Hoy les presentamos un compilado de 20 mitos y su realidad contrapuesta sobre la historia de los pueblos indígenas patagónicos; un trabajo que es el resultado de años de estudio, en un entorno en donde se encuentra bibliografía contradictoria y, muchas veces, poco clara.
Introducción.
Durante la última década hemos visto todo tipo de discusiones sobre los pueblos originarios, encontrándose muchos conceptos contrapuestos. Y en ese contexto se encuentra un abanico enorme de mitos y verdades. Algunos expuestos por desconocimiento, otros con fuertes fundamentos, y otros que responden a “teléfonos descompuestos” pasados oralmente de generación en generación.
El siguiente informe se basa en la más objetiva de las posturas, con el máximo respeto a todos los involucrados.
La población de la República Argentina.
Argentina ha sido catalogada como un “crisol de razas”, y realmente lo es. Actualmente, resulta mucho más educado cambiar la palabra raza por etnia y ello es totalmente entendible y respetable, aunque semánticamente son sinónimos. En este crisol de etnias encontramos ascendencias de todas partes del mundo; de hecho, la mismísima población de américa y sus pueblos originarios se estima que provino de Asia, hace más de 11.000 años, principalmente por el Estrecho de Bering durante la última glaciación que unía de forma terrestre al norte de América con Asia. También, otras teorías apuntan a un poblamiento a través de otras vías, como la marítima, e incluso a una combinación de ambas. No se descarta que la población del continente haya sido mucho más antigua.
Todos somos originarios del planeta, y pertenecer a un lugar, corresponde a un breve período de tiempo en el que hubo asentamientos humanos estables en determinada geografía, aún cuando estos fueran nómadas.
En el caso de Argentina, la preexistencia indígena se refiere a la de los pueblos existentes antes de la creación de la República Argentina, otorgando la Constitución Nacional, ciertos derechos a aquellas poblaciones que habitan su geografía.
La creación de Argentina.
Si bien no hay una fecha de creación exacta, los historiadores discuten sobre la fecha del 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816 como fecha de creación de nuestra república. Algunos sugieren que fue en 1853 con la sanción de la primera constitución, pero esa teoría fue descartada por la mayoría, al ser la constitución, un documento que encuadra normativamente a una organización independiente preexistente. Lo cierto es que no tenemos una fecha exacta de nacimiento como país o nación.
Mito N°1: En 1810 los pueblos originarios vivían de la caza y pesca.
Si bien eran costumbres arraigadas en todos los pueblos originarios, desde la llegada de los europeos a América en 1492, toda la estructura organizativa de los pueblos cambió durante todos esos siglos y para siempre. Los europeos trajeron ganado vacuno, ovino y equino, el cual se expandió a lo largo y ancho de toda América, de la mano del comercio de animales, pieles, cueros y productos derivados de estos. Para 1810, los pueblos originarios habían transformado radicalmente su forma de vida, sus costumbres, su ropa, sus herramientas, sus concepciones, y hasta su idioma. Ya no eran simples cazadores recolectores, sino que estaban en contacto con otras formas de organización social y económica, independientemente de que también mantuvieran sus costumbres en forma paralela.

Mito N°2 América vivía en paz y los europeos trajeron la guerra.
América no vivía en paz, excepto por los pueblos aislados. Entre muchos pueblos originarios había todo tipo de enfrentamientos. A la llegada de los europeos, los imperios Azteca e Inca hacían estragos con los habitantes de otros pueblos: asesinatos y sacrificios en masa. Así también, había estragos entre comunidades mucho más pequeñas. Algunos europeos no eran ningunos santos y también cargaban con historias de crueldad en sus espaldas.
Es ridículo pensar que tres barquitos (los primeros) con un puñado de europeos tuvieran poder para dominar a cientos de miles de habitantes. Aún así, con la sucesiva llegada de embarcaciones, los nativos superaban muy ampliamente a los europeos.
De hecho, eran los mismos nativos que pidieron ayuda a los europeos para derrocar a ambos imperios americanos, y así fue: los ejércitos estaban mayormente integrados por nativos hartos de las matanzas que las tribus más poderosas hacían con las menos poderosas.
Una parte de los europeos, también cometió todo tipo de abusos imperdonables, aunque no eran avalados en absoluto por la corona española, que estaba a miles de kilómetros de esas tierras y les eran incontrolables. La historia de violencia en américa es concomitante con la naturaleza humana y no sólo perteneciente a un bando.
Mito 3: Los nombres en mapudungún de algunas localidades evidencian población mapuche.
El mapudungún es originario de los Reches, una comunidad indígena multitudinaria de la zona de la araucanía chilena. La cordillera de los andes siempre fue una barrera natural que separaba a los pueblos del contacto entre sí. Con la llegada del caballo en los barcos europeos, todos los pueblos originarios lo adoptaron a través de los siglos, como medio de transporte y como mercancía, posibilitando el contacto y el comercio entre varios pueblos. Ello produjo la adquisición de la lengua reche (mapudungún) como idioma de intercambio, tal como sucede con el idioma inglés en el mundo moderno.
Los reches eran conocidos en lengua española como “los araucanos” y en tiempos mucho más modernos, ya a mediados del siglo XX se empezó a utilizar el nombre “mapuche” que es como los reches se rebautizaron. El término “mapuche” no existe en ningún documento histórico; ni oficial ni extraoficial, ni chileno, ni argentino.
Los primeros pueblos originarios de este lado de la cordillera en adoptar el mapudungún como segunda lengua fueron los pehuenches y luego de los siglos fue la lengua adoptada por éstos y durante el siglo XIX por la mayoría de los pueblos originarios al este de la cordillera
Se estima que a partir de 1820 los pueblos Reches intensificaron sus incursiones hacia el este de la cordillera, comenzando a realizar algunos asentamientos en la parte norte de la Patagonia argentina.
Las tribus del lado argentino llegaban a dominar hasta tres o cuatro idiomas y varios dialectos en algunos casos. Finalmente, el mapuzungún o mapudungún predominó en varias áreas y por eso hay una gran cantidad de nombres en ese idioma en estas geografías.
Por ello, que haya nombres en mapudungún no significa que hayan sido puestos por mapuches o Reches, sino por originarios que en el proceso de araucanización adoptaron ese idioma a través del tiempo.
Algo claramente notable, es que los nombres de muchos pueblos originarios no son los nombres con los que esos pueblos se identificaban, sino los nombres en mapudungún. Un ejemplo de ello es el término “tehuelche”, que es una palabra en mapudungún; mientras que “los tehuelches” se llamaban a sí mismos “aonikenk”.
Así como los españoles bautizaron “Araucanos” a los Reches, los Reches bautizaron “Tehuelches” a los aonikenk. Los primeros exploradores europeos denominaron a los Tehuelches como “Patagones”, término puesto por Magallanes, que dio origen al nombre “Patagonia” para referirse a la tierra habitada por este pueblo originario. Con el tiempo, los Aonikenk comenzaron a llamarse a sí mismos “Tehuelches”. Los Tehuelches tenían, además, diferentes variaciones de su lengua y diferentes nombres para diferentes comunidades.
También podemos notar en la zona cordillerana. nombres mucho más antiguos, como Esquel, que proviene de la lengua tehuelche (lengua de los aonikenk) que significa “abrojal”, además de otras acepciones. También, el nombre “Chubut” deriva del “Chupat”, terminología tehuelche con la que bautizaron los originarios al río Chubut en tiempos antiguos.
Los pueblos originarios no le ponían nombre a todo, o a cada cerro, río o lago. Muchos nombres son modernos y no necesariamente fueron bautizados así por pueblos originarios.
Un caso icónico es el “Río Grande” de Trevelin que fue rebautizado en tiempos modernos como “Futaleufú”; o el embalse “Amutui Quimey” en el complejo hidroeléctrico cercano a Trevelin, que se creó en la década del 70 y lleva nombre en mapudungún.

Mito 4: los mapuches no son argentinos.
Hay mapuches argentinos y hay mapuches chilenos, dependiendo del lugar donde hayan nacido y gozan de los derechos y obligaciones que les dan las respectivas leyes de cada país.
El problema está en la definición de “pueblo originario” o “no originario” y esa es una discusión que no tiene una verdad absoluta y tiene muchos interrogantes, con muchas cuestiones a favor y en contra de ambas posturas. Y esa falta de definición colisiona con el derecho a poseer la tierra de “ocupación ancestral”, que es el tema en auge en los últimos tiempos y sobre todo, a la demostración de que si hubo o no poblaciones en las tierras específicas que se reclaman previamente a la creación del país. Hay bibliografía que apoya a una u otra teoría.
En los escritos históricos de galeses, gobernadores, viejos habitantes, exploradores, y del ejército no se menciona el término “mapuche” en ninguno de ellos para mencionar a los originarios. Si, términos como tehuelches, pampas, pehuenches, etc. Con descripciones muy amplias sobre sus idiomas, costumbres y fisonomía.
El término “mapuche” en Argentina, se comenzó a utilizar en el siglo XX para denominar a las poblaciones de indígenas de la Patagonia, sin importar si eran de origen araucano o tehuelche. Sin embargo, varios descendientes de tehuelches no se sentían identificados con ese nombre y de allí nació el término de comunidades “mapuche-Techuelches”.
El éxodo de araucanos hacia el sur de la Patagonia se originó finalizando la década de 1880, cuando la campaña del desierto obligó a varias familias mapuches a mudarse lentamente en busca de tierras seguras.
Había clarísimas diferencias físicas y sociales entre tehuelches y mapuches. Mientras que los tehuelches eran muy altos, corpulentos, de tes clara y nómadas (Descripción de magallanes en 1520), los araucanos eran de estatura baja, contextura normal, tes más oscura y vivían en asentamientos.
Mito 5: Todos los araucanos formaban malones.
No. Como todo pueblo, había gente que sabía y quería convivir en paz y gente que no. Eso es inherente a la raza humana, independientemente de la etnia. Sí es verdad que había grandes malones de los llamados araucanos que cruzaban la cordillera para robar ganado, secuestrar y violar mujeres, raptar niños y hacer estragos. En sus andanzas han llegado incluso hasta la costa atlántica, generando terror en poblaciones nativas, en poblaciones criollas y mestizas.
Pero poner a todos en una misma bolsa es un hecho totalmente injusto. Hubo quienes supieron convivir perfectamente en paz con los pueblos nativos.
Mito 6: La campaña del desierto eran militares contra tribus indefensas
La campaña del desierto sigue siendo muy cuestionada por la gran matanza que ello significó. Toda matanza humana genera el más amplio repudio, tal como sucede con cualquier guerra hoy en día. El gran error que se comete es analizar la historia con la concepciones y formas de la vida moderna. La campaña del desierto fue una guerra entre el ejército argentino, conformado mayormente por soldados de pueblos originarios diversos, cansados de los saqueos de los malones, contra los malones de araucanos que eran un peligro real contra las poblaciones nativas y contra el desarrollo del país. El ejército argentino estaba en inferioridad de condiciones por ser mucho menor en número y no todos conocían la geografía en la que enfrentarían a los araucanos. Los araucanos, que ya llevaban bastante tiempo ejerciendo el comercio, también estaban armados, con armas provenientes del comercio que efectuaban del lado Chileno y que eran comerciadas con aquel gobierno en transacciones realizadas principalmente con los barcos ingleses. Como en todo enfrentamiento, también pagaron justos por pecadores. También, lo que no se cuenta, es que el general Roca estableció acuerdos de paz y territoriales con la mayoría de los pueblos originarios.

Mito 7: La Argentina le quitó derechos a los originarios
Totalmente falso. A partir de la sanción de la primera Constitución Nacional en 1853 se estableció la igualdad de derechos, por lo que la Argentina les brindó una igualdad que nunca habían tenido. El Reino de España anteriormente los trataba como seres inferiores. Lo que sí es verdad, es que muchos gobernantes no respetaron la constitución. Por ello, las acciones discriminatorias son particulares, pero no representativas del país. En 1994 la constitución nacional les otorgó el derecho a la propiedad de la tierra a las comunidades que las habitan desde tiempos remotos; es decir, les dio la propiedad sobre tierras que siglos atrás se las había arrebatado a sus ancestros el Reino de España. Ello, por supuesto, es válido para los territorios ocupados ancestralmente, no para cualquier terreno en cualquier lugar donde no existieron asentamientos. La densidad poblacional en la Patagonia era incalculable por la poca cantidad de habitantes.

Mito 8: La Argentina le robó tierras a los originarios.
Es imposible que la Argentina le haya robado tierras a los originarios, porque la tierra se la había apropiado varios siglos atrás el Reino de España. España fue la que se adueñó de las tierras y creó en su parte del territorio sudamericano el Virreinato del Perú, y más tarde subdividió una gran superficie en el Virreinato del Río de La Plata y el Reino de Chile. Cabe señalar que el reino de Chile ocupaba una franja muy pequeña del oeste cordillerano y no se extendía tanto al sur. El Territorio del Virreinato del Río de la Plata llegaba hasta el Océano Pacífico, al sur. Hoy vemos mapas falsos del reino de chile que ocupaba toda la Patagonia, pero jamás fue de esa manera. Lo que sí existieron fueron diferentes gobiernos que maltrataban a los indígenas; el caso más reciente fue el de las etnias Qom en el norte argentino y el kirchnerismo.

Mito 9: La escritura de las lenguas indígenas.
Ningún pueblo nativo de la Patagonia había desarrollado la escritura. Ninguna lengua era escrita, por lo que escribir en cualquier idioma nativo, no es más que una mezcla de idiomas y adaptaciones para escribir lo que no tiene escritura.
Los pueblos nativos fueron adoptando la forma de escritura y los sonidos (fonemas) de las letras del idioma español. Podrían haber adaptado formas totalmente distintas, como formas propias inventadas por ellos, o formas totalmente distintas como las escrituras árabes o chinas, pero como lo que ya tenían incorporado era el español, algunos integrantes inventaron una escritura en base a este idioma. Muchas veces se enseña a los niños la escritura de algún idioma nativo sin hacerles notar que es simplemente una adaptación, y esa falta de información hace creer, generación tras generación que esos idiomas se escribían.
Mito 10: El telar originario.
En toda américa, en general, no existía el telar mecánico como muchas veces se lo ve manejado por personas de pueblos originarios. Lo que existía en américa precolombina eran los “telares de cintura” o “telares de piso”, que eran herramientas extremadamente simples, sin piezas mecánicas como pedales, ruedas o poleas.
Los telares que muchas veces se exhiben como originarios son nada menos que diseños similares a los traídos por los europeos, especialmente los utilizados por los jesuitas, que enseñaban el arte de tejer a infinidades de comunidades nativas.
Los telares originales de américa se los atribuye a la cultura inca y a la vez, hay quienes sostienen que vienen de los primeros habitantes americanos provenientes de Asia.
De hecho, las ropas y ornamentos de algunas culturas de Sudamérica son netamente heredadas de pueblos incas.

Mito 11: La música originaria.
El concepto americano precolombino de “música” no tiene absolutamente nada que ver con la concepción de música europea o asiática. La música de los pueblos originarios consistía en sonidos sin altura definida, ruidos, y en algunos casos, acompañamientos rítmicos con golpes sin un tiempo definido. Muchas veces se comercializa como “música originaria” a canciones hechas con melodías, armonías, ritmos e instrumentos que no existían en las culturas originarias. La música traída de Europa tenía notas musicales; todas las notas están relacionadas matemáticamente entre sí y responden a normas armónicas muy complejas. Resulta contradictorio escuchar muchas veces letras de canciones que agreden a los europeos, pero se interpretan con todo un vocabulario musical proveniente de ese continente.

Mito 12: El caballo como símbolo ancestral
Si observamos las banderas que identifican a los pueblos indígenas de la Patagonia, utilizan el color blanco, que, entre otras cosas, representa lo sagrado que era el caballo para ellos. En primer término, cabe señalar que las banderas son símbolos modernos en américa, ya que antes no existían. En segundo término, notamos una enorme confusión de los propios descendientes indígenas en su historia y la reescritura de de ésta en función de mitos, ya que el caballo fue introducido en américa por los europeos, por lo tanto, mal puede considerárselo un animal ancestral de américa.
Mito 13: Comidas típicas
Al igual que con el caballo, vemos el uso de corderos y otros animales introducidos por los europeos como si fuesen animales de convivencia ancestral. Así se ofrecen “platos típicos de la cocina ancestral”, cuando en realidad es imposible que lo hayan sido. Es, sin duda, una herramienta interesante para atraer turismo, pero hay una falta a la verdad en el ofrecimiento. Este tipo de confusiones no son intencionales. Simplemente, ante el total desconocimiento de las verdaderas costumbres y tradiciones, las nuevas generaciones de descendientes de los originarios empezaron a creer en esos mitos y los tomaron como ciertos y están absolutamente convencidos de ello.
Mito 14: Las “Cosmovisiones”
Hoy en día vemos a muchas personas hablar de “cosmovisiones” de pueblos originarios, como fuentes de sabiduría suprema. Toda comunidad humana tiene creencias o percepciones sobre la existencia del ser humano y del mundo. Eso no las hace mejores ni peores, simplemente son parte de la diversidad cultural del mundo. En la última década hubo posicionamientos extremistas sobre estas cuestiones, más basadas en películas de Hollywood que en la realidad. En general, las comunidades que desarrollaron una cultura mucho más existencialista fueron los Incas, los Mayas y los Aztecas y éstas sirvieron de “modelo” para otras comunidades que estuvieron en contacto directo o indirecto.
Mito 15: La medicina originaria.
Mucha gente cree en un supuesto conocimiento superior de la medicina por parte de los pueblos originarios; incluso dándole más importancia que a la medicina tradicional. La verdad es que lo que hoy “se vende” como medicina “ancestral” no es más que una mezcla de conocimientos modernos de propiedades medicinales de algunas especies patagónicas, mezcladas con las fantasías de una supuesta “medicina ancestral”.
Los pueblos originarios tenían una dieta mucho más limitada que la que tenemos hoy en día. Como su contacto -previo a la llegada de Colón- con la naturaleza era íntimo y reiterativo, era lógico que supieran, a prueba y error, qué les causaba cada hierba que probaban. Sin embargo, esas hierbas eran efectivas ante las características propias de su cuerpo en virtud de su dieta. Dicho de otro modo, una hierba efectiva para el malestar por la ingesta de carne de guanaco, no es igualmente efectiva para una hamburguesa de Mc Donald’s llena de mayonesa y conservantes. El llao llao les resultaba dulce en su entorno, pero para nosotros es insulso.
Los pueblos originarios tampoco tenían ni la más remota idea de las funciones de cada uno de los órganos del cuerpo humano. Es por ello, que cuando vemos a algunas personas que se autodefinen como “curanderos originarios” recetando tal o cual yuyo para tal órgano, no es más que una falacia inventada de tiempos modernos. Como no existía la escritura de sus idiomas, los conocimientos se pasaban de forma oral exclusivamente y se fueron distorsionando en teléfonos descompuestos por siglos a los que les incluyeron datos y diagnósticos de la medicina moderna.
Mito 16: Leyendas milenarias.
Cuando se habla de leyendas milenarias, lo primero es que hay que saber es cuán milenarias supuestamente son las leyendas. Se estima que la zona cordillerana de Chubut tuvo sus primeros ocupantes hace 3000 años aproximadamente. Sin embargo, si bien se supone que son los antecesores de los Tehuelches, no hay evidencia certera al respecto. Las poblaciones han cambiado desde siempre y lo siguen haciendo. Por eso, el término “milenario” es un término a poner en duda cuando se lo utiliza.
En estas supuestas leyendas milenarias encontramos como protagonistas a caballos, cabras y ovejas… es decir, animales introducidos en América por los europeos. También, en varias de esas historias encontramos acciones propias del mundo moderno, lo cual no corresponden con relatos milenarios. Es interesante también leer libros de supuestas leyendas milenarias que no son más que adaptaciones o mezclas de cuentos clásicos con otros protagonistas. Allí encontramos historias como las de Hansel y Gretel, Caperucita, El Patito feo, etc. Todas con otros nombres o mezclando partes de cada cuento para formar otros.
Esto no quita lo interesante y bello de muchas leyendas. Simplemente hay que saber discernir entre los verdaderos orígenes de estas historias que eran narradas y modificadas con el paso del tiempo, ya que no existía la escritura.
Mito 17: Los pueblos originarios convivían en paz
Del lado este de la cordillera, en general, las diferentes etnias supieron convivir en paz, independientemente de conflictos que pudieran surgir. Pero el ingreso de malones araucanos produjo genocidios terribles en los pueblos del este, especialmente en los tehuelches, a los que prácticamente exterminaron, secuestraron a sus mujeres, se apoderaron de sus hijos y esclavizaron a varios sobrevivientes. Un caso icónico de estas masacres fue la batalla de Languiñeo, donde fue brutal la matanza de tehuelches al ser rodeados y tomados por sorpresa cobardemente. El cacique araucano Chocory tomó como trofeo a una mujer tehuelche, y fruto de ese secuestro y violación nació el conocido cacique Sayhueque. Así como esa enorme matanza, hubo una enorme cantidad registrada en distintos documentos históricos y en relatos de tehuelches sobrevivientes. Es por ello que muchos Tehuelches y Pampas se unieron a las filas del ejército argentino de Roca, para pelear contra los malones araucanos. Languiñeo es un departamento de Chubut, justamente donde se libró esa batalla. El significado de Languineo es “La tierra de los muertos” en referencia a la matanza de Tehuelches.

Mito 18: El desalojo del 37 robó tierras ancestrales
El desalojo del 37 fue un hecho muy lamentable e injustificable, pero no se trataba de tierras ancestrales. La comunidad que vivía allí no era originaria, sino que se estableció cerca de 1901, cuando ya las tierras estaban medianamente mesuradas, los galeses y otros habitantes ya estaban establecidos en la zona. Esas comunidades llegaron del norte de la Patagonia tras la campaña del desierto. El desalojo fue un hecho repudiable y triste, pero la historia es como es y no se puede cambiar. Según lo que se deduce de documentos históricos del IAC, el asentamiento en la comunidad Nahuelpan se inició en 1901 con la llegada del cacique homónimo. Eran tiempos en los que Argentina y Chile estaban en disputa de las tierras, cuyos límites se definieron en 1902. Había dudas en el gobierno argentino de esa época sobre si originalmente ese asentamiento había sido o no programado por el gobierno de Chile para reclamar el territorio y eso habría sido –teléfono descompuesto mediante– lo que habría puesto en marcha el cruel desalojo.
Mito 19: Los pueblos originarios son discriminados
No, en absoluto. De hecho, son muy respetados. Siempre existe en toda sociedad un grupo diminuto de personas irrespetuosas que actúa discriminatoriamente, pero no se puede decir de ninguna manera que exista una discriminación certera instalada en la sociedad. Prueba de ello, en las oficinas públicas hay una enorme cantidad de personas descendientes de pueblos originarios y muchos de ellos ocupan o han ocupado cargos jerárquicos y electivos en todos los poderes del estado.
Mito 20: No hace falta seguir las costumbres para ser originario
Algunas personas manifiestan que el cambio radical de costumbres no los hace menos originarios. Allí tenemos que separar dos aspectos; el cultural y el biológico. Obviamente que desde lo biológico siempre seguirán teniendo la misma ascendencia. Pero en cuanto a derechos, la ley protege a los pueblos originarios para preservar su cultura. Si la cultura no se preserva, entonces no se cumple con la finalidad de la ley. Y la preservación de la cultura pasa pura y exclusivamente por la voluntad de esa comunidad en querer que se mantenga. Una vez perdida, no hay marcha atrás, más que sería un simulacro de lo que alguna vez fue.






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