Antonio Rivero primer héroe de Malvinas 31 marzo 2026

El primer héroe de Malvinas se llamó Antonio Rivero y recuperó las Malvinas en 1833.

En un nuevo aniversario del 2 de abril de 1982, la memoria argentina se vuelve una vez más hacia las Islas Malvinas. Pero mucho antes de aquella guerra, hubo un gaucho entrerriano que, con un puñado de criollos y un coraje indómito, escribió el primer capítulo de la resistencia nacional contra la ocupación británica. Ese hombre fue Antonio Rivero, el verdadero primer veterano de Malvinas, quien, en 1833, recuperó por unos meses las islas y volvió a enarbolar nuestra bandera celeste y blanca.

La historia del primer Héroe de Malvinas

Corría el año 1833. El 2 de enero, el Imperio Británico había consumado una nueva usurpación, arriando la bandera celeste y blanca creada por Belgrano e izando la Union Jack. El gobernador argentino Luis Vernet había sido expulsado, y los peones que trabajaban la tierra quedaron a merced de capataces extranjeros que imponían condiciones de explotación y maltrato. Pero el espíritu indómito de Antonio Rivero, un gaucho de Entre Ríos que había llegado al archipiélago para trabajar con su caballo y sus boleadoras, no aceptó la sumisión.

El 26 de agosto de ese mismo año, Rivero se puso al frente de un grupo de siete gauchos e indios charrúas: Juan Brasido, José María Luna, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre. Armados sólo con facones y una determinación inquebrantable, se sublevaron contra los ladrones británicos. En un hecho que la historia oficial británica intentó sepultar bajo el manto de la descalificación, los gauchos tomaron Puerto Soledad, enfrentaron a quienes explotaban a los peones y, en un gesto de soberanía sin igual, arriaron la bandera inglesa e izaron nuevamente la celeste y blanca.

Durante cinco largos meses, desde agosto de 1833 hasta enero de 1834, las Islas Malvinas volvieron a ser argentinas por voluntad de un puñado de gauchos. Rivero y sus hombres gobernaron de hecho el territorio, demostrando al mundo que la usurpación no era aceptada por los hijos de esta tierra. Sin embargo, la superioridad militar del Imperio no tardaría en llegar. En enero de 1834, la fragata inglesa HMS Challenger desembarcó tropas, y tras una persecución que duró semanas, logró capturar a los patriotas.

Los gauchos fueron encadenados y llevados a juicio. Pero el destino depararía un hecho que la Argentina jamás debe olvidar. Al ser trasladados a Londres para ser juzgados, los propios jueces británicos se vieron obligados a declararse incompetentes. En un acto de involuntaria honestidad jurídica, los magistrados del Reino Unido reconocieron que el delito por el que se acusaba a Antonio Rivero y sus compañeros había sucedido fuera de los dominios de la Corona Británica. Con ello, el Imperio admitía, de hecho, que las islas no eran territorio inglés y que no tenían jurisdicción sobre ellas. Esta es una prueba irrefutable, emanada del propio sistema judicial británico, de que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Liberados en Montevideo, el Gaucho Rivero regresó al continente. Su compromiso con la patria no había terminado. Años después, ya incorporado al ejército de Juan Manuel de Rosas, volvió a enfrentar a los ingleses. Esta vez, en la heroica batalla de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845. Allí, con 37 años, murió en su ley de gaucho patriota, combatiendo a pie firme contra la misma potencia invasora que había desalojado de Malvinas.

Hoy, en vísperas de conmemorar un nuevo aniversario del desembarco del 2 de abril de 1982, la figura de Antonio Rivero se alza como un faro. Él fue el primer soldado, el primer veterano de guerra en Malvinas, el gaucho que con un puñado de hombres demostró que la soberanía no se negocia y que la sangre argentina regó esas islas mucho antes que cuulquier usurpador inglés. Su legado es otra prueba más de que el reclamo argentino es justo, histórico e irrenunciable.

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