El exvicedecano de la Universidad Nacional de La Patagonia, Augusto Ferrari, irá a juicio por tentativa de abuso. El caso expone tensiones en internas de la UNPSJB y cuestionamientos a la intencionalidad de la fiscalía, para la cual, el simple hecho de ser varón lo señala como un agravante.
Un caso muy intrigante cargado de ideologías y misandría.
El proceso judicial contra Augusto Ferrari, exvicedecano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), reabrió un debate incómodo pero necesario: ¿puede la ideología política distorsionar la búsqueda de justicia en casos de alta sensibilidad social como los de abuso sexual? La respuesta, aunque compleja, parece estar en el trasfondo del expediente.
Acusado por enviar mensajitos y emoticones
Ferrari está acusado de tentativa de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de una alumna de 18 años. Dicho de esa manera, la sola idea de que algo así hubiese sucedido despertaría claramente el repudio de toda la sociedad y con justa razón. Ningún ser humano sano podría avalar semejante delito. Pero hete aquí que el hecho no habría llegado a estar ni siquiera cercano a materializarse físicamente, y las pruebas principales se limitan a un intercambio de emoticones, mensajes por redes sociales y WhatsApp. A pesar de esto, la fiscalía configuró una acusación que describe una intención de sometimiento sexual con agravantes como la “posición de poder” y, de forma llamativa, la “condición de varón” del imputado.
Para la fiscalía, nacer varón es agravante de delito.
Este último punto encendió una alerta entre juristas y académicos. ¿Desde cuándo ser hombre constituye un factor agravante en una causa penal? Si bien es legítimo aplicar una perspectiva de género en los casos que lo requieren, aquí se corre el riesgo de que esa perspectiva se transforme en sesgo. Y cuando el sesgo reemplaza a la evidencia, peligra la esencia del Derecho Penal.
Internas de poder y políticas en la UNPSJB
Más allá del proceso en sí, lo que rodea el caso Ferrari también revela un conflicto institucional más profundo. En la Facultad de Derecho de la UNPSJB conviven pugnas de poder internas, disputas entre fiscales y profesores, e incluso antecedentes de causas similares con otros funcionarios judiciales como protagonistas, como el caso de un fiscal (y también docente de la UNPSJB) acusado de cuestiones similares, pero que parece que la fiscalía pretende silenciar, o al menos no hacer tanto alarde, aún cuando ese caso pareciera ser mucho más grave. Muchos actores del Poder Judicial trabajan en la UNPSJB y estaban bajo la dirección de Ferrari. En ese ecosistema, el caso Ferrari parece haberse convertido en un arma más de la interna.
La presunta personalidad de Ferrari.
Según fuentes cercanas al acusado, Ferrari es descrito como una persona de mentalidad inmadura, poco asertiva, bonachón, y emocionalmente infantil, cualidades que, sin exculparlo de actitudes inadecuadas y totalmente desubicadas para un vicedecano, lo presentan como incapaz de planear o ejecutar un delito tan grave como el que la fiscalía le imputa. El primer juez del caso compartió esta visión: consideró que los hechos no configuraban un delito penal y sobreseyó a Ferrari, argumentando que, en todo caso, podría tratarse de una falta ética o administrativa.
Insistencia de la fiscalía.
Pero la fiscalía no se detuvo allí. Sin aportar pruebas nuevas, apeló la decisión y logró que la Cámara Federal de Casación anulara el sobreseimiento por razones meramente procesales. La defensa intentó frenar la elevación a juicio, pero esta semana la justicia confirmó que el exvicedecano deberá enfrentar un debate oral.
Lo preocupante no es solo que se continúe un proceso sin evidencias nuevas y sin contacto físico entre los involucrados, sino que se esté juzgando lo que una persona pensó, insinuó o soñó, y no lo que efectivamente hizo o que haya tenido intención de hacer sin consentimiento de la otra parte. En ese marco, se corre el riesgo de criminalizar el deseo humano y de equiparar un intento de seducción –torpe, inapropiado, pero no violento– con una tentativa de violación.
El rol de la justicia
La justicia debe proteger a las víctimas y juzgar con firmeza cualquier abuso real, aunque fuese en grado de tentativa, y la tentativa debe basarse en un peligro real y no en la imaginación de una fiscalía sesgada por ideologías. Pero para que eso ocurra, también debe proteger el debido proceso, la presunción de inocencia y la imparcialidad. Cuando los tribunales se convierten en escenarios de luchas ideológicas, el daño no se limita al acusado: se erosiona la credibilidad del sistema entero y, paradójicamente, se perjudica a las verdaderas víctimas, cuya voz se diluye entre causas politizadas.
En tiempos donde la justicia debe reafirmarse como institución independiente, el caso Ferrari invita a reflexionar. No solo sobre lo que se juzga, sino sobre quién juzga, cómo y por qué.




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