Un Papa Negro, Nostradamus, y la Tercera Guerra Mundial: Un combo que sacude hasta a los más escépticos.

La posible elección de un papa negro, como Peter Turkson, revive una vieja profecía de Nostradamus que anuncia el fin del mundo, justo cuando el planeta se tambalea por guerras en Europa y Medio Oriente.

¿Se viene el Apocalipsis con sotana? La profecía del “Papa negro” que hoy nos hace mirar al cielo (y no por fe)

La historia tiene ese don maravilloso de repetirse… o al menos de hacer como que sí. Y ahora, entre guerras, misiles, y un mundo más al borde del colapso que la batería del celular a medianoche, una figura emerge desde lo profundo del Vaticano con nombre de profecía: Peter Turkson, el cardenal ghanés que podría convertirse en el próximo Papa.

Y aquí es donde todo se pone místico, conspiranoico y deliciosamente dramático: Nostradamus, ese gurú medieval de las desgracias futuras, habría predicho que, tras la muerte de un Papa anciano (¿Francisco, sos vos?), llegaría el Papa negro… y con él, el mismísimo fin del mundo. ¿Coincidencia o spoiler divino?

¿Quién es Peter Turkson, el «papa negro»?

Peter Turkson nació en Ghana en 1948, y desde 2003 forma parte del selecto club cardenalicio gracias a Juan Pablo II. No es cualquier cura con sotana: su currículum incluye altos cargos en el Vaticano, especialmente en temas como la justicia social, la ecología y el desarrollo humano. Es decir, si el mundo se va a acabar, al menos lo va a agarrar alguien con sensibilidad social.

Entre 2009 y 2016 dirigió el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, y luego fue designado por el propio Francisco para liderar el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Sí, suena a título largo y burocrático, pero en resumen: Turkson es un peso pesado.

El contexto no ayuda: guerras, misiles y profecías

Mientras el Vaticano entra en «sede vacante» (esa pausa solemne entre papas que siempre huele a incienso y secretos), el mundo afuera está, digamos, en modo explosivo. La guerra entre Rusia y Ucrania no da tregua, Estados Unidos se mete cada vez más, Europa se arma hasta los dientes, e Israel, Gaza e Irán se intercambian amenazas como si fueran memes.

¿Y si esto no fuera suficiente para ponernos nerviosos, tenía que venir Nostradamus a patear el tablero?

En uno de sus crípticos versos, el profeta francés sugiere que tras la muerte de un Papa anciano, vendrá un Papa negro. Algunos dicen que se refería a un pontífice africano, como Turkson. Otros sostienen que “negro” alude a los jesuitas —por su hábito oscuro—, y recordemos que Francisco fue el primer Papa jesuita. O sea, según cómo se lo lea, el apocalipsis ya empezó… o está por empezar… o ya terminó y no nos avisaron.

¿Y si no es Turkson?

Obviamente, el cónclave no es una serie de Netflix: no hay spoilers, y todo se decide a puertas cerradas entre cardenales menores de 80 años. Entre los otros candidatos con chances están Matteo Zuppi (el diplomático de Bolonia), Luis Antonio Tagle (filipino y reformista), y Pietro Parolin (el que tiene más mundo que Google Maps gracias a su rol como Secretario de Estado del Vaticano).

Del lado más conservador, figuran Willem Eijk, crítico de las reformas de Francisco, y Raymond Leo Burke, quien podría tranquilamente ser el villano de una película de Dan Brown.

Entonces… ¿el mundo se acaba o no?

Bueno, si te guiás por las señales —guerras múltiples, cambio climático, líderes mundiales que parecen salidos de caricaturas, y una Iglesia que podría elegir a un Papa negro justo ahora—, es tentador pensar que el reloj del Juicio Final ya está marcando los últimos segundos.

Pero quizás el apocalipsis no sea una explosión, sino una revelación, como el verdadero significado de la palabra. Tal vez el fin del mundo sea el fin de un mundo viejo, desigual, bélico y testarudo… Y el comienzo de algo nuevo, liderado por un Papa negro que hable de justicia, paz y humanidad.

O tal vez no. Tal vez simplemente sea otra profecía mal interpretada y otro cónclave más.

Lo que es seguro es que si Nostradamus tenía razón, más nos vale empezar a rezar. Y si no… también.

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