rottweiler violento

Ataque de rottweiler en Córdoba: ¿dueños irresponsables o razas peligrosas?

Un niño fue víctima de un ataque en Córdoba por un rottweiler que le mordió el rostro; cada vez son más frecuentes los ataques de perros grandes sin control.

En el barrio Bajo Pueyrredón, en la ciudad de Córdoba, un niño sufrió una grave mordedura en el rostro perpetrada por el rottweiler que convivía con su familia. El incidente —que ocurrió dentro del hogar, cuando los adultos estaban presentes pero descuidados— exige reflexionar sobre la proliferación de razas de perros agresivas y la grave responsabilidad de sus dueños.


Los datos del caso son alarmantes: el perro, perteneciente a la familia de la víctima, mordió al menor en la zona del ojo y el pómulo, lo que obligó a una intervención quirúrgica urgente en el hospital pediátrico de la capital provincial. Este tipo de razas, como el rottweiler, ya están catalogadas por la ordenanza de la Municipalidad de Córdoba como “potencialmente peligrosas”.

El problema va más allá de un hecho aislado: en zonas donde prevalece la inseguridad, la tenencia de perros de gran porte o de razas con fama de agresivas (rottweiler, pit­bull, dogo argentino, etc.) se ha vuelto común. No siempre como medida responsable de guardia, sino muchas veces como símbolo de pertenencia o de exhibición de fuerza. A menudo aparecen en manos de personas que buscan mostrarse ante la sociedad como “duros”, “poderosos” o “temidos”, cuando en realidad su actitud revela baja autoestima, necesidad de aparentar y un entendimiento mínimo del peligro real que hacen correr esos animales.

Los ataques se multiplican cuando la realidad se conjuga con la irresponsabilidad: dueños que creen tener todo bajo control—sin jaula adecuada, sin bozal, sin adiestramiento o supervisión constantes—terminan siendo unos pobres ignorantes que ponen en riesgo vidas humanas. En este caso, hubo convivencia prolongada, sin manifestaciones previas de agresividad, lo que hace pensar que la confianza tiene un límite y que solo esperar que “todo siga bien” es un grave error.

La tenencia de razas clasificadas como potencialmente peligrosas exige normas estrictas: mantenimiento de espacios adecuados, socialización, supervisión constante y cumplimiento de ordenanzas municipales. En Córdoba, ese marco normativo existe, pero los controles y la conciencia ciudadana parecen insuficientes. Puede existir buena convivencia, claro está. Pero cuando algo falla —un descuido, un estímulo, un momento de vulnerabilidad— el resultado puede ser catastrófico.

La reflexión final es clara: la peligrosidad no viene únicamente de la raza, sino del conjunto de factores que el dueño permite: falta de control, exhibición irresponsable, desprecio de medidas básicas de seguridad, y el entorno urbano que no siempre facilita una tenencia correcta. Los perros son un bien muy preciado y pueden ser excelentes compañeros, pero cuando se utilizan como símbolo y no como seres que requieren cuidado, la tragedia aparece.

Este episodio en Córdoba debe servir como alerta para todo el país: la proliferación de razas consideradas “potencialmente peligrosas” y su uso simbólico, sumado a la irresponsabilidad de sus tenedores, crean una bomba de tiempo. No es solo un ataque: es el reflejo de una negligencia social, normativa y personal que deja en riesgo vidas —y en este caso, la de un niño.

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