Una persona sin afiliación ni respaldo dentro de La Libertad Avanza en Chubut pretende ser candidato del partido, desatando una escena política absurda.
El caso de Ricardo Bustos (antes conocido como Ricardo Matos) en Chubut es un verdadero espectáculo político que raya lo grotesco. Un individuo sin afiliación formal al partido, sin reconocimiento dentro de la estructura libertaria, sin consenso y con una imagen pública extremadamente negativa, intenta erigirse como candidato de La Libertad Avanza.
La maniobra, por demás insólita, pone en jaque no solo la coherencia partidaria, sino también la seriedad de sus postulaciones. por ese motivo parece haberse ganado el apodo de «El Candidatrucho».
Bustos, un personaje que apenas es conocido por algunos sectores de la ciudad de Esquel —y no precisamente por méritos admirables—, se presenta públicamente como “precandidato a diputado nacional” por un espacio al que nunca perteneció. Su intento de instalarse como figura del partido no solo carece de legitimidad, sino que exhibe una preocupante desfachatez: apropiarse del sello de una fuerza política sin siquiera contar con el respaldo mínimo de sus integrantes.
La aparición ridícula de Bustos autoproclamándose candidato de un partido que no lo quiere, pone en dudas si en realidad no se trata de un infiltrado de otra fuerza política para dividir a los votantes de LLA, estrategia que, por lo visto, le viene saliendo muy mal.
La historia de Bustos no es nueva ni sorprende a quienes lo conocen. En Esquel, su figura es altamente repudiada por sectores amplios de la comunidad. Sus intentos anteriores de incursionar en política han terminado siempre en el mismo lugar: el fracaso. El último episodio, ocurrido hace apenas unos días, terminó con una convocatoria paupérrima. A pesar de haber lanzado llamados públicos para reunir apoyo, solo una decena de personas acudió a su acto, dejando al descubierto el abismo entre su ambición y la realidad. En la siguiente imagen podemos observar el inexistente poder de convocatoria, con sillas vacías e incluyendo curiosos que tampoco manifestaron su apoyo.

Le impusieron prohibición de acercamiento
Ahora, en un nuevo capítulo de su campaña sin sustento, Bustos intenta victimizarse. Denuncia “persecución política” y “censura previa” tras una medida judicial que le prohíbe acercarse al diputado César Treffinger, a raíz de denuncias por presuntas amenazas. En vez de hacerse cargo de su situación, recurre al viejo truco del perseguidor perseguido, deslegitimando las instituciones y la justicia como estrategia de supervivencia política.
Más allá del ruido mediático que pretende generar, el verdadero problema es la amenaza que esta clase de personajes representa para la construcción seria de una alternativa política. Si La Libertad Avanza tolera este tipo de operaciones, corre el riesgo de dilapidar su capital simbólico: el de ser una fuerza diferente, disruptiva y creíble. Darle lugar a quien no suma, ni en votos ni en imagen, sino que resta, es un suicidio político.
La política exige responsabilidad, y más aún cuando se pretende representar a un electorado cansado de las viejas mañas. Que alguien como Bustos intente colarse en las listas sin afiliación, sin trayectoria y sin apoyo real, pone en ridículo al espacio que dice defender. Y si el partido avalara esta candidatura, perdería toda autoridad para presentarse como alternativa frente al sistema político tradicional.
En definitiva, lo de Ricardo Bustos no es una candidatura, es una farsa. Y lo más preocupante es que se desarrolla en un escenario que debería aspirar a la renovación, no a repetir los peores vicios de la vieja política.






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