El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, compareció este miércoles ante la Cámara de Diputados a fin de brindar un detallado informe sobre las operaciones de prensa montadas en su contra por sectores opositores.
Arropado por el presidente Javier Milei y todo su Gabinete, Adorni no solo rindió cuentas de una gestión mostrando resultados económicos contundentes, sino que desnudó, punto por punto, la operación de mentiras que la oposición y ciertos medios nacionales intentaron instalar como verdad absoluta. No hubo esquiva, no hubo silencio: hubo respuestas, pruebas y una certeza que retumbó en el recinto: «No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia».
La sesión, que reunió más de 4.800 preguntas opositoras, fue el escenario elegido por el kirchnerismo y sus aliados para intentar un nuevo golpe de efecto mediático. Sin embargo, Adorni convirtió cada ataque en una clase de transparencia. Comenzó por el eje más sensible: el viaje de su esposa en el avión presidencial. Lejos de titubear, el funcionario recordó que la propia Justicia, a través de la fiscal interviniente y un juez federal, ya ordenó el archivo de la causa al comprobar que no hubo gasto de viáticos, alojamiento ni comida por parte del Estado. «Su señora viajó como invitada en el vuelo de salida y regresó por sus propios medios en un vuelo comercial», aclaró, rematando con una frase que debería sonar como alerta: «Esto prueba que cuando se deja actuar a la Justicia, se caen las operaciones políticas».
Pero la artillería opositora no se quedó ahí. También lo acusaron de supuestos contratos truchos con su amigo, el periodista Marcelo Grandio, y de enriquecimiento ilícito. Adorni fue lapidario: «Es falso que yo haya coordinado la aprobación de contrataciones para un tercero. No existe contrato alguno entre la TV Pública y Grandio, ni entre el Estado Nacional y mi cónyuge». Y sobre su patrimonio, explicó que su última declaración jurada aún no venció y que los detalles están en un anexo reservado ante la Oficina Anticorrupción, a disposición de quien corresponda. «Serán los jueces, y solo ellos, quienes deberán resolver», sentenció, dejando en evidencia la desesperación de una oposición que pretende condenar en los medios lo que no puede probar en los tribunales.
Adorni fue más allá y denunció una estrategia deliberada para desestabilizar al gobierno. Con contundencia, acusó al kirchnerismo, a sectores empresariales y a medios cómplices de orquestar «un plan golpista» durante el último año, diseñado para disparar el riesgo país, las tasas de interés y la dolarización nerviosa. «Intentaron un golpe de Estado mediático y político, y fracasaron», desafió el jefe de Gabinete, mientras desde las bancadas oficialistas los aplausos ahogaban los murmullos de la derrota opositora.
En paralelo a su defensa personal, Adorni exhibió los números irrefutables del rumbo económico que lidera Javier Milei. Con el país recibido «en crisis terminal», el funcionario destacó la baja histórica de la inflación, el superávit fiscal inédito en décadas y la reducción del gasto público como pilares de la recuperación. «Estamos sentando las bases de un nuevo comienzo», afirmó, respaldado por la labor de Federico Sturzenegger en desregulación, del canciller Pablo Quirno en política exterior y de la ministra Alejandra Monteoliva en seguridad, donde Argentina se convirtió en «el país menos violento de América Latina» con récord de decomiso de drogas.
El cierre fue épico y sin concesiones. Tras agradecer al presidente Milei y a Karina Milei su respaldo, Adorni vociferó con la frente en alto: «Acá estoy, cumpliendo con la Constitución Nacional y mostrando el resultado de nuestro trabajo. Han sacado conclusiones equivocadas. No cometí ningún delito y voy a probarlo en la justicia». La arenga no fue solo un descargo; fue la constatación de que la campaña sucia mediática se estrelló contra un funcionario que, lejos de esconderse, dio la cara, pidió disculpas cuando fue necesario y puso su cargo a disposición de los jueces. Mientras la oposición se retiraba con sus denuncias vacías, Adorni dejó una enseñanza: en la Argentina de Milei, el que nada debe, nada teme.





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