Tras dos décadas marcadas por la conflictividad docente y una gestión fuertemente cuestionada, Roberto Baradel dejará la secretaría general del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA). El dirigente, que supo ser uno de los rostros más visibles del sindicalismo alineado al kirchnerismo, no se presentará a la reelección en los comicios del próximo 13 de mayo, cerrando así un ciclo que para muchos representó el declive de la educación pública en el país.
La salida de Baradel, anunciada en un acuerdo interno, supone un punto de inflexión para el gremio que agrupa a más de 300 mil docentes bonaerenses. Su gestión no solo será recordada por las permanentes medidas de fuerza, sino también por un estilo de vida alejado de las aulas y de la difícil realidad que atravesaban los maestros a los que decía representar. Mientras los docentes sufrían recortes salariales y condiciones precarias, Baradel optó por una carrera sindical que lo llevó a codearse con el poder político y a realizar frecuentes viajes al exterior, consolidando la imagen de un privilegiado dentro de un sistema que empujaba a la educación a su nivel más bajo.
Lejos de una retirada humilde, Baradel no abandona la estructura sindical: continuará como secretario adjunto en CTERA y mantendrá su influencia en la CTA, demostrando que el «negocio» de la política gremial sigue vigente para él. Su intención declarada es «reunificar» las centrales obreras, un movimiento que genera escepticismo en quienes lo acusan de haber priorizado siempre las transas políticas con los gobiernos de turno antes que la calidad educativa.
El oficialismo del gremio ya tiene definida a su sucesora: María Laura Torre, actual adjunta y ficha de extrema confianza del dirigente saliente. La heredera enfrentará el desafío de intentar retener un poder que, en los últimos años, mostró fisuras. La oposición interna, liderada por la izquierda a través de la lista Multicolor de Romina Del Plá, ya controla distritos clave como Bahía Blanca y Tigre, anticipando una elección que, más que una renovación, parece una reacomodación de piezas en el tablero sindical.
La salida de Baradel de la conducción provincial del SUTEBA es recibida con alivio por amplios sectores de la sociedad que lo identifican como el símbolo de un sindicalismo enriquecido y desconectado de la verdadera lucha educativa. Para la comunidad educativa y la opinión pública en general, su alejamiento representa la oportunidad de cerrar una página nefasta y comenzar a debatir, de una vez por todas, un modelo educativo que priorice a los alumnos y a los docentes que realmente están en las aulas.





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