La foto de Cristina Kirchner con el Indio Solari expone los privilegios de la ex presidenta presa en su casa y la manipulación política del kirchnerismo.
El kirchnerismo volvió a recurrir a su manual de siempre: victimización, manipulación y populismo. En la víspera del tercer aniversario del supuesto atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner difundió en redes sociales una imagen de su madre recibiendo en su domicilio —donde cumple condena por corrupción— al cantante Carlos “Indio” Solari. Con ese gesto, el líder de La Cámpora buscó capitalizar la figura de un artista de culto para movilizar a las masas y pedir el voto como si la ex mandataria “estuviera en la lista” en las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre.
El episodio revela, por un lado, los privilegios de los que goza Cristina Kirchner. Mientras cualquier ciudadano común cumple condena en una celda, ella lo hace en la comodidad de su departamento de Constitución, donde recibe libremente visitas de artistas y políticos. Por otro lado, expone la degradación cultural de un ícono del rock argentino como el Indio Solari, que se deja utilizar como símbolo de apoyo a una dirigente condenada por corrupción.
La estrategia de La Cámpora es clara: reforzar la narrativa de la persecución y el martirio de CFK. El supuesto atentado, lleno de zonas grises y con serias dudas sobre si existió realmente intención de asesinarla o si se trató de una puesta en escena, es la base de ese relato. A partir de allí, se construye una imagen de líder perseguida por jueces, medios y opositores, mientras se busca el respaldo emocional de un electorado cansado y manipulado.
El llamado a votar “como si ella estuviera en la lista” no es más que la confirmación de un proyecto político sin renovación, que depende eternamente de la figura de Cristina Kirchner para intentar sobrevivir. Un modelo atado al pasado, al populismo y a la corrupción, incapaz de ofrecer soluciones reales a los problemas de la Argentina.
La foto con el Indio Solari es mucho más que una postal de ocasión: es el reflejo de una decadencia. La decadencia de un movimiento político que necesita victimizar a su líder para justificar su supervivencia. La decadencia de un artista que, en lugar de desafiar al poder, termina rindiéndose ante él. Y la decadencia de un país que, mientras enfrenta crisis económicas y sociales profundas, sigue atrapado en los juegos mediáticos de un kirchnerismo que solo sabe mirar hacia atrás.






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