La investigación que enfrenta al exdiputado Facundo Moyano por presunta violencia de género suma una nueva ronda de declaraciones testimoniales, esta vez de los efectivos policiales que participaron en las primeras horas del operativo, en medio de versiones contradictorias sobre el estado de Candela Arizaga.
El expediente judicial que tiene como imputado al exdiputado nacional Facundo Moyano por los delitos de lesiones leves y privación ilegítima de la libertad en contexto de violencia de género suma esta semana un nuevo capítulo con la declaración de los agentes de la Policía de la Ciudad que intervinieron durante la madrugada del 4 de agosto, cuando Candela Arizaga fue encontrada desorientada en la vía pública del barrio porteño de Belgrano.
La fiscal Florencia Nocerez, al frente de la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N°3 de la Ciudad de Buenos Aires, convocó a los efectivos para reconstruir con precisión las actuaciones iniciales, que se convirtieron en el eje de una de las controversias centrales del caso. Según pudo establecerse, las declaraciones de los uniformados resultan determinantes para esclarecer si existió o no un relato falseado que derivó en la detención del hijo del histórico dirigente camionero Hugo Moyano.
La versión policial bajo la lupa
El origen de la causa se remonta a aquella madrugada en el barrio de Belgrano, cuando personal del 911 fue alertado por una situación que, según el acta policial, habría implicado a una mujer corriendo descalza por la avenida del Libertador pidiendo auxilio.
El oficial inspector Matías Ríos, uno de los primeros en intervenir, dejó asentado en el sumario que Arizaga le manifestó haber sido golpeada por su pareja y mantenida encerrada contra su voluntad. El efectivo ratificó esa versión el 18 de agosto cuando fue citado a declarar ante la fiscalía.
Sin embargo, el relato presenta fisuras. Otros dos agentes que declararon ese mismo día esbozaron una situación radicalmente diferente. La oficial que acompañó a Arizaga durante su traslado al Hospital Pirovano y la agente que la entrevistó durante su internación aseguraron que la joven nunca les manifestó haber sido víctima de violencia ni haber estado privada de su libertad. Una de ellas sostuvo incluso que Candela preguntó por Moyano y afirmó: «A mí no me hizo nada».
Los descargos de Moyano
El exdiputado no tardó en reaccionar ante las versiones encontradas. En una entrevista televisiva, apuntó directamente contra el oficial inspector y lo acusó de haber «inventado» el relato que derivó en su detención. «Yo lo que estoy afirmando es que mintió», sostuvo Moyano, quien además denunció haber sido agredido físicamente por el efectivo durante el procedimiento con la intención de provocar una reacción que justificara su aprehensión.
El dirigente sindical explicó que Arizaga habría sufrido un brote psicótico vinculado al consumo de sustancias, y que él mismo le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar. Según su versión, la joven se encontraba en un estado de confusión que le impedía prestar declaración coherente, y todo el episodio quedó registrado en las cámaras de seguridad del edificio.
Candela Arizaga también cuestionó el relato policial
La propia denunciante generó un giro inesperado en la investigación al presentarse nuevamente ante la fiscalía para ampliar su declaración. En esa oportunidad, Arizaga negó categóricamente haberle dicho al efectivo que Moyano la había golpeado o mantenido encerrada.
La joven atribuyó lo ocurrido a un estado alterado vinculado con el consumo de drogas y sostuvo que no recordaba haber formulado esas acusaciones. Incluso llegó a afirmar: «Pude haber dicho que me perseguían», en referencia a las declaraciones que pudo haber realizado en medio de su confusión.
El círculo íntimo coincide: no había señales de violencia
La semana pasada, la fiscalía tomó declaración a la madre, la hermana y una amiga de Candela Arizaga, quienes coincidieron en un punto central: antes del episodio investigado, nunca tuvieron conocimiento de situaciones de violencia entre la joven y Moyano.
Myriam Puntonet, madre de Candela, aseguró ante la fiscalía que conocía la relación desde el verano y que su hija siempre le habló bien de Moyano. «Yo nunca escuché nada de eso», afirmó contundentemente. Incluso relató que compartió una cena en el departamento del exdiputado el 14 de febrero de este año, sin observar ningún indicio de conflicto.
Por su parte, Victoria Arizaga Morel, hermana de la joven, sostuvo que entre ambos estaba «siempre todo bien, nunca nada raro». También explicó la publicación que realizó en Instagram el día del episodio y que eliminó aproximadamente una hora después. Ante la fiscalía, Victoria aseguró que la había subido «en un estado de enojo» y que no estaba dirigida específicamente contra Moyano.
Nicole Bizzozero, amiga de Candela, fue en la misma línea y sostuvo que nunca había advertido situaciones que la pusieran en alerta. Describió la relación de la pareja como «normal», destacando que Moyano es una persona «súper charlatana» con quien siempre compartían largas conversaciones.
La evidencia médica y las medidas cautelares
En el expediente también constan los informes médicos del Equipo de Intervención Domiciliaria (EDID) del Ministerio Público Fiscal, que si bien concluyeron la existencia de una «asimetría de poder» en la relación, registraron que Arizaga negó haber sido víctima de violencia durante su internación en el Hospital Pirovano.
Mientras la fiscalía continúa con la producción de prueba, Moyano mantiene vigentes las medidas cautelares que le impiden acercarse a menos de 300 metros de Arizaga o mantener cualquier tipo de contacto con ella. La joven solicitó que estas restricciones fueran levantadas para poder reanudar el vínculo, pero la fiscal consideró que, por el momento, no correspondía dejarlas sin efecto.
Un caso que divide aguas
La causa que involucra a una de las figuras más relevantes de la dirigencia sindical argentina, hijo del histórico líder de la CGT Hugo Moyano, se ha convertido en un expediente de alto perfil mediático que enfrenta versiones contradictorias y expone las complejidades de las investigaciones por violencia de género.
La palabra de los tres policías que declararán esta semana podría resultar determinante para inclinar la balanza en uno u otro sentido, en un caso donde la víctima desmintió las acusaciones pero la fiscalía mantiene las medidas restrictivas, y donde el imputado denuncia un montaje mientras el círculo íntimo de la denunciante respalda su versión.
Todo indica que la investigación aún tiene varios capítulos por escribir, y la definición del caso dependerá en gran medida del peso que la justicia otorgue a los testimonios que se sumarán en las próximas horas al expediente.






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