*Opinión – Redacción.
El accionar decadente de la fiscal María Bottini y la procuradora Cecilia Bagnato ha vuelto a poner en el centro de la escena a un Poder Judicial chubutense que parece haber perdido el rumbo. Esta vez, el escandaloso episodio tuvo como víctima a un humilde trabajador rural de Gualjaina, a quien las funcionarias judiciales, aparentemente movidas por una desmedida vanidad y un narcisismo mediático insaciable, le quitaron su caballo. La causa, que fue bautizada por la propia fiscalía con el ridículo nombre de «René» (nombre con el que ellas rebautizaron al animal que ya tenía nombre) para darle un barniz de espectáculo, no sería más que la punta del iceberg de una gestión que estaría marcada por la arbitrariedad, la incompetencia, el abuso de poder y la falta de ética profesional.
La realidad de la historia
El caso, que trascendió los pasillos judiciales para convertirse en un circo mediático, encontró su origen en una denuncia por maltrato animal. Sin embargo, lejos de seguir los protocolos establecidos y buscar la verdad objetiva, Bottini y Bagnato decidieron construir una narrativa propia.
Una simple fotografía de un caballo flaco fue el combustible perfecto para encender los reflectores. La fiscalía anunció públicamente una versión de los hechos que, según se desprende de la investigación periodística, era completamente distinta a la realidad. Lo que buscaban no habría sido justicia para el animal, sino titulares para engrosar su propio currículum de «defensoras de los animales».
El blanco de esta ofensiva fue Don Leandro Sandro Kucnica, un vecino de Esquel que, como muchos productores de la Patagonia, confía el cuidado de sus animales a un puestero en su campo de Gualjaina. Allí, «Canelo» —el verdadero nombre del caballo, elegido con cariño por la hija de Don Leandro— tenía agua, alimento, compañía y atención veterinaria. El animal simplemente estaba atravesando un período de delgadez.

No existieron análisis clínicos que determinaran una enfermedad, ni signos de desnutrición.
Pero para las fiscales, la evidencia científica parecería ser un obstáculo para su show; la imagen de un caballo con las costillas levemente marcadas era suficiente para criminalizar a un hombre y despojarlo de su caballo. ¿Cuántos caballos y vacas habría que secuestrar, entonces?
El accionar de Bottini y Bagnato no solo fue desmedido, sino que también se caracterizó por una profunda ilegalidad. Sin notificar correctamente al dueño, allanaron el campo y secuestraron al animal. Pero el acto más bochornoso y revelador de su decadencia institucional fue el «regalo» del caballo.
¿Cómo puede calificarse la sustracción de un bien para entregárselo ilegalmente en propiedad a otro, si no es robo? Que alguien lo explique, por favor, no comprendemos cómo calificarlo sino de esa manera.
Estas fiscales pareciera que juegan a ser una suerte de «Hood Robin«; el reverso del personaje centenario: le sacan al humilde para entregarlo a otro a cambio de fama en los medios y mostrarse como revolucionarias por declarar que el pobre animal despojado ilegalmente de sus dueños es «sujeto de Derecho», un marketing hermoso para un público que no entiende nada.
¿Tendrá derecho, ahora, este animal a retornar a la casa de sus dueños?

«Soy buena y te regalo lo que no es mío».
La procuradora Bagnato, sin mediar orden judicial alguna y en lo que sería un claro abuso de sus funciones, entregó en guarda DEFINITIVA a «René» a un tercero. La ley es clara: en estos casos, y hasta que se determine la verdad, la guarda debe ser provisoria. Sin embargo, la presunta soberbia y las ansias de protagonismo de estas funcionarias las habrían llevado a cometer un acto que rozaría la figura de robo, despojando a una familia de su propiedad y de un ser querido.

Una historia repetida en la Fiscalía
Este no es un hecho aislado en la provincia de Chubut. La carrera de Bottini y Bagnato parece estar construida sobre la base de operativos mediáticos y denuncias de alto impacto, donde la figura del acusado parece ser un mero accesorio para su lucimiento personal. En esta ocasión, el elegido fue un hombre de campo, alejado de todo problema legal, que no supo cómo defenderse de la maquinaria aplastante del Estado. La difamación pública a la que sometieron a Don Leandro, tildándolo de maltratador sin pruebas contundentes, es una herida que difícilmente cicatrice.
Y lejos de tener la grandeza de pedir disculpas públicas en los medios, las fiscales se aferran a su posición y buscan la protección de sus superiores para evitar pagar por sus barbaridades.
La respuesta de la defensa no se hizo esperar. Bottini y Bagnato fueron recusadas por su presunta incompetencia, lo que derivó en la suspensión de una audiencia clave este lunes 10 de agosto.
La defensa de la familia Kucnica ya prepara una denuncia penal contundente contra ambas funcionarias, no solo por el secuestro de «Canelo», sino por la entrega irregular de la propiedad y el daño moral y reputacional causado.
¿Pero quién va a juzgar a las fiscales cuando el Poder Judicial es una suerte de cofradía para garantizar la impunidad de algunos de sus actores?
Mientras tanto, la familia sigue buscando desesperadamente que les devuelvan a su caballo, un animal que nunca debió ser arrancado de su hogar para alimentar la vanidad de dos funcionarias que han convertido el Poder Judicial de Chubut en un escenario de sus propias acciones mediáticas. El caso del caballo «René» no es solo un escándalo, es el símbolo de una justicia chubutense que parece haberse perdido a sí misma en el laberinto del ego y la inoperancia.
Una ridiculez conceptual
Todos amamos a los animales. Cualquier animal o insecto podría calificarse de «ser sintiente», incluso una mosca o una cucaracha.
Pero en base a este ridículo jurídico en el que se basan las fiscales, sería bueno preguntarse si todos los habitantes del mundo estamos condenados a ser vegetarianos por estas eruditas del Poder Judicial.
Porque, en definitiva, una vaca, un chancho, un cordero, no es menos sintiente que un caballo. ¿Irán presos los dueños de los mataderos?
Y el día que todos seamos vegetarianos a la fuerza, quizás, a estas eruditas se les ocurra que una lechuga sea sujeto de Derecho.
Por las dudas, avísenles que René era una rana. Quizás, ni siquiera eso sepan.







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