La Jaula de las locas

Hoy en El Palacio de La Risa: «La Jaula de Las Locas» Imperdible…

LA JAULA DE LAS LOCAS

*Por Juan Bautista Alberdinangus

Hola, hola!!! ¿Cómo están? Espero que bien, o al menos intentando surfear la ola de noticias que no da respiro.

Este último tiempo no hemos tenido tiempo libre, es verdad, porque todo lo que ha ocurrido ha sido tan intenso que parece que estuviéramos viviendo en un noticiero permanente.

¿No me cree?. Aquí se lo demuestro

Estamos rodeados!!!!

“¡Tenemos la manzana rodeada!!” gritaba una vecina ofuscada, como si de repente estuviéramos en medio de un thriller urbano.

Y, en efecto, los sucesos dan para película: un emperador al que le anularon una sentencia por usar… atención… inteligencia artificial (y dejando rastros!!!!); El Emperador (sí, El Emperador) enviado a jury por actos irregulares y un poco turbios —uno se pregunta si eso incluye robarse el botellón de agua de la oficina, lo que no nos consta—; y el Asesor de Familia, protagonista involuntario de la saga, acusado de tener problemillas con su personal… como diría Ned Flanders, ese excéntrico personaje de Los Simpson, siempre atrapado en su propio caos perfectamente ordenado.

Todo esto podría llamarse “La Jaula de las Locas”, aunque no por la película: aquí la locura no solo manda, sino que dirige el desfile con banda, coreografía propia y transmisión en vivo. Lo curioso —o lo trágico, según el ánimo del día— es que el espectáculo no se limita a este caso: en El Palacio de la Risa cada semana hay una nueva función. Emperadores improvisando, funcionarios enredados en sus propios papeles, y una ciudadanía mirando desde la platea cómo el guión de la seriedad se derrite frente a las luces del absurdo.

La similitud con el conocido film se circunscribiría a los límites de la oficina y de la mansión de un emperador, que cuya rutina de años, no distaría mucho de aquellas escenas, o sería algo así como la versión pueblerina del famoso Spartacus que visitaba un famoso emperador foráneo.

El Emperador Informático

Mucho revuelo habría causado la detección, por parte de la Cámara Penal, de que un emperador habría utilizado inteligencia artificial para redactar una sentencia. Pero más asombroso aún habría sido lo que vino después: su respuesta en redes sociales. En lugar de llamarse a silencio o, al menos, mostrar un poco de prudencia, el magistrado habría decidido iluminar al mundo. Según trascendió, habría tildado a los camaristas —sus superiores— de “iluminados” que “no tendrían ni idea” y “no sabrían controlar si un texto fue creado por IA”.

Sí, leyó bien: el emperador que habría usado inteligencia artificial sin control ahora estaría dando clases públicas sobre cómo detectarla. Todo un pionero del autoengaño digital.

Se trataría de un emperador muy cuestionado, que creería saberlo todo, pero —según se murmura en los pasillos— no sabría nada y que apenas habría pasado el examen para ser nombrado en sus funciones. Lo suyo sería pura pose tecnológica: mucho tecnicismo y poco contenido. Y —nos habría contado un pajarito— de cada tres resoluciones que dictaría en audiencias, cuatro estarían mal. Un récord que probaría que verdaderamente no recurre a la IA, o que ésta le da más bola al color de sus corbatas que a la redacción de sus fallos…

Y, claro, el hombre no se quedaría atrás: además de juez, sería emprendedor digital. En sus redes vendería un curso propio —su “método secreto”, como lo llamaría él— bautizado con un nombre que suena a latín de boutique. Por la módica suma de $297.000 con Mercado Pago o transferencia —o 197 dólares estadounidenses, como usted prefiera— prometería que quien lo compre nunca más sería superado por un fiscal: encontraría “fallas estructurales” en cualquier acusación, ganaría los casos con pura estrategia y, milagro, vería resultados en cuatro semanas.

Todo un combo: autoridad judicial de día, gurú de la defensa online de noche, y operador de cambio por si el comprador prefiere pagar con moneda extranjera. Eso sí, vendría con garantía: no le devolverían el dinero, pero sí la esperanza. Y, por supuesto, habría testimonios, capturas milagrosas y una promo limitada con “cupos reducidos” —porque nada inspira más confianza que la escasez artificial y un precio que suena a diploma de élite.

¿Eso no es ejercer el comercio?, le pregunté a un emperador…

Sí, lo es…. me contestó, con resignación y encogiéndose de hombros.

Y bue… al fin y a cabo estamos en El Palacio de la Risa, donde todo es posible, así que no hay nada para sorprenderse.

Fallos raros

Y ya que hablamos de inteligencia artificial, vale decir que las máquinas también habrían empezado a notar cosas raras. Muy raras. En sus lecturas informáticas, la IA habría detectado patrones que harían sonrojar hasta al más distraído.

Por ejemplo, se habrían encontrado fallos en los que, para otorgar amparos a personas amigas (o a las que se le debería algún favor), se habrían citado decretos derogados —sí, derogados, de esos que ya no existen ni en la nube ni en los recuerdos del Boletín Oficial—. Pero lo más llamativo sería otro hallazgo: en una causa de primera instancia, se habrían regulado —para dar solo un ejemplo— honorarios por $822.373.496,88 (sí, leyó bien: ochocientos veintidós millones, trescientos setenta y tres mil cuatrocientos noventa y seis pesos con ochenta y ocho centavos).

Eso sí: la Cámara, con algo más de cordura o menos entusiasmo, los habría reducido a $122.181.205,25. Es decir, una rebaja del… bueno, mejor no calcularlo, porque los números podrían ofender a la lógica.

Lo cierto es que, entre decretos fantasmas y sumas que harían palidecer a un presupuesto municipal, los algoritmos ya no saben si están procesando jurisprudencia o leyendo ciencia ficción.

El final de El Emperador

Y como toda historia tiene su cierre —aunque en este país nunca se sabe—, el final de El Emperador no podía ser distinto: mezcla de sainete, ego herido y caída libre con efectos especiales.

Nos habrían avisado que ya se estarían vendiendo las plateas para ver el momento en que salga con sus bártulos. Las de la Avenida Alvear, justo frente al Palacio, serían las más caras: ubicación privilegiada para presenciar en vivo el ocaso de quien se creyó infalible y habría corrompido la justicia de esta aldea.

Dicen que hasta habría lista de espera, porque nadie querría perderse el último acto del show. El emperador, rodeado de papeles, selfies y frases motivacionales, bajando las escalinatas mientras la realidad —esa vieja enemiga— lo devuelve al llano…

Claro que siempre existe la posibilidad de un giro de guion: que el telón no caiga en la vereda, sino en una celda. Porque en esta tragicomedia local, nunca se sabe si el final será con ovación o con prisión preventiva.

Y así, entre aplausos discretos y sonrisas contenidas, se apagaría la pantalla del autoproclamado genio judicial. Fin del espectáculo. O, como suele pasar por acá, continuará.

Hasta la próxima!!! (si todavía estamos).-

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Una respuesta a «Hoy en El Palacio de La Risa: «La Jaula de Las Locas» Imperdible…»

  1. Avatar de Carlos Beovidez
    Carlos Beovidez

    SERÁ EL RESULTADO DE LAS «DÉCADAS GANADAS»???

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