CHUBUT SE ENDEUDA NUEVAMENTE 24 ABRIL 2026

Chubut toma deuda por US$650 millones y la pagará el próximo gobierno.

El gobierno de Chubut acaba de concretar una operación financiera riesgosa: tomó deuda por 650 millones de dólares en el mercado internacional. A simple vista, suena como un alivio para las arcas provinciales, pero un análisis más profundo enciende todas las alarmas.

La provincia no solo aumentó significativamente su nivel de endeudamiento, sino que lo hizo a una tasa de interés más alta que la que venía pagando. Y hay un detalle clave: las cuotas más pesadas comenzarán a vencerse recién a partir de 2029, es decir, las pagará el próximo gobierno, no el actual.

Nunca es buena señal que una gestión tome deuda cuyas cuotas de capital serán afrontadas por quienes la sucedan. Es una decisión que multiplica el costo político y económico para el futuro, mientras que los beneficios se concentran en el presente inmediato. En el caso de Chubut, esta operación levanta más preguntas que certezas.

Una deuda que se paga con otra deuda más cara

El argumento oficial es que los fondos servirán para cancelar parte de la deuda anterior y financiar obra pública. Pero los números fríos muestran una realidad incómoda: la nueva deuda tiene un interés del 9,45% anual, mientras que la que se cancela tenía una tasa del 7,75%. Es decir, Chubut está reemplazando un pasivo más barato por otro más caro. En términos financieros, eso es un paso atrás.

Si la nueva deuda se hubiera tomado en condiciones más favorables, con una tasa menor o un plazo más extenso sin aumentar el monto total, la operación podría entenderse como una reestructuración inteligente. Pero acá el endeudamiento crece de manera abrupta, los intereses suben y no hay garantías concretas de que la provincia pueda afrontar el pago en el futuro. Es un salto al vacío con los pies atados.

Más deuda, menos certezas

El panorama económico de Chubut es cualquier cosa menos despejado. La provincia depende fuertemente de las regalías petroleras, un recurso finito y sometido a la volatilidad de los precios internacionales. Hipotecar gran parte de esos ingresos hasta 2036 implica apostar a que el petróleo se mantendrá en valores altos durante más de una década. ¿Hay certeza de eso? No, no la hay.

Además, el excedente de la emisión, que ronda los 380 millones de dólares, se destinará a obra pública. Si bien los hospitales y acueductos son necesarios, nadie puede asegurar hoy que esos proyectos generen el retorno económico suficiente para pagar la deuda que los financia. En el mejor de los casos, serán obras que mejoran la calidad de vida. En el peor, serán elefantes blancos que terminarán de hundir financieramente a la provincia.

¿Pan para hoy, hambre para mañana?

La expresión popular es clara: pan para hoy, hambre para mañana. Eso describe lo que aparenta esta operación. El gobierno actual logra oxígeno financiero inmediato, libera recursos que antes destinaba a pagar el bono viejo y puede mostrar obra pública. Pero el costo lo pagará la próxima administración, que recibirá una provincia con un nivel de deuda mucho más alto, intereses anuales más pesados y una bomba de tiempo financiera activada.

Los ciudadanos de Chubut deberían preguntarse: si esta deuda es tan buena, ¿por qué no la empieza a pagar quien la toma? La respuesta es sencilla. Porque los números no cierran. Porque es más fácil endulzar el presente que enfrentar un ajuste real. Porque gobernar mirando el calendario electoral es hipotecar el destino de toda una provincia, ya pasó con Das Neves y sus sucesores y por eso Chubut está duramente endeudada y estancada.

Tener prudencia y alerta

No es momento de celebrar. Cada vez que un gobierno toma deuda con intereses más altos que los que canceló y traslada el peso de las cuotas al futuro, la ciudadanía debe encender todas las luces de alerta. La provincia de Chubut necesita inversión, sí, pero también necesita responsabilidad fiscal. El camino del endeudamiento barato ya no existe, pero eso no justifica embarcarse en operaciones que atan el destino de las próximas generaciones a un puñado de proyectos sin garantías reales.

El tiempo dirá si esta fue una decisión valiente o una temeridad. Mientras tanto, los números hablan solos: más deuda, intereses más altos, pagos pateados para adelante. Eso no es gestión, es postergación. Y el futuro, indefectiblemente, siempre llega.

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