La mediocridad de los representantes sindicales del gremio docente en Chubut es el claro reflejo de la decadencia educativa en la provincia.
Un gremio, un sindicato y mucha mediocridad.
El nivel educativo en el país y en Chubut ha sido paupérrimo durante las últimas décadas. Podemos echarle la culpa a los diferentes gobiernos que estuvieron rebalsados de funcionarios basura, ignorantes supremos, corruptos y totalmente desinteresados en educar.
Pero no todo es culpa de los gobiernos; una parte de los docentes también es culpable de la decadencia educativa.
Hoy vemos que quedó firme la condena a Daniel Murphy, el actual “representante” de los docentes. Hace poco tiempo atrás, otro delincuente quedó con condena firme: Santiago Goodman, el anterior “representante” de los docentes, el impresentable que decía que los chicos aprenden más de los paros que en el aula.
Ambos delincuentes condenados con sentencia firme están vinculados a Atech, pero cada uno pertenece a líneas internas totalmente opuestas. Todavía no queda claro si el sindicato expulsó a Goodman y si lo hará con Murphy. La izquierda defiende delincuentes, no se olviden.
Lo importante de todo esto es que los denigradores de la calidad educativa que alientan a paros que conllevan al fomento de la ignorancia de toda una población, son, o fueron, los que representan a los docentes chubutenses.
Es claro que estos delincuentes no representan a la totalidad de los docentes, más que a un puñado de mediocres minoritarios que se mantienen constantemente hiperactivos en pos de generar el mayor daño posible a la población, siempre que los gobiernos de turno no sean del mismo palo. Cuando son del mismo palo se quedan calladitos y sumisos traicionando a sus “representados”.
Otro factor común de estos delincuentes es su férreo apego a las ideologías de izquierda, con las cuales contaminan las escuelas, imponen conductas nefastas, fomentan la vagancia, defienden delincuentes, hacen política partidaria en las escuelas, someten y obligan a sus alumnos a afirmar que una mujer puede tener pene y un hombre vagina, bajo extorsión de no ser promovidos si piensan distinto; distorsionan el sentido del Derecho y las obligaciones, distorsionan la historia argentina en beneficio de imponer sus ideologías precarias, destructivas y totalmente carentes de fundamentos académicos; eliminaron por completo las fuentes bibliográficas de los contenidos para reemplazarlas por resúmenes basura muy mal hechos; reemplazan bibliografía por cualquier página encontrada mediante Google; no corrigen las tareas; creen en el Estado con riqueza infinita y en la máquina eterna de imprimir billetes sin sustento para hacerles creer a los docentes que reciben “aumentos”… como el engaño a los infantes de partir una galletita en varios pedazos y hacerles creer que tienen más galletitas…
Son los que consideran que un título es un regalo, un acto de solidaridad para que pueda trabajar el incapaz, y no un logro ganado por mérito.
El problema aquí es que estos delincuentes efectivamente han representado a sectores o grupúsculos anti profesionales de docentes a los que el título les queda muy grande, inmensamente grande, rozando “el regalo”, realizado por institutos de formación docente tan decadentes e inservibles como los representantes sindicales.
El gremio docente, a capa caída durante décadas, decidió entregarse a un sindicato que es tan mediocre y lamentable como los resultados educativos obtenidos en las pruebas de nivel en los últimos años.
Ahora cabe preguntarse si todos aquellos docentes, que a diferencia de los mediocres, siempre cumplieron con su trabajo, dan clases ejemplares y son los que sostienen al sistema para que no siga decayendo, si van a continuar en una actitud pasiva o si se van a organizar para que la educación deje de ser la vergüenza y el despilfarro que es hoy en día y “se pongan las pilas” en tener representantes sindicales que apunten a elevar el nivel institucional.
Y para que el sistema funcione, hay que ser duro con los vagos, los mediocres y los que en cualquier reunión tratan de hacer populismo mediante las tácticas archi conocidas de militantes de izquierda.
El docente que no es objetivo es un docente que no sirve. El docente que no trabaja es un docente que no sirve. El docente que impone ideologías políticas partidarias o ideologías insanas es un docente que debe ser expulsado. El docente que no conoce la ciencia o arte que enseña, tampoco sirve.
Hacer que el sistema funcione y sea efectivo no es algo difícil, más yace en principios básicos simples. Hacer que el sistema funcione hace de la escuela un ambiente sano para todos: docentes, alumnos y auxiliares. Hacer que el sistema funcione es ganarse el respeto de la sociedad, la cual se verá enormemente beneficiada al elevar su nivel cultural y formativo en conocimientos generales o específicos.
Y el que mezcle las cuestiones salariales con la calidad educativa es un inservible. Si bien, la docencia no es un sacerdocio, tener clara la responsabilidad social de ser docente es el primer eslabón para comprender que hacer paros es hacerle daño a la sociedad, es generar brutos, es hundirnos cada vez más en la miseria anti cultural. El que eligió la docencia para hacerse millonario es simplemente un inútil. La docencia, como cualquier trabajo debe estar bien pago y si no lo está, hay que recurrir a mecanismos intelectuales de reclamo y no a cánticos de cancha de fútbol, con tachos y carteles con errores de ortografía. Los reclamos deben demostrar la sapiencia, el conocimiento, debe fundarse en el contexto socio económico real.
Y allí tendrían que estar los sindicatos. No se puede pretender que todos los docentes tengan estudios económicos o de factibilidad de cada idea. Para eso debieran estar los sindicatos docentes: haciendo estudios ejemplares, con propuestas eruditas sobre cómo solventar los aumentos requeridos, para contrarrestar cualquier excusa del gobierno de turno.
Al mismo tiempo, el gremio docente debe tener que comprender que el sistema no puede admitir ñoquis, ni “coordinadores”, ni eternos cambios de funciones, ni suplentes de suplentes; más cada institución debe tener una planta funcional estrictamente adaptada a las necesidades básicas de cada establecimiento.
La educación también requiere de un estado que ponga presión sobre las familias que no brindan la educación básica sobre convivencia y respeto a sus hijos, hecho que genera gran parte de los problemas dentro de las aulas.
En definitiva: hay que celebrar que los delincuentes sean condenados. Ahora queda un gran trabajo por hacer: repudiar las típicas victimizaciones de los condenados y empezar poner los puntos sobre las íes para elevar el nivel del sistema educativo, así, en un futuro, todo reclamo sea apoyado por la comunidad que vea los resultados del profesionalismo docente.





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