Murió el indio solari 5 junio 2026

Indio Solari: el whisky, el adiós polémico y la hipocresía K. Una vida de triunfos y decadencias.

El mito del Indio Solari siempre fue más grande que su música. Su muerte a los 77 años deja un vacío sonoro, pero también destapa una olla a presión de contradicciones que la militancia K y la corrección política prefieren esconder bajo la alfombra de los vinilos. Porque Solari no era el héroe virgen que muchos pintan; era un hombre de carne, hueso, whisky y peronismo de conveniencia.

Por un lado, tenemos al artista luchador, el que cantaba contra “Los cigarros de los otros” y la “burocracia”. Pero la realidad política del Indio fue mucho más terrosa. En sus últimos años, mientras su cuerpo era devastado por el Mal de Parkinson, mantuvo una relación ambigua con el poder. Nunca mojó la camiseta por la oposición dura, pero tampoco fue un ferroviario furioso. En entrevistas, cuando la economía se derrumbaba, soltó frases lapidarias como aquella de que el Fondo Monetario gobernaba el país, criticando veladamente al kirchnerismo que tanto lo veneraba . Sin embargo, el silencio del Indio ante la corrupción verificada de la era K fue ensordecedor. ¿Dónde estaba la pluma ácida para los cuadernos de las coimas? Brilló por su ausencia. Esa ambigüedad le valió el odio de los anti-K y el amor incondicional de un peronismo que necesita ídolos descafeinados que no molesten al establishment.

Luego está el mito de la salud. Solari se convirtió en un símbolo de la lucha contra el Parkinson, pero el romance del rocker con el autodestrucción siempre fue más fuerte. En 2016, mientras confesaba al mundo que tomaba “doce pastillas” para poder mover un dedo, lo hacía con un vaso de whisky en la mano . Esa imagen es la foto perfecta de su incoherencia: el artista que sufre, pero que no puede dejar el veneno romántico. Mientras sus fans derramaban lágrimas por su rigidez muscular, él mezclaba farmacología con alcohol, un coctel mortal que aceleró su deterioro y contradice el mensaje de autocuidado.

Finalmente, la casta divina del rock. Solari se peleó con su socio histórico Skay Belinson por simple codicia. La excusa fue la pureza artística y el control de los videos, pero el transfondo fue una pelea de egos y derechos de autor digna de una multinacional . El mismo que cantaba “Todo un palo” no dudó en poner abogados para quitarle el pan al compañero.

En Chubut y en el sur, donde la mística ricotera corre por la cordillera, muchos eligen ver solo al poeta. Pero hoy, al despedirlo, hay que llamar a las cosas por su nombre. Solari fue un grande de la música, pero un minúsculo en la coherencia. Un tipo contradictorio, querido por los K por su silencio cómplice y defenestrado por una sociedad que le exigía la rebeldía que solo vendía en sus discos. Descansa en paz, Indio. Ojalá en el cielo no tengas que votar.

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