Un salto de rutina terminó en un dramático aterrizaje de emergencia cuando un paracaidista quedó colgado de la cola del avión tras la apertura accidental de su paracaídas. La rápida reacción del piloto y del deportista evitó una tragedia.
Un salto grupal a 15.000 pies en Tully, Queensland, se transformó en una escena límite cuando el paracaídas de reserva de un paracaidista experimentado se abrió de manera imprevista al engancharse en la estructura del Cessna Caravan. La brusca fuerza lo arrastró hacia la parte trasera del avión y lo dejó suspendido bajo la cola, mientras la aeronave comenzaba a perder estabilidad.
El deportista, con más de dos mil saltos realizados, golpeó el estabilizador izquierdo y sufrió lesiones en las piernas. La aeronave también quedó dañada, lo que generó vibraciones y pérdida de control para el piloto, quien desconocía inicialmente la causa del problema hasta que fue alertado por los saltadores.
En medio del caos, el paracaidista logró cortar once sogas del paracaídas con un cuchillo especial y liberarse en menos de un minuto. Una vez en caída libre, desplegó su paracaídas principal, que también sufrió un leve enredo, pero pudo controlarlo y descender con heridas menores.
Mientras tanto, 13 de los 17 saltadores ya habían abandonado la aeronave. El piloto, enfrentando daños severos en la cola, emitió un mayday y ejecutó maniobras de emergencia para mantener el avión estable. Su pericia permitió realizar un aterrizaje de emergencia en Tully sin más heridos.
Tras el incidente, se revisaron y actualizaron los protocolos de seguridad del club organizador. Ahora, todos los paracaidistas deben portar un cuchillo y seguir una lista de chequeo más estricta para evitar enganches de arnés y manipulaciones accidentales de las asas. La experiencia se utiliza hoy como material de capacitación en Australia y en la industria internacional del paracaidismo.






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