MARLEY Y LIZY TAGLIANI EXPONEN A SUS HIJOS 8 ABRIL 2026

Repudiable: mediáticos exponen a sus hijos adoptivos en redes para ganar likes

*Opinión

Resulta repudiable la utilización de niños como mascotas mediáticas. Así pareciera ser el caso de conductores de TV como Marley, el conductor que se hace llamar Lizy Tagliani, o Flor de la V, entre otros, que exponen a sus hijos en las redes sociales, dando la sensación de usarlos como herramientas para crear marketing en vez de estar ejerciendo una paternidad que los resguarde.

Otro tema aparte es la forma en la que estos personajes mediáticos llegan a ejercer la paternidad. Uno, aparentemente habría recurrido al alquiler de vientres en el extranjero, con óvulos de una tercera, sin darle la posibilidad a los niños de tener una madre biológica o de crianza. El otro, un hombre travestido que manifiesta percibirse mujer, pero claramente tampoco tiene la capacidad biológica para engendrar un hijo en su vientre y la ley argentina le permite la adopción a pesar de tener un aparente trastorno o conflicto interno por su condición de hombre que se percibe mujer. Al menos, este último, no expone el rostro del niño.

La pregunta es ¿Realmente están en condiciones de ejercer la paternidad o simplemente la adopción es un juego legal derivado leyes populistas absurdas combinadas una enfermedad de rating en medios y redes?

Ningún padre expondría a sus hijos ante los medios y redes, no sólo por estar expuestos a todo tipo de peligros, sino por la preservación de la intimidad de esos niños que algún día serán adultos y se encontrarán con que millones de personas desconocidas conocen sus nombres, historias, gustos y costumbres.

Es algo asimilable a la película de Jim Carrey, “The Truman Show”, en donde los niños no eligen ser parte del espectáculo horrendo, mediocre y bizarro al que están siendo expuestos por sus tutores legales.

Un niño no puede firmar un contrato. Un niño no puede leer los términos y condiciones de Instagram. Un niño no puede entender que una foto tomada hoy será vista por millones de personas durante el resto de su vida. Y sin embargo, a diario, cientos de menores aparecen publicados en redes sociales y programas de televisión como si fuesen un accesorio más de la vida adulta.

La maldita exposición.

Cuando un adulto —sea famoso o anónimo— sube una imagen de su hijo llorando, bañándose, enfermo o jugando despreocupadamente, está tomando una decisión unilateral que afectará para siempre a ese ser humano. El niño no consintió. No puede consentir. Y la ley es clara al respecto: los niños son sujetos de derecho, no objetos de propiedad parental.

Perjuicios concretos de la exposición temprana

Los daños no son especulativos. Son reales y están documentados por psicólogos, pediatras y especialistas en infancia:

  1. Pérdida de la intimidad. El niño crece sabiendo que cada aspecto de su vida puede ser observado, juzgado y comentado por extraños. No hay refugio. No hay espacio privado.

Ansiedad y presión por performance. Cuando un menor sabe que está siendo filmado o fotografiado para una audiencia, deja de comportarse con naturalidad. Comienza a actuar. Eso genera estrés crónico, miedo al error y una necesidad enfermiza de aprobación externa.

  1. Construcción de identidad distorsionada. La identidad se forja en la intimidad, en los errores, en los momentos feos. Un niño expuesto no puede equivocarse en privado. Todo queda registrado. Eso lo lleva a desarrollar una personalidad para la cámara y otra, muchas veces rota, para cuando está solo.
  2. Riesgo de acoso y grooming. Las imágenes de menores en redes sociales son material codiciado por redes de depredadores sexuales. Publicar la escuela a la que asiste el niño, su rutina, sus vacaciones, es entregar un mapa de vulnerabilidades a quien no debería tenerlo.
  3. Cicatrices de adulto. Muchos jóvenes que fueron expuestos durante su infancia por padres famosos o influencers relatan hoy, ya adultos, cuadros de depresión, trastornos de ansiedad, dificultades para confiar en los demás y un profundo resentimiento hacia quienes debían protegerlos y no lo hicieron.

El silencio cómplice del sistema legal

Las leyes existen. En Argentina, la Ley 26.061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes establece el derecho a la intimidad, a la imagen y a no ser expuestos en los medios de comunicación cuando ello afecte su dignidad. También el Código Civil y Comercial, protege a los niños de la exposición indebida de lsu imagen.

Pero las leyes no se aplican. Los jueces no intervienen. Los fiscales no investigan. Los defensores de menores miran hacia otro lado cuando el adulto responsable es una figura pública con poder mediático. Y así, la naturalización avanza: cada foto compartida es un nuevo ladrillo en el muro de la impunidad.

Cuestionamiento ético ineludible

¿Es ético que un adulto gane seguidores, contratos publicitarios o simple popularidad a costa de la imagen de un niño que no puede decir que no?

La respuesta es no. No lo es.

Cada like que un adulto recibe por una foto de su hijo es un incentivo perverso. La lógica del mercado se impone sobre la lógica del cuidado. El niño se convierte en mercancía. Y la sociedad, con su clic cómplice, valida esta práctica como si fuese normal.

No es normal. No debería serlo nunca.

Llamado a la acción

Las plataformas digitales deben endurecer sus políticas. Los jueces deben actuar de oficio ante la exposición evidente de menores. Las escuelas y los profesionales de la salud deben alertar y denunciar. Y los adultos, todos los adultos, debemos preguntarnos antes de publicar: ¿esto beneficia al niño o me beneficia a mí?

Un niño no es un trofeo. No es un contenido. No es una herramienta para llenar el ego vacío de un adulto o para llenar de dinero sus bolsillos. Un niño es una persona. Con derechos. Con futuro. Con la necesidad sagrada de crecer en privado para poder mostrarse al mundo, algún día, desde su propia libertad.

La infancia no se recupera. Una vez expuesta, queda expuesta para siempre. Protejamos lo que no puede defenderse solo.

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