El gobernador Torres busca reducir impuestos a petroleras para fomentar exportaciones, pero esto amenaza gravemente las finanzas públicas de Chubut y hace la vista gorda sobre los sobreprecios del gas envasado que abusan descaradamente de una gran parte de la población.
Por qué la baja de regalías petroleras de Torres es un peligro para Chubut
El gobernador de Chubut, Ignacio “Nacho” Torres, anunció con entusiasmo una medida que podría terminar perjudicando seriamente a la provincia: la baja de regalías para la extracción de hidrocarburos no convencionales. Lo hizo en el 42° Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), en Buenos Aires, y pidió además que el Gobierno Nacional elimine parte de las retenciones al petróleo convencional. Según él, esta rebaja impositiva serviría para “exportar más” y así “generar más trabajo”. Pero la cuenta no cierra.
Cuentas raras y números no explicados
El planteo del gobernador parte de una lógica ya conocida: si se baja la carga fiscal a las grandes empresas, estas invertirán más y eso derramará beneficios para todos. Sin embargo, en este caso, lo que está en juego es nada menos que un tercio de los ingresos provinciales. ¿Cómo piensa compensar semejante pérdida fiscal? Torres no lo explica. Para que el recorte no impacte negativamente en las arcas públicas, las exportaciones deberían aumentar a un ritmo tan acelerado como improbable. De lo contrario, la provincia se enfrentará a un severo ajuste o a un endeudamiento aún mayor.
La estafa del gas envasado y el silencio oficial
Pero hay algo más preocupante en esta decisión política: el doble discurso. Torres se muestra generoso con las petroleras, justo con el mismo sector que abusa de miles de chubutenses con precios impagables de gas envasado. En vastas zonas de la provincia, las familias no tienen acceso a redes de gas natural y deben recurrir a tubos de 45kg para poder calefaccionarse y cocinar. Se trata de un insumo básico, vital, en una provincia con crudos inviernos y donde la producción de gas es abundante. Aun así, el precio del gas envasado se ha disparado a niveles inalcanzables para buena parte de la población. Frente a esta injusticia, Torres guarda un silencio estruendoso.
El gobernador propone premiar con menos impuestos a empresas que ni siquiera garantizan un precio justo para un recurso esencial. No menciona controles, ni subsidios focalizados, ni políticas para defender al consumidor. Sólo habla de “hacer patria” con los grandes empresarios, como si estos fueran los únicos capaces de sacar adelante al país. El resto, los ciudadanos de a pie que pagan fortunas por un tubo de gas, parece no estar en su ecuación.
Torres habla de “terminar con las falsas dicotomías”, pero en la práctica cae en una de las más peligrosas: crecimiento de algunas empresas a costa de necesidades básicas de la población y de recursos que pertenecen al estado. No se puede construir una provincia más justa y desarrollada debilitando sus ingresos fiscales ni ignorando las necesidades más urgentes de su gente.
Es legítimo discutir el modelo de desarrollo y la estructura impositiva. Lo que no se puede hacer es hipotecar el futuro de Chubut a cambio de una promesa de exportaciones que, por ahora, es pura especulación. Mucho menos, favorecer al mismo sector que lucra con una necesidad esencial sin ofrecer ninguna contrapartida. Gobernar es, ante todo, tomar decisiones que beneficien a los habitantes. Y en esta, Torres se equivoca de lleno.




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