En Esquel, el municipio adjudicó a Pasquini Construcciones un contrato por más de 79 millones, pese a serios cuestionamientos judiciales y públicos, especialmente en el «caso Revelación», cuya investigación resultó en uno de los casos más alarmantes de la historia de Chubut por presunta corrupción y coimas en la obra pública.
En una decisión que genera profunda alarma, el municipio de Esquel adjudicó a Pasquini Construcciones S.R.L. el alquiler de una máquina excavadora para la Planta de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos por un total de 79.237.122 pesos. El monto, a todas luces de apariencia desproporcionado, y los antecedentes de la empresa adjudicataria, siembran serias dudas sobre la transparencia de esta contratación y sobre la verdadera necesidad del contrato en vez de reparar la maquinaria del municipio.
El contrato, que fue publicado en el Boletín Oficial Municipal N° 06/2025, establece un alquiler mensual de 13.206.187 pesos por seis meses. La cifra ha sido fuertemente cuestionada por el Frente Vecinal Esquel, que señaló la contradicción de alquilar a precios millonarios una máquina cuando el municipio ya posee una compactadora de residuos que podría ser reparada a un costo supuestamente mucho menor.
La ciudadanía merece respuestas: ¿por qué contratar a precios astronómicos, en lugar de invertir en recuperar maquinaria propia? ¿Qué razones justifican beneficiar a una empresa cuestionada judicialmente?
Este nuevo episodio deja en evidencia la urgente necesidad de fortalecer los mecanismos de control y transparencia en la administración pública de Esquel, y reafirma que los intereses del pueblo no pueden quedar supeditados a la opacidad ni a los negocios de unos pocos.
También, para casos de contratos multimillonarios, debiera establecerse una reglamentación que abra el juego a otras empresas foráneas, a fin de garantizar una nutrida oferta en beneficio del municipio, alimentando la competencia y evitando que las licitaciones sean mecanismos manipulables para que se arreglen de antemano los resultados de la adjudicación.
Una forma histórica de las licitaciones públicas en general, ha consistido en que un puñado de empresas monopólicas u oligopólicas compitan falsamente entre sí, distribuyéndose de antemano el dinero público y con «retornos» a los funcionarios que hacen la vista gorda. O también, presentarse una empresa y simular otra oferta con algún perejil de titular con precios más caros o servicios más precarios, para garantizar que la adjudicación fuese a un oferente en particular.
Recientemente, también hubo serios cuestionamientos en la Municipalidad de Esquel por la contratación millonaria de una empresa de sonido para eventos, más cara que una oferente local, y sin explicar el municipio cuáles eran las diferencias técnicas entre ambas empresas, si es que las había.
La falta de transparencia, o al menos, la falta de aclaraciones serias por parte de la municipalidad, siembra la duda sobre la posibilidad de corrupción, con un estilo ya conocido practicado por administraciones anteriores nefastas, para lo cual la población votó un cambio. Un cambio que no da muestras concretas de haberse emprendido.
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