EL FINAL DE PUTIN 11 DIC 2025

Ucrania resiste con heroísmo, inteligencia y valentía y desmonta el fiasco militar ruso.

Ucrania, con un ejército diez veces más pequeño que el ruso, desmiente la propaganda rusa y golpea la economía e infraestructura de Rusia desde hace casi cuatro años.

Desde que comenzó la invasión rusa en febrero de 2022, la narrativa oficial de Moscú ha intentado pintar una imagen de inevitabilidad de victoria, mientras que en el terreno la realidad demuestra todo lo contrario: el ejército ruso, lejos de ser la máquina invencible que se promocionó, se ha convertido en un fiasco propagandístico. Por el contrario, las fuerzas ucranianas han demostrado un heroísmo y una inteligencia estratégica que ningún analista global esperaba, manteniendo una resistencia formidable a pesar de estar ampliamente superadas en número y recursos.

La llamada “operación militar especial” de Vladimir Putin, que prometía una campaña breve, ya lleva casi cuatro años y se ha traducido en un desgaste constante y una prolongación del conflicto que ha debilitado profundamente a Rusia. En el campo de batalla, las ofensivas rusas han avanzado de manera lenta y sangrienta, sin lograr conquistas significativas como la completa ocupación del Donbás, territorio que Moscú ya intentó asegurar sin éxito durante años. Ucrania, con un ejército mucho más pequeño, ha mantenido posiciones clave y ha contraatacado con eficacia, demostrando una combinación de valentía, adaptabilidad y uso inteligente del armamento disponible.

No solo en el frente de combate Ucrania ha demostrado su fuerza: también ha llevado la guerra al corazón del territorio ruso. Por primera vez en la historia reciente, un país atacado ha logrado responder con ataques precisos que han destruido la mayor parte de las refinerías de petróleo rusas y han dañado gravemente la infraestructura que sostiene el motor económico del Kremlin. Esto ha provocado tensiones económicas significativas en Rusia, con caída de ingresos petroleros, aumento del gasto militar y una población cada vez más consciente del coste real de la guerra en su bienestar cotidiano.

No sólo hay colas infinitas en las estaciones de combustible rusos, con severa escacéz de combustible, sino que hay millones de rusos a los que el estado no les está abonando el salario por la crisis devenida de la guerra que Putin emprendió cobardemente. a crisis social que se vive hoy en rusia por la escacéz de recursos y la falta de salarios está llegando a niveles similares a los de la época de la triste y fracasada Unión Soviética.

A ello se le suman más de un millón de familias de soldados rus muertos que n encuentran consuelo y la desesperación de las familias cuyos integrantes fueron forzados a ir a la guerra y mandados a morir al frente de batalla bajo pena de muerte inmediata si se negaban.

La propaganda rusa, que intenta vender resiliencia y apoyo popular masivo, no ha podido ocultar una cruda verdad: la moral interna está decayendo y la percepción del conflicto entre ciudadanos rusos está cambiando, con una mayoría que empieza a cuestionar el curso y el sentido de la guerra.

Desde 2022 hasta hoy, las fuerzas ucranianas han demostrado que la soberanía no se defiende solo con números, sino con determinación, estrategia inteligente y apoyo internacional constante. Kyiv ha resistido, contraatacado y debilitado la economía rusa. Este conflicto, lejos de las previsiones iniciales del Kremlin, se ha convertido en una demostración histórica de cómo un ejército más pequeño y menos equipado puede desafiar y humillar una invasión mal planificada, mal ejecutada y hoy estancada.

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