Con menos del 18% de participación en ciudades clave como Comodoro y menos del 30% en Esquel, y Trevelin, el peronismo chubutense enfrenta su peor momento histórico. La sociedad no olvida los escándalos de corrupción, y las encuestas lo relegan al tercer lugar de cara a octubre.
Este domingo 3 de agosto el peronismo chubutense vivió una jornada electoral que, más que una fiesta democrática, dejó al desnudo la profunda crisis de representación que atraviesa el Partido Justicialista en la provincia. Con una participación que en ciudades como Comodoro Rivadavia apenas rozó el 18% del padrón, y que en Esquel y Trevelin no superó el 30%, el dato más relevante no fue quién ganó, sino cuán poco le importó a la sociedad.
Después de más de 20 años sin internas, el PJ se vio obligado a recurrir a las urnas para definir su precandidatura a diputado nacional. La competencia entre Juan Pablo Luque y Dante Bowen despertó cierto interés dentro de las estructuras partidarias, pero la apatía generalizada del electorado dejó en evidencia el desencanto.
En Esquel, por ejemplo, solo se habilitaron dos mesas en la Escuela N°76. Allí Luque obtuvo el doble de votos que su contrincante: 411 a 210. Pero detrás de esos números se esconde un dato más inquietante: más del 70% del padrón decidió no participar. Un síntoma claro de que la sociedad ya no se siente representada por un partido que arrastra décadas de promesas incumplidas, clientelismo y causas de corrupción impunes.
En Comodoro Rivadavia, bastión histórico del justicialismo, apenas votaron 2.500 afiliados sobre más de 13.000 habilitados. Y aunque los sectores internos del partido intentaron ponerle un manto de normalidad a la jornada, lo cierto es que la falta de convocatoria dejó un sabor amargo incluso entre los más optimistas.
Luque se impondría ante su contrincante, pero la escasa participación no enciende ningún ánimo de festejo real, más que para camuflar la situación que atraviesa el PJ en la provincia y en el país.
Mientras los referentes del PJ intentan celebrar el orden del proceso y la “madurez democrática” del acto, los números cuentan otra historia. Una historia que habla de desconfianza, hartazgo y un corte definitivo entre el electorado y un partido que ya no logra conectar ni siquiera con su militancia.
La implementación de la boleta única de papel como prueba piloto fue una novedad técnica, pero resultó anecdótica frente a un problema político más profundo: el peronismo chubutense está en crisis y la sociedad no lo perdona.
Las elecciones legislativas de octubre se avecinan, y el panorama para el PJ es poco alentador. Según las encuestas más recientes, el justicialismo queda relegado al tercer lugar. Un dato tan contundente como simbólico.
Lejos de consolidarse como alternativa, el PJ se enfrenta a su propio ocaso. La interna no fue un punto de inflexión, sino la confirmación de que el electorado ya no está dispuesto a seguir acompañando estructuras partidarias que no han sabido renovarse ni dar respuestas.
Si algo dejó en claro esta elección interna es que el descrédito no se borra con una jornada “ordenada”. Se borra con hechos, con coherencia, con autocrítica, y con una dirigencia que deje de mirar el poder como un botín y lo asuma como una responsabilidad. Por ahora, eso está lejos de ocurrir.






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