En un mundo donde los autos voladores y los vehículos aéreos no tripulados pasaron de la ciencia ficción a los planes de negocio de gigantes tecnológicos, un emprendedor argentino decidió hacer pie en el mercado con una estrategia poco común: en lugar de empezar desde un garaje o una incubadora, compró una fábrica de aviones abandonada y le devolvió la vida.
Se trata de Diego Ursella, piloto y empresario aeronáutico, quien al frente de Petrel DroneX busca posicionar al país en una industria dominada por Estados Unidos, Europa y China. El proyecto integra formación de pilotos, ingeniería de vanguardia y producción industrial, con un objetivo claro: desarrollar un dron tripulado para movilidad aérea urbana que sea accesible, eficiente y certificable.
Del aula de vuelo a la fábrica propia
El camino comenzó con XFLIGHT, una academia de entrenamiento para pilotos que ofrecía programas integrales con simuladores, vuelos reales y alojamiento. La propuesta atrajo a estudiantes de toda América y le permitió a Ursella consolidar una base financiera y de conocimiento técnico. Pero su ambición iba más allá: quería fabricar aeronaves.
“No somos un proyecto en PowerPoint. Somos una compañía que fabrica”, repite Ursella cada vez que describe el salto cualitativo que dieron. Ese cambio se materializó con la adquisición de Petrel, una histórica planta aeronáutica ubicada sobre la Ruta Nacional 168, en Santa Fe, que llevaba años fuera de operación. La inversión superó los 10 millones de dólares e incluyó no solo el predio y la maquinaria, sino también activos intangibles clave: certificaciones vigentes de la ANAC, un historial de fabricación y un Sistema de Inspección de Producción Aprobado (SIPA).
Esa infraestructura regulatoria e industrial, imposible de replicar desde cero en el corto plazo, le permitió a la empresa saltarse años de trámites. Actualmente ya producen el Petrel 912i, un avión de instrucción biplaza certificado, que genera ingresos mientras el equipo avanza en paralelo con el desarrollo de plataformas VTOL (despegue y aterrizaje vertical) tripuladas.
Un dron para la ciudad y para el campo
El vehículo que están desarrollando no es un juguete tecnológico. Está pensado para resolver dos realidades que hoy parecen inconexas: por un lado, la congestión crónica de las grandes urbes, donde los traslados terrestres se vuelven cada vez más lentos; por el otro, las zonas rurales o de difícil acceso, donde la falta de caminos adecuados limita la logística, las emergencias médicas y hasta la conectividad básica.
El dron tripulado de Petrel DroneX propone un modelo de producción en serie con un costo inferior a los 120.000 dólares por unidad, una cifra muy por debajo de los competidores internacionales. Eso abriría la puerta a operadores medianos, gobiernos locales, servicios de ambulancias aéreas y empresas de logística que hoy no pueden acceder a helicópteros o aeronaves convencionales.
El proyecto acaba de alcanzar un hito fundamental: se convirtió en el primero en Argentina en obtener una patente bajo este enfoque tecnológico. Para el equipo, no es solo un reconocimiento formal, sino una validación técnica del diseño y su originalidad. El siguiente paso es expandir esa patente hacia Estados Unidos, donde planean establecer una base de producción en Florida, aprovechando un entorno regulatorio más ágil para luego escalar a certificaciones internacionales.
El cuello de botella que supieron evitar
En la industria aeronáutica, el diseño y la ingeniería suelen ser la parte más visible, pero el verdadero desafío está en la certificación. Miles de startups han muerto en el intento de homologar una aeronave ante los organismos de control. Ursella lo sabía, por eso su movimiento estratégico fue adquirir una fábrica que ya tenía el camino allanado.
“Pasamos de tener una idea a contar con activos tangibles, certificaciones aeronáuticas vigentes, planta física y capacidad de producción”, explica el empresario. Esa ventaja competitiva les permite avanzar en paralelo en la producción del Petrel 912i –que ya genera ingresos– y en el desarrollo del dron tripulado, sin depender de rondas de financiamiento inciertas o de plazos de certificación que podrían extenderse por años.
La Argentina se suma a la carrera global por la movilidad aérea urbana
A nivel mundial, los vehículos de movilidad aérea urbana (UAM, por sus siglas en inglés) son considerados uno de los segmentos de mayor crecimiento para las próximas dos décadas. Empresas como Joby Aviation, Archer o EHang lideran la carrera, pero sus productos tienen costos que superan el medio millón de dólares. La propuesta argentina apunta a un nicho diferente: el de la accesibilidad.
El plan de negocio no se limita al mercado local. Con la mirada puesta en Estados Unidos, Ursella busca proteger la propiedad intelectual en el país donde la innovación aeroespacial tiene mayor valor comercial. La estrategia contempla homologaciones globales para producir en serie y comercializar en distintos países, mientras que en Argentina la planta de Santa Fe sigue siendo el corazón industrial del proyecto.
Más allá del resultado final, Petrel DroneX ya logró algo inédito: demostrar que en Argentina se puede desarrollar tecnología aeronáutica de punta, recuperar una fábrica abandonada y competir en una liga mundial sin depender del Estado. La combinación de inversión privada, visión de largo plazo y una audaz maniobra regulatoria coloca a este emprendimiento como un caso de estudio y, quizás, como la semilla de una nueva industria en el país.






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