Las asambleas sindicales en aeropuertos vuelven a amenazar con demoras. Una vez más, los gremios utilizan a los pasajeros como rehenes de su extorsión.
La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) anunció que este lunes realizará asambleas en 21 aeropuertos del país en reclamo por aumentos salariales y mejoras laborales para el personal de la ANAC. La medida, que podría generar demoras en vuelos, representa una vez más la utilización de un recurso inadmisible: paralizar servicios esenciales y afectar directamente a la población para presionar al Gobierno.
El argumento gremial sostiene que la falta de respuesta oficial compromete la seguridad aérea, pero lo cierto es que el verdadero riesgo lo generan quienes deciden interrumpir la normalidad de los aeropuertos con medidas de fuerza en pleno horario laboral. Asambleas en el puesto de trabajo no son un derecho adquirido ni figuran en ninguna legislación argentina: son, lisa y llanamente, un abuso.
Los sindicalistas buscan instalar la idea de que el Estado incumple compromisos internacionales y que la falta de personal compromete la seguridad de los vuelos. Sin embargo, su forma de protesta termina provocando lo mismo que denuncian: incertidumbre, tensión y malestar entre los pasajeros, que nada tienen que ver con la puja salarial.
Conviene decirlo sin eufemismos: estas asambleas en horario de trabajo son un mecanismo de extorsión. Los gremios no eligen un ámbito de discusión democrática ni presionan a las autoridades en los espacios formales de negociación, sino que descargan todo el peso de su protesta sobre la sociedad.
La crisis salarial de los trabajadores aeronáuticos merece ser discutida en la mesa paritaria, no en los pasillos de los aeropuertos mientras miles de ciudadanos ven peligrar sus vuelos, sus compromisos laborales o incluso su salud si deben trasladarse de urgencia. Es hora de terminar con la impunidad de estos métodos de presión que nada tienen de derecho y todo de chantaje.
El sindicalismo argentino ha naturalizado el privilegio de interrumpir servicios esenciales como una forma de negociación. Pero en democracia, los derechos no se ejercen a costa de otros derechos. Y mucho menos, a costa de la libertad de movimiento de la gente.





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