PICHETTO PANQUEQUE DEL PJ MARZ 2026

El regreso de Pichetto al peronismo: el panqueque eterno de la política argentina

En el último mes, la política argentina fue testigo de un nuevo movimiento en la carrera del diputado Miguel Ángel Pichetto: su acercamiento y reunión con Cristina Kirchner. Un hecho que, lejos de sorprender, termina de consolidar su historial como el mayor «panqueque» de la escena nacional, un verdadero profesional del oportunismo que ha saltado de bando en bando sin más brújula que su propia conveniencia.

Pocos personajes en la degradada fauna política argentina pueden ostentar un currículum de cinismo y falta de convicciones tan sólido como el de Miguel Ángel Pichetto. El último mes ha sido una nueva cátedra de transfuguismo dictada por el diputado rionegrino, quien, en su desesperada búsqueda de una jubilación política dorada, no dudó en reunirse con Cristina Kirchner. Este reencuentro no es un gesto de grandeza, sino la confesión de una vida dedicada a la supervivencia personal, sin importar a quién deba abrazar o qué principios deba pisotear.

Analizar la trayectoria de Pichetto es hacer un recorrido por la falta de pudor de la «vieja política». Empezó como un engranaje más del peronismo, fue jefe del bloque del PJ en el Senado durante 17 años, acompañando con «lealtad» los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Fue parte de las mayorías que impulsaron políticas que luego criticaría con saña. Sin embargo, cuando el barco parecía hundirse y el poder cambió de manos, no dudó en reinventarse. En 2015 se convirtió en el principal aliado parlamentario de Mauricio Macri, y en 2019 aceptó ser su compañero de fórmula, vistiendo el traje del antiperonismo que él mismo representaba. Fue el «peronismo republicano», una etiqueta marketinera para justificar su salto al otro lado de la grieta.

Pero el viaje no terminó ahí. Tras la derrota de Macri, se unió a los radicales y coqueteó con diversos espacios en su intento fallido de llegar a la Presidencia en 2023. Su paso por el espacio de Schiaretti fue fugaz, siempre buscando un lugar donde le quedara el traje. Hoy, al ver que el viento sopla de nuevo hacia un peronismo desesperado por juntar votos, Pichetto no dudó en responder al llamado de la viuda de San José 1111. Se reunió con quien denostó durante años, pidió «perdón» y misericordia, y ahora se muestra junto a personajes como Guillermo Moreno, en un acto de supervivencia política digno de un reality show.

Esta nueva alianza Pichetto-Moreno-Cristina es la foto perfecta de la decadencia. No hay ideas, solo matemática electoral. No hay proyecto de país, solo la ambición de garantizarse un lugar en la mesa de poder. Para los habitantes de toda la Argentina, esta danza de máscaras no trae soluciones a los problemas reales: la inflación, la falta de trabajo, la inseguridad o la crisis educativa.

Pichetto nunca tuvo votos propios: siempre se valió de los votos que traían sus aliados.

Pichetto es el espejo de lo peor de la política: el que se cree vivo por engañar a todos, sin darse cuenta de que la ciudadanía ya no traga más con esas actitudes. No dejó ningún legado positivo en sus 17 años como senador, ni en su paso por la oposición. Solo dejó una estela de acuerdos bajo la mesa y una ambición desmedida. Que ahora pretenda erigirse como el articulador de un nuevo «centro» o el salvador del peronismo es una ofensa a la inteligencia. Pichetto no es el que perdona, ni el que une; es el eterno acomodador que, a sus 75 años, demuestra que «viejo es el viento» y que él seguirá girando a donde soplen las encuestas, aunque eso signifique terminar sus días abrazado a sus antiguos enemigos.

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