PUTIN PSICOLOGO MUJERES 20 MARZO 2026

Putin manda al psicólogo a mujeres que no quieren embarazarse y su relación con la guerra en Ucrania.

El régimen de Putin, desesperado por las enormes bajas en la guerra de Ucrania y un futuro colapso demográfico, fuerza a las mujeres rusas a consultas psicológicas si no quieren tener hijos.

En una desesperada medida que revela las profundas fisuras del Kremlin, el Ministerio de Salud de Rusia ha implementado una nueva normativa que convierte la decisión personal de no ser madre en un presunto trastorno psicológico. Mientras Vladimir Putin continúa sacrificando soldados en el frente ucraniano, su gobierno endurece la presión demográfica sobre las mujeres, a quienes ahora se las somete a interrogatorios clínicos con el fin de forzar la natalidad.

En guerras largas, como acostumbra Rusia, estima que en 18 años los bebés que nazcan hoy serán soldados listos para el frente de batalla. Una mentalidad perversa que caracteriza al autócrata.

El nuevo protocolo sanitario, que ya está vigente, modifica los cuestionarios de salud reproductiva. A las mujeres se les presenta una batería de preguntas que culmina con un interrogante decisivo: «¿Cuántos hijos le gustaría tener?». Aquellas que se atreven a responder «cero» son inmediatamente derivadas a un psicólogo clínico para «tratar» su negativa. Este consejo, curiosamente, no aplica para los hombres, quienes enfrentan un cuestionario más liviano y una pregunta condicionada a sus «circunstancias actuales», evidenciando una doble vara que criminaliza la autonomía femenina.

La medida, presentada por las autoridades sanitarias como un mecanismo para prevenir abortos y fomentar una «actitud positiva» hacia la maternidad, es en realidad la punta del iceberg de una biopolítica cada vez más agresiva. Analistas políticos señalan que la verdadera motivación del Kremlin no es el bienestar familiar, sino la necesidad imperiosa de reemplazar a los cientos de miles de soldados que han caído en la guerra contra Ucrania.

Se trata de un régimen desesperado. Las bajas masivas en el campo de batalla han creado un agujero demográfico que Putin busca tapar a cualquier costo. Su visión es la de un futuro sombrío para Rusia, con una población en caída libre que amenaza la viabilidad misma de su imperio. En este contexto, las mujeres son vistas únicamente como un medio de producción de nuevos soldados, carne de cañón para futuros conflictos, sin importar las condiciones económicas o los deseos individuales.

Esta no es una política aislada. En 2024, el Parlamento ruso ya había aprobado una ley que prohígue la «propaganda de la ideología childfree», es decir, el derecho a decidir no tener hijos. En consonancia, a finales de 2025, la justicia rusa impuso la primera multa por «incitación al aborto» a un hombre que alegó razones económicas para no querer ser padre de gemelos. Paralelamente, clínicas privadas en todo el país han sido acosadas y presionadas para que renuncien a sus licencias para practicar abortos, cerrando las vías de escape para las mujeres.

Mientras la Duma Estatal justifica estas medidas como una supuesta «preocupación por las mujeres», sugiriendo que quien no quiere hijos «tiene problemas en sus relaciones», la realidad en el terreno es la de un estado que busca secuestrar la voluntad reproductiva de su población. El mensaje del Kremlin es claro: el cuerpo de las mujeres pertenece al Estado, y su función principal es producir los soldados que Putin necesita para sostener su guerra.

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