Las últimas 48 horas en el conflicto con Irán han marcado una escalada significativa con ataques de ambos lados, mientras las potencias mundiales definen sus posiciones y el mercado petrolero se sacude. La guerra, que ya cumple su octavo día, ha transformado el tablero geopolítico de Medio Oriente con implicaciones globales.
Estados Unidos e Israel continúan su ofensiva militar contra Irán con un saldo devastador. El Comando Central de EE.UU. reporta haber destruido más de 3.000 objetivos en territorio iraní y 43 buques de guerra desde el 28 de febrero. Por su parte, Israel confirmó que ha realizado 3.400 ataques contra Irán desde el inicio del conflicto, incluyendo dos importantes centros de producción de misiles balísticos en las áreas de Parchin y Shahrud, además de una «amplia ola de ataques» contra infraestructura gubernamental en Teherán.
Irán ha respondido con contundencia. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica lanzó ataques con misiles contra la base militar estadounidense en Juffair (Bahrein) y contra una refinería en Haifa, Israel. Las defensas aéreas de Bahrein han interceptado 86 misiles y 148 drones desde el inicio de los ataques. Emiratos Árabes Unidos también sufrió bajas: tres trabajadores extranjeros de Pakistán, Nepal y Bangladesh murieron, y 112 residentes resultaron heridos.
El presidente Donald Trump ha sido claro en su postura: «Hoy Irán será golpeado muy duro», escribió en Truth Social. En declaraciones previas al New York Times, Trump aseguró que EE.UU. e Israel pueden mantener el nivel de ataques durante cuatro o cinco semanas: «No será difícil. Tenemos cantidades tremendas de municiones».
La tensión diplomática entre Washington y Londres ha escalado inesperadamente. Trump rechazó públicamente la oferta británica de enviar dos portaaviones a Medio Oriente, calificando la ayuda como tardía. «El Reino Unido, nuestro gran aliado que alguna vez fue, tal vez el más grande de todos, finalmente está pensando seriamente en enviar dos portaaviones a Medio Oriente. Está bien, Primer Ministro Starmer, ya no los necesitamos, pero lo recordaremos. No necesitamos personas que se unan a guerras después de que ya hayamos ganado», publicó Trump.
El conflicto tuvo su origen en el primer ataque que mató al líder supremo iraní, Ayatolá Alí Khamenei, el 28 de febrero. Desde entonces, la violencia se ha extendido por toda la región. Líbano reporta 294 muertos y más de 1.000 heridos por ataques israelíes desde el lunes, mientras que unas 454.000 personas han sido desplazadas. Hezbolá ha respondido lanzando unos 100 cohetes y drones hacia Israel.
Las implicaciones económicas son profundas. Kuwait Petroleum Corporation anunció un recorte preventivo en la producción y refinación de crudo. Saudi Aramco está redirigiendo envíos de petróleo al puerto de Yanbu para garantizar la continuidad de los suministros. El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, ha visto paralizado el tráfico de buques estadounidenses, israelíes y europeos, según advirtió el IRGC. Esta disrupción beneficia a otros productores como Rusia, que podría aumentar su participación en el mercado energético asiático, y a Estados Unidos, que busca posicionarse como proveedor alternativo para Europa.
China enfrenta un dilema estratégico. Como principal importador de petróleo iraní y socio comercial de Teherán, la interrupción de los flujos energéticos golpea su economía. Pekín mantiene un delicado equilibrio: condena la escalada pero evita romper con Irán, mientras observa cómo Estados Unidos expande su presencia militar en su periferia estratégica. Rusia, por su parte, ha visto al secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, restar importancia a cualquier posible apoyo ruso a Irán, afirmando que «nadie nos está poniendo en peligro». Sin embargo, Moscú podría capitalizar el caos energético fortaleciendo sus lazos con los países del Golfo y aumentando sus exportaciones de hidrocarburos.
Europa ha respondido con cautela. Italia planea enviar ayuda de defensa aérea a los países del Golfo, según anunció la primera ministra Giorgia Meloni. Francia, Alemania y República Checa han comenzado a organizar vuelos de evacuación de sus ciudadanos. Sin embargo, España ha emergido como una voz crítica. El gobierno español se negó inicialmente a permitir que fuerzas estadounidenses utilizaran bases en su territorio para operaciones contra Irán, lo que provocó amenazas de represalias económicas por parte de Trump. Esta postura refleja las divisiones internas en Europa sobre el conflicto.
El primer ministro británico, Keir Starmer, defendió su decisión de no autorizar operaciones ofensivas desde territorio del Reino Unido durante la fase inicial, argumentando que debe equilibrar los compromisos de la alianza con las obligaciones legales y los intereses nacionales. Starmer también expresó su preocupación por las implicaciones más amplias de la campaña militar, afirmando que el Reino Unido no apoya «el cambio de régimen desde los cielos». Trump comparó desfavorablemente a Starmer con Winston Churchill, sugiriendo que el liderazgo británico actual carece de la decisión de alianzas pasadas.
En el ámbito doméstico estadounidense, los republicanos en el Senado bloquearon una resolución que buscaba detener la campaña aérea y requerir que la acción militar fuera autorizada por el Congreso, dejando el poder del presidente Trump para dirigir la guerra prácticamente sin límites. La votación fue 53 a 47, mayoritariamente en línea partidaria.
Mientras tanto, la sucesión del líder supremo iraní permanece incierta. Los planes para el funeral de Khamenei fueron pospuestos indefinidamente. Mojtaba Khamenei, hijo del líder asesinado, emerge como posible sucesor, aunque no se encontraba en Teherán cuando mataron a su padre. La Asamblea de Expertos anunciará pronto su decisión, solo la segunda vez que lo hace desde la fundación de la República Islámica en 1979.
Las evacuaciones de ciudadanos extranjeros se intensifican. Más de 17.500 ciudadanos estadounidenses han regresado a su país desde Medio Oriente desde el 28 de febrero. Canadá está trasladando en autobús a sus nacionales en Israel hacia la frontera con Egipto. El aeropuerto internacional de Ben Gurion en Israel reabre gradualmente para vuelos de entrada.
La guerra con Irán ha entrado en una fase de expansión regional con consecuencias globales. Los ataques recíprocos, el realineamiento de alianzas, la volatilidad del petróleo y la crisis humanitaria dibujan un panorama complejo que redefine Medio Oriente y sus relaciones con las potencias mundiales.





Deja una respuesta