Después de 27 años de negociaciones fallidas y gobiernos que optaron por el aislamiento, Argentina comienza a escribir un nuevo capítulo en su historia comercial. Desde este mes, entró en vigencia el histórico acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea, un tratado que el presidente Javier Milei impulsó con decisión y que ya había sido aprobado por el nuevo Congreso en febrero pasado. La medida convierte al país en protagonista del mayor bloque de libre comercio del mundo.
El impacto es inmediato y formidable. La Unión Europea —un mercado de 450 millones de consumidores que genera cerca del 15% del PBI mundial— eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del MERCOSUR, lo que representa unos 61.000 millones de dólares en productos argentinos que podrán ingresar sin trabas. A ese beneficio se suma un acceso preferencial para otro 7,5% de los envíos, equivalente a 4.700 millones de dólares. En total, se trata de la mayor zona de libre comercio jamás creada.
Beneficios para Chubut y otras provincias:
Para las provincias productivas como Chubut, las oportunidades son concretas y diversas. Entre los rubros alcanzados se encuentran la pesca y los mariscos —sectores clave de la costa chubutense—, la carne bovina y aviar, la miel, el azúcar, el arroz, el etanol y biocombustibles, frutas frescas y procesadas, jugos, vino, aceites vegetales, alimentos procesados, lácteos, maní y legumbres. También productos orgánicos certificados, cuero, madera, textiles, indumentaria, calzado, autopartes, vehículos, químicos, plásticos, maquinarias y manufacturas industriales. Y por primera vez con peso vinculante, servicios profesionales como software, ingeniería, arquitectura, diseño y producción audiovisual.
“Todos estos sectores podrán exportar a la UE a precios más competitivos”, resume el texto del acuerdo, y eso significa una inyección de divisas y empleo genuino. Pero el beneficio no termina en el comercio. La Unión Europea es la principal fuente de inversión extranjera directa en Argentina, con un stock cercano a los 75.000 millones de dólares —el 40% del total—. Con el acuerdo vigente, esas inversiones se potenciarán, trayendo tecnología, infraestructura y desarrollo a regiones como el Valle inferior del río Chubut, Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y Trelew.
Durante décadas, el país vivió atrapado en una lógica opuesta. Gobiernos anteriores, anclados en el dogma del proteccionismo, asfixiaron a los productores con regulaciones ridículas e infinitos obstáculos. Llegaron al extremo de demonizar el comercio exterior: en 2022, en pleno gobierno de Alberto Fernández, la entonces vicepresidenta Cristina Kirchner —hoy condenada por corrupción y presa— calificó las importaciones como un “festival” que dejaba al país “sin dólares”. Una frase absurda en una de las economías más cerradas del mundo, que solo profundizó la pobreza, la falta de divisas y el atraso.
Hoy, Argentina entierra ese pasado de irrelevancia y ostracismo. La apertura comercial no es una ideología: es una herramienta comprobada para generar crecimiento, inversiones y empleo. “Cerrados, somos débiles; integrados, somos grandes”, sostiene el gobierno nacional. Y el acuerdo MERCOSUR-UE es la prueba más contundente de que la Argentina volvió a sentarse en la mesa de las grandes decisiones globales, con resultados tangibles para chaque argentino, desde el productor de lana de la meseta hasta el empresario tecnológico de Rawson.






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