta al conductor, evitando la fatiga que tantas veces es la verdadera causante de accidentes.
Un estudio reciente de la Universidad Nacional del Centro (Unicen) confirmó que la yerba mate no contiene una sustancia distinta llamada «mateína», sino cafeína, la misma que se encuentra en el café. Es decir, el mate tiene un efecto estimulante real y comprobado, lo que refuerza su valor en la conducción de largas distancias.
Prohibición sin estadísticas
Paradójicamente, no existen estadísticas que vinculen directamente el consumo de mate al volante con siniestros viales. Las leyes provinciales que lo sancionan se basan más en suposiciones que en datos concretos. Se penaliza la acción de «sacar una mano del volante», como si el acto de tomar mate fuera intrínsecamente riesgoso, ignorando que cambiar la marcha, manipular la radio o incluso estornudar también implican soltar el volante momentáneamente.
El problema, en realidad, no está en el mate. Está en la falta de una política seria de educación vial. En los conductores que obtienen su licencia sin saber realmente manejar, en las rutas mal señalizadas, en la falta de controles efectivos y coherentes. Señalar al mate como enemigo de la seguridad es no ver el bosque por el árbol.
Por eso, cabe preguntarse si estas normativas no responden más a un afán recaudatorio que a una preocupación genuina por la seguridad. Cada multa representa ingresos para las arcas provinciales, y es difícil no sospechar que la «preocupación por el tránsito» se vuelve más intensa cuando hay cifras importantes en juego.
La Ley Nacional de Tránsito no prohíbe específicamente tomar mate al volante. Exige, sí, mantener el control del vehículo y conducir con precaución, pero deja un margen lógico para interpretar las acciones del conductor con sentido común. Córdoba y Mendoza, en cambio, optaron por la vía fácil: prohibir una práctica común, cultural y, en la mayoría de los casos, inocua.
Proteger la vida en las rutas es una responsabilidad seria. Pero no se logra con prohibiciones arbitrarias ni con multas exageradas. Se logra con educación, con infraestructura adecuada y con controles a los que realmente ponen en riesgo a los demás.
El mate no mata. La negligencia, la imprudencia y la corrupción, sí.





Deja una respuesta