Lejos de rebajarse al inframundo de la barbarie kirchnerista, Toto Caputo eligió una sagaz respuesta destinada a Juan Grabois, quien, fiel a su costumbre anti democrática, lo agredió gratuitamente a fin de despertar el interés de algunos pocos seguidores de escasa capacidad cognitiva.
Juan Grabois, no es más que un incendiario político de bajo rango, desesperado por crecer políticamente, aunque su propia torpeza es la que le ha fijado un techo electoral muy por debajo de cualquier otro contrincante.
De perfil torpemente agresivo por las redes sociales, se convirtió en una especie de ciber montonero atemporal de escasos recursos ideológicos, contradictorio y defensor acérrimo de la corrupción, los ñoquis y el manejo bizarro del estado, del cual pretende seguir viviendo.
Pretende mostrarse como una especie de luchador, pero proviene de una familia de abundantes recursos económicos; algo así como el nene comunista de una familia pudiente, aunque se trata de una familia vinculada al peronismo, con varias propiedades, Mercedes Benz y deudas descomunales con varias entidades.
Su escaso lenguaje y evidente bajo nivel académico hace sospechar si realmente consiguió el título de abogado estudiando o mediante algún tipo de favor; o bien, es tan abogado como su jefa política que nunca exhibió su título de abogada.
Juan Grabois es, en definitiva, la representación más auténtica de un pensamiento bizarro, cortoplacista, acotado en perspectivas, que no recurre al razonamiento científico, sino al populismo del más bajo nivel para imponer sus cortas ideas.






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