El argentino Jorge Bergoglio, quien asumiera la identidad de «papa Francisco» murió a los 88 años en el Vaticano. Su salud se había deteriorado en los últimos meses. El mundo católico está de luto.
El papa Francisco, primer pontífice latinoamericano de la historia, falleció este lunes a los 88 años en su residencia del Vaticano. La noticia fue confirmada a las 7:35 (hora de Roma) por el cardenal estadounidense Kevin Farrell, camarlengo de la Santa Sede. Su muerte, ocurrida tras meses de un visible deterioro de salud, provocó una fuerte conmoción en todo el mundo y marca el fin de un papado transformador que comenzó en marzo de 2013.
En su anuncio oficial, el cardenal Farrell expresó: “Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de su Iglesia. Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con valentía y amor universal”. Acompañado por el cardenal Pietro Parolin y el arzobispo Edgar Peña Parra, Farrell realizó la declaración desde la capilla de la Casa Santa Marta, donde también tendrá lugar el rito de certificación de la muerte.
La «Santa Sede» informó que Francisco había sufrido en los últimos días dos episodios graves de insuficiencia respiratoria, agravados por una neumonía bilateral diagnosticada en febrero. Su salud se había resentido progresivamente, lo que incluyó internaciones, anemia, infecciones complejas y asistencia respiratoria con oxígeno.
Su última aparición pública ocurrió el domingo de Pascua, cuando, en silla de ruedas y acompañado por su enfermero personal, impartió la bendición “urbi et orbi” desde el balcón central de la Basílica de San Pedro ante 35.000 fieles. Visiblemente debilitado, levantaba sus manos con esfuerzo y mostraba un rostro apagado, muy distinto al de sus habituales intervenciones.
Esa despedida simbólica fue seguida por una breve vuelta en el papamóvil, en la que se lo vio ausente, ajeno a los saludos y cánticos, incluso cuando una argentina lo llamó con afecto desde la multitud. Quienes estuvieron presentes aseguran que fue un momento de gran carga emocional, que quedará grabado como una despedida silenciosa pero poderosa.
El cardenal Farrell oficiará esta noche el rito de constatación de muerte, acompañado por autoridades eclesiásticas, familiares de Jorge Bergoglio —entre ellos su sobrino jesuita, José Luis Narvaja— y responsables del área médica del Vaticano. Posteriormente, el cuerpo será trasladado a la Basílica de San Pedro, donde se habilitará una capilla ardiente para que fieles, líderes religiosos y jefes de Estado puedan despedirse.
Por decisión del propio Francisco, su cuerpo no será expuesto sobre un catafalco, sino de manera sencilla. Aunque aún no se ha confirmado la fecha exacta del funeral, se estima que será entre el viernes 25 y el domingo 27 de abril, de acuerdo con la tradición que fija entre cuatro y seis días de velatorio antes de las exequias papales.
Mientras tanto, el Vaticano anunció la suspensión de la canonización del beato Carlo Acutis, prevista para el domingo, aunque las actividades centrales del Jubileo de los Adolescentes seguirán en marcha. El próximo miércoles 23 de abril, está previsto el traslado del cuerpo de Francisco a la basílica vaticana para su homenaje público.
Con su fallecimiento, se abre el período de Sede Vacante, durante el cual se suspenden las funciones papales y se inicia la organización del cónclave que elegirá al próximo pontífice. Como es tradición, se procederá a la destrucción del Anillo del Pescador para evitar suplantaciones y se definirá el cronograma de los funerales.
Un legado de inclusión y compromiso social
El pontificado de Francisco se caracterizó por un fuerte impulso a la renovación de la Iglesia Católica, con énfasis en la inclusión, el diálogo interreligioso, la protección del medio ambiente y el compromiso con los más vulnerables. Fue un defensor de la paz y un crítico de las guerras, la discriminación, la violencia contra los migrantes y el sufrimiento de los pueblos en conflicto.
En uno de sus últimos mensajes públicos, pidió por la paz en Ucrania, Gaza y otras regiones del mundo, condenó la violencia y clamó por el fin de los conflictos armados: “La guerra es siempre una derrota. No hemos nacido para matar, sino para hacer crecer a los pueblos”.
Francisco será sepultado en la basílica de Santa María la Mayor, en un gesto que refleja su humildad y cercanía al pueblo, lejos de los fastos del Vaticano. Su figura, su mensaje y su legado quedarán grabados en la historia no solo de la Iglesia, sino también del mundo contemporáneo.




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