MARCO FATTORELLO UN HÉROE SIN CAPA 1 JULIO 2026

El héroe que tapó al Che: Fattorello y la limpieza profunda que la UNPSJB necesita.

Marco Fattorello, profesor de violín, ingresó a la UNPSJB y tapó con pintura gris el mural del asesino conocido como «Che Guevara». Un acto de valentía que expone la podredumbre política de las universidades argentinas.

La semana que pasó en la Patagonia no fue una semana cualquiera. Mientras algunos argentinos miraba con indiferencia el calendario, un hombre de coraje decidió hacer lo que nadie se atrevía: plantar bandera en el corazón del monopolio ideológico de la universidad pública.

 Marco Fattorello, violinista, docente del IUPA, ingresó a la sede Trelew de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) y, con un rodillo y pintura gris, tapó el histórico mural de Ernesto «Che» Guevara para pintar encima la bandera argentina.

Lo hizo en vivo, frente a una cámara, sin pedir permiso, sin pedir disculpas; tal como los bizarros arcaicos que pintaron el mural de un asesino despiadado en una universidad pública. Y por eso, hoy, debe ser celebrado como un héroe nacional.

El mural del Che Guevara en la UNPSJB no es arte, es propaganda desubicada, bizarra y violenta. Es la cara de un asesino, de un homofóbico, de un fracasado que encontró en la violencia su única forma de trascendencia. Un «revolucionario» para los idiotas.

Esa imagen no tiene nada que hacer en una casa de estudios superiores. No forma parte de la memoria histórica, como pretenden algunos decadentes docentes de Historia politizados y mediocres. Es, lisa y llanamente, un símbolo de odio y terrorismo que durante 28 años envenenó el pasillo de una universidad que debería formar profesionales, no adoctrinar militantes.

La universidad pública, tomada por la militancia

Fattorello no hizo más que señalar con un acto concreto lo que millones de argentinos ven con impotencia todos los días: las universidades públicas, lejos de ser templos del saber, se han convertido en feudos de la izquierda y del kirchnerismo, derrochadores de dinero público a los que nunca les alcanza el presupueso.

La UNPSJB es el ejemplo perfecto de esta decadencia. Un reducto de militantes que muchas veces no van a estudiar, sino a hacer política, a ocupar espacios, a militar consignas que nada tienen que ver con la formación académica.

Las autoridades universitarias, cómplices de esta farsa, también son decadentes y permisivas. Mientras el nivel educativo y formativo es paupérrimo en manos de estos operadores políticos, la UNPSJB ha entregado títulos a personas que jamás cursaron ciertas materias, con causas penales abiertas por estas irregularidades. La universidad se ha convertido en una fábrica de militantes, no de profesionales. Y quienes deberían garantizar la excelencia académica miran para otro lado, cuando son ellos mismos los que impulsan el adoctrinamiento.

Un claro ejemplo fue la presencia, hace poco, de Guillermo Moreno, un condenado penalmente por su accionar como funcionario kirchnerista, que dio una cátedra abierta en esa misma universidad. Eso es lo que la UNPSJB considera un «acto académico». Un delincuente condenado dando clases en una universidad pública. Esa es la calidad moral e institucional que defienden los que hoy se rasgan las vestiduras por un mural.

Fattorello, un ejemplo de coraje

Los que critican a Fattorello son los mismos que defienden al asesino del Che. Los mismos que justifican la violencia, la persecución ideológica y el adoctrinamiento. Los mismos que condenan al que se anima a romper el molde y decir basta. Fattorello no cometió un delito, cometió un acto de justicia. Tapó con prolijidad la imagen de un terrorista para dar paso a la bandera argentina, el símbolo que nos une a todos. Eso no es vandalismo, es patriotismo.

Los inmaduros que hacen política en las universidades, tanto militantes de izquierda como autoridades que permiten todo esto, no son aptos para estar en un establecimiento de ese tipo. La universidad no es una tribuna política, no es un espacio de militancia partidaria. Es un lugar para estudiar, para investigar, para crecer profesionalmente. Quienes ocupan esos espacios para hacer política están robando el futuro de los estudiantes y el dinero de todos los argentinos.

Un video que lo dice todo.

Fattorello es constantemente agredido física y verbalmente por energúmenos de izquierda que se adueñan de las universidades. El siguiente video es un simple ejemplo de lo que vive a diario en su trabajo.

Su pecado: querer trabajar cuando todos hacen paros o asambleas y pretender una universidad de calidad.

Vemos en esta toma la violencia alarmante de una docente que no muestra evidencia alguna de capacidad para estar formando parte de un staff de docentes universitarios, agrediéndolo e insultándolo de manera inimaginable, bestial, maleducada y repudiable.

Fattorello, con tensa calma, se comporta como un señor con todas las letras, soportando a la maleducada con sabiduría y entereza.

Un cambio de raíz es urgente

La universidad pública merece un cambio de raíz. Todas las autoridades deben ser dadas de baja. No se puede seguir permitiendo que la militancia politique el destino de la educación superior. Las universidades deben profesionalizarse. Los cargos directivos deben ser ocupados por académicos de excelencia, no por punteros políticos. Los planes de estudio deben estar orientados a la formación profesional, no al adoctrinamiento ideológico.

La imagen del Che Guevara no tiene por qué estar en una universidad pública. Esa es una batalla cultural que recién comienza. Y Marco Fattorello, con su rodillo y su pintura gris, dio el primer paso. Es un héroe porque se animó a hacer lo que muchos pensamos pero no nos atrevemos a decir. Porque plantó cara al establishment progresista y dijo: basta.

Fattorello fue demorado por la Policía. La universidad lo denunció penalmente. Pero su gesto ya trascendió. Hoy, miles de argentinos lo aplauden. Mañana, serán muchos más. La limpieza de las universidades públicas ya comenzó. Y Fattorello es el primero en empuñar la escoba.

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