González Salinas Tapa

Hoy en Nuestros Vecinos: Osvaldo González Salinas; contador y abogado con compromiso comunitario.

“Nuestros vecinos” rescata la historia, el trabajo y los valores de personas que dejaron huellas en la comunidad. Un homenaje a quienes, con esfuerzo silencioso y compromiso cotidiano, ayudaron a moldear la identidad de Esquel

Osvaldo González Salinas: contador y abogado con compromiso comunitario.

En los años 70, cuando todavía era muy joven, Osvaldo González Salinas descubrió en el campamento y en la Patagonia una pasión que lo marcaría para siempre: la montaña. Ese sur que conoció entonces, a fuerza de carpa, mochila y amistad, terminó convirtiéndose en parte de su vida.

Se recibió de contador en Buenos Aires a los 21 años y, tras cumplir con el servicio militar, decidió emprender un viaje que terminaría definiendo su destino. Junto a dos amigos y al volante de un Citroën 2CV modelo 69 —al que aún recuerda con nostalgia— salió como una especie de mochilero con auto, con la idea de recorrer desde Neuquén hacia el sur en busca de trabajo. Fue así como llegó a Esquel, alentado también por la presencia de un pariente lejano. Allí encontró no solo oportunidades laborales, sino también “su” lugar en el mundo, como él mismo lo destaca insistentemente.

“Hablé con la Directora de la Escuela Normal y estaba libre el puesto de Delegado Administrativo, así que ocupé ese lugar”, recuerda. La anécdota la completa con una frase que todavía lo hace sonreír: “Ud. va a durar poco en este puesto”, le dijo la Directora, aludiendo al título universitario que traía bajo el brazo. Y, en efecto, apenas veinte días después apareció un aviso en el Diario Esquel —“el primer y único aviso de ese tipo que vi”— solicitando un contador para la Casa Lahusen. Ese fue el primer paso de una carrera que combinaría su conocimiento profesional con su amor por el lugar que eligió como hogar.

—¿Por qué elegiste ser contador? —le pregunté.

“Dos fueron las razones —contestó—. Me gustaba, me sigue gustando y me apasionan las matemáticas”. Además, recordó que en la primaria una noticia familiar lo había marcado: el primer graduado de su familia había sido contador, un hecho que quedó grabado en su inconsciente y que seguramente influyó en su decisión.

Su paso por Casa Lahusen —que duró un año y medio— fue apenas el inicio de una trayectoria que lo ligaría a Esquel y a la comunidad por el resto de su vida. Luego se desempeñó como Director de la Administración de Zona Sanitaria (hoy Área Programática), donde tuvo la oportunidad de combinar sus conocimientos profesionales con su vocación de servicio. Fue en ese período que conoció a Adela, con quien se casó, y juntos se mudaron a Neuquén. Allí ingresó a la Cooperativa Eléctrica de Neuquén, una de las tres más grandes del país, donde lo contrataron para diseñar todo el sistema administrativo y donde aprendió mucho sobre cooperativismo.

Sin embargo, el clima social y materialista de la ciudad de Neuquén lo llevó a decidir regresar a Esquel. Justo en esa época se desmembraron Obras Sanitarias de la Nación y Agua y Energía Eléctrica, y Osvaldo aprovechó sus conocimientos para proponer al entonces intendente Baenas la creación de una cooperativa. La idea cundió enseguida: la primera asamblea se realizó en la Escuela Normal, con más de 100 personas presentes, y allí nació la “Cooperativa de Servicios Públicos Esquel Ltda.”. Aunque Osvaldo trató de disimularlo, fue él quien redactó y tipeó el estatuto con su máquina Remington. Sin embargo, ya existía en Trevelin la “Cooperativa de Luz y Fuerza Trevelin”, creada por los chacareros para abastecer al sector rural, y Agua y Energía Eléctrica indicó que no se podía abastecer separadamente a ambas ciudades. Por ese motivo, la cooperativa de Esquel se dejó sin efecto y, tomando como base la de Trevelin —la más antigua—, se reformó el estatuto. Finalmente, se le dio el nombre de “Coop. 16 de Octubre Ltda.”, en homenaje al valle que unía ambos pueblos. Sus primeras autoridades fueron Guillermo Difiori como Presidente, Elías Owen como Vicepresidente, él como Secretario y Carlos Malizia como tesorero.

Osvaldo fue el segundo contador de Esquel, luego de Héctor Garzonio. Para quienes no lo conocen, puede parecer una persona rara, pero rara en el mejor sentido: siempre está estudiando, aprendiendo, buscando nuevos desafíos. Cuando lo visité para esta entrevista, inclusive, lo encontré estudiando alemán por internet. Al preguntarle por qué aprendía ese idioma, me respondió simplemente: “porque es difícil”. Esa frase refleja su esencia: los retos lo motivan, y lo fácil lo aburre. Algo muy difícil de entender en estos tiempos donde lo superficial se ha vuelto moneda corriente.

Nos cuenta que en la carrera de contador también se quedó apasionado por las materias de derecho, y por eso, cuando se abrió la carrera de abogacía en Esquel, enseguida se inscribió, recibiéndose en la primera camada. Su curiosidad y amor por el aprendizaje lo llevaron a combinar dos disciplinas, contabilidad y derecho, que convirtieron su carrera profesional en un ejemplo de rigor, compromiso y vocación.

—¿Qué preferís? ¿Contador o abogado? —le inquerí.

La respuesta, confieso, me sorprendió.

“Contador —dijo sin dudar—. Porque una profesión marca a una persona, te da la forma de ver el mundo. Y el contador tiene una visión más amplia que la del abogado”.

Confieso que me sorprendió porque esperaba una respuesta más vinculada al derecho. Pero enseguida entendí que, para Osvaldo, su elección estaba fuera de duda: eligió contador porque le permite enfrentar problemas complejos con orden y lógica, y porque disfruta del desafío de encontrar soluciones precisas en situaciones difíciles, algo que define su manera de vivir y pensar.

Pero la vida de Osvaldo no se queda en libros y balances. También tuvo una destacada actuación política. En la apertura democrática de 1982, de cara a las elecciones de 1983, fundó el Partido Intransigente en Esquel, siendo candidato a primer concejal y, posteriormente, presidente de ese partido en la provincia. Más tarde, en 2004, la ciudadanía lo eligió como convencional constituyente, una tarea que él recuerda como “apasionante porque era sentar las bases de convivencia de los vecinos”. Además, fue concejal en dos ocasiones por el Frente Vecinal.

Paralelamente, Osvaldo cultivó su faceta académica y cultural. Fue profesor universitario en la Facultad de Ciencias Jurídicas y en la Facultad de Ciencias Económicas, transmitiendo su pasión por el derecho y la contabilidad a generaciones de estudiantes. También hizo teatro, que él define como “una manera de comunicar lo que uno siente, como la música o la pintura”. Y fiel a su primer amor (con perdón de Adela), la montaña, participó activamente en el movimiento “No a la Mina”, defendiendo la ciudad de Esquel de la contaminación ambiental y social, demostrando que su compromiso con la comunidad y el entorno natural siempre fue profundo y constante.

No pude con mi genio y le pregunté lo que siempre le pregunto a los contadores: “En la vida: ¿dos más dos es cuatro?”. Su respuesta fue rotunda: “No”. Para él, el resultado depende de los innumerables puntos de vista de cada persona. Y en esa frase, más que un juego con los números, se refleja su filosofía de vida: la realidad no es absoluta, cada situación puede interpretarse desde múltiples perspectivas, y la riqueza de la experiencia humana está en reconocer esas diferencias. Así, Osvaldo nos recuerda que aprender, cuestionar y considerar distintos enfoques no es solo una actitud profesional, sino también un modo de vivir más consciente, empático y abierto.

—¿Y cómo ves Esquel en la actualidad? —lo interrogué.
—Mal —contestó sin titubear—. Cambió el Esquel tradicional. Se perdió la tranquilidad, la solidaridad entre vecinos. Es muy distinto al Esquel que conocí. Se está convirtiendo en un ambiente de ciudad. Y la primera perjudicada de eso es la sociedad.

Con esta mirada, Osvaldo no solo nos habla de la transformación de un lugar, sino también de su sensibilidad hacia la vida comunitaria, de su apego a los valores de convivencia y cuidado mutuo, y de cómo todo cambio debe evaluarse desde la perspectiva del bienestar de las personas.

Claro, no podía ser de otra manera. Porque, como vimos, siempre le gustó el campamento, y desde que descubrió la Patagonia hasta convertirse en profesional, docente, político y defensor de su comunidad, Osvaldo González Salinas ha vivido guiado por un principio simple pero profundo del scoutismo: “Cuando uno acampa tiene que dejar el lugar como lo encontró y, si es posible, un poco mejor”.

Así piensa Osvaldo de la vida también: siempre buscando ayudar, aprender y enseñar. Muchos de nosotros hemos sido testigos de ello.-

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