SUBASTA ESQUEL 24 SEPT 2026

Subasta de vehículos en Esquel: precios de base altos. Analizamos riesgos y conveniencias.

La Municipalidad de Esquel remata 10 vehículos oficiales con precios base que, en varios casos, no están lejos del el valor de mercado y son pasibles de tener un alto riesgo mecánico. Analizamos los pros y contras de los modelos ofrecidos.

El próximo martes 6 de octubre, a las 10:00 horas, el patio interno del edificio municipal de Esquel será el escenario de la Subasta Pública N° 01/2026. La convocatoria, a cargo del martillero público Pablo Bonfanti Riegé, pone a la venta diez vehículos que fueron dados de baja del patrimonio municipal: cinco utilitarios y camionetas, y cinco motocicletas. Los precios base arrancan en $100.000 y trepan hasta los $5.500.000, pero un análisis detallado de los lotes revela una realidad incómoda: en algunos casos, las cifras de partida no guardan relación con el estado mecánico real de las unidades.

La idea de la subasta no es para nada mala; el problema es que cuando se ponen precios de base tan altos, no resultan atractivos para el público por el alto riesgo de estar comprando un problema más que un vehículo.

En esta oportunidad, vemos precios de base que no distan de los precios que se encuentran de esos mismos modelos en el marketplace de Facebook o en mercadolibre. Y uno se pregunta para qué arriesgarse en un vehículo que tiene mucho uso y que no se sabe a ciencia cierta el estado mecánico. Para algunos, hasta está declarado que no funcionan.

El Estado, cuando saca a remate bienes como estos, no debe tener el foco en la recaudación, sino en sacarse problemas de encima: unidades que ya cumplieron su ciclo y que ocupan espacio en el predio municipal.

Un precio de base bajo, permittiría que cada persona arriesgue hasta donde llegar y se generan competencias de precios muy interesantes. Las bases altas, por el contrario, de alguna forma debieran garantizar un buen estado general, lo cual no ocurre.

El inventario: dos que funcionan, ocho que no

Del listado oficial se desprende que solo dos vehículos están en condiciones operativas: un Renault Kangoo Express RL 1.6 (2004) y un Renault Kangoo RL 1.6 (2000), ambos con un precio base de $4.200.000. El resto de los lotes —una tercera Kangoo (2000), una Chevrolet S10 4×4 (2009), una Toyota Land Cruiser 4WD automática (1997) y cinco motocicletas Motomel de 200 cc y 250 cc— se encuentra en estado «no funcional». Esta distinción es clave: mientras que dos unidades podrían ponerse en marcha con relativa facilidad, las otras ocho requerirán una inversión adicional significativa para volver a rodar.

Comparación con el mercado: los números no cierran

El ejercicio de contrastar los precios base con los valores de referencia del mercado usado arroja resultados dispares. Para las dos Kangoo funcionales (2004 y 2000), la base de $4.200.000 se ubica por debajo de los precios de lista de unidades similares en plataformas de venta, que en algunos casos rondan los $6.000.000 o incluso, mucho menos.

Sin embargo, esta aparente ventaja debe matizarse: se trata de vehículos de flota municipal, con un desgaste acumulado que no siempre se refleja en las publicaciones privadas.

la diferencia de $1.800.000 en un vehículo del que se desconoce su estado no es tentadora para el comprador: hacer el tren delantero y trasero puede costar $1.000.000 y hacerle el motor, embrague o caja de cambios otros tantos millones.

El panorama cambia drásticamente para los lotes no funcionales. La Chevrolet S10 2.8 TDI 4×4 de 2009 tiene una base de $5.500.000, mientras que unidades funcionales similares en el mercado usado se ofrecen por valores que oscilan entre $15.000.000, según el estado y la configuración. No obstante, esas referencias corresponden a vehículos en funcionamiento. Una S10 que no arranca, con daños visibles y un historial de uso intensivo como vehículo oficial, difícilmente justifique una base de 5,5 millones sin un diagnóstico mecánico completo y un presupuesto en reparaciones.

La Toyota Land Cruiser de 1997 presenta un caso particular. Con una base de $1.500.000, el precio parece tentador para un modelo que en el mercado tiene un valor más estable que otros vehículos. Pero se trata de una unidad no funcional, con partes visiblemente rotas, con casi tres décadas de antigüedad y un costo de repuestos que puede ser muy elevado. El riesgo de adquirir un vehículo que no enciende, sin garantía y con un historial de mantenimiento desconocido, es mayúsculo. posiblemente sirva para la venta de sus repuestos, aunque la baja en el registro automotor también tiene su costo.

Motos: precios de riesgo

El segmento de motocicletas Motomel (DK200 de 2006 y CX250 de 2013) ofrece bases que van de $100.000 a $500.000, todas en condición no funcional. En el mercado de usados, una Motomel DK200 puede encontrarse alrededor de $2.000.000, pero en estado operativo. Las unidades de la subasta, al no funcionar, se posicionan como opciones para desarme o restauración, más que como vehículos listos para usar. El comprador debe evaluar si el ahorro inicial compensa el costo de reparación y el tiempo de inactividad. No obstante, el precio de base de $100.000 está muy bien, aunque $500.000 para las otras es elevado.

El factor riesgo: la letra chica de la subasta

La subasta ofrece la posibilidad de inspeccionar los vehículos hasta el día hábil anterior, de lunes a viernes, entre las 7:00 y las 12:30 horas, en el patio municipal. Esta instancia es fundamental, pero no elimina la incertidumbre: una revisión visual no reemplaza un diagnóstico mecánico profundo. Los vehículos se venden «en el estado en que se encuentran», sin garantía, y el comprador asume todos los riesgos. Para unidades no funcionales, el costo de reparación puede superar ampliamente la diferencia entre el precio base y el valor de mercado de un vehículo similar en funcionamiento.

¿Conviene ir a la subasta?

La respuesta depende del perfil del comprador. Para un mecánico, un taller o un comerciante de repuestos, los lotes no funcionales —especialmente las motos y la Land Cruiser— pueden representar una oportunidad si el precio final de la puja se mantiene bajo. Sin embargo, para un particular que busca un vehículo para uso diario, las dos Kangoo funcionales son la única opción relativamente segura, aunque su base de $4.200.000 es mu alto y obliga a comparar cuidadosamente con alternativas del mercado privado.

El riesgo de sobrepagar es real. En una subasta, la competencia entre postores puede llevar los precios por encima de lo razonable, especialmente cuando se desconoce el estado mecánico real. La recomendación es clara: antes de ofertar, inspeccionar personalmente cada lote, calcular el costo estimado de reparación y establecer un límite máximo que no supere el valor de mercado de un vehículo similar en condiciones operativas.

La Municipalidad de Esquel busca, con esta subasta, recuperar parte del valor de su flota en desuso y liberar espacio en el predio municipal. Para los vecinos y comerciantes de Chubut, la oportunidad existe, pero requiere prudencia, conocimiento técnico y una evaluación fría de los números. La subasta no es una ganga garantizada; es un ejercicio de riesgo calculado.

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