El ejército ruso está atravesando una de las peores crisis de su historia reciente. En un intento desesperado por sostener su invasión en Ucrania, el Kremlin ha comenzado a enviar al frente de batalla a soldados heridos sin rehabilitación ni tratamiento médico adecuado. Una imagen estremecedora ha dado la vuelta al mundo: un soldado ruso en silla de ruedas, enviado a combatir sin haberse recuperado de las lesiones sufridas en ataques previos. La imagen fue captada desde un drone kamikaze ucraniano.
La situación ha generado indignación y asombro en la comunidad internacional. Mientras el gobierno de Vladimir Putin insiste en su narrativa de poderío militar, la realidad en el campo de batalla refleja una historia muy diferente. Las fuerzas ucranianas han infligido severas bajas al ejército ruso, exponiendo la falta de preparación, equipo y estrategia de las tropas invasoras.
Una derrota moral y logística para Rusia
Los informes desde el frente confirman que Rusia no solo está enviando soldados sin la debida preparación, sino que también carece de los vehículos necesarios para la guerra. La destrucción masiva de blindados y transportes por parte del ejército ucraniano ha obligado a las tropas rusas a recurrir a medios insólitos para trasladar su artillería. Se ha reportado que los soldados rusos han llegado a comprar burros de carga para transportar armamento hasta las líneas del frente, una imagen que simboliza la degradación de sus capacidades militares.
El contraste con las fuerzas ucranianas es evidente. A pesar de ser un ejército mucho menor en número y recursos, Ucrania ha logrado una resistencia formidable, recuperando progresivamente parte del territorio que Rusia tomó por la fuerza. Gracias al apoyo de armamento occidental y una estrategia de guerra más efectiva, los ucranianos han conseguido poner en jaque a una potencia que se jactaba de ser imbatible.
Putin envía a su propia gente a una muerte segura
La estrategia de Putin ha sido cada vez más cuestionada, incluso dentro de Rusia. Con un número creciente de bajas y la evidente falta de preparación de sus soldados, el Kremlin se enfrenta a una crisis interna. Las denuncias de que el ejército ruso está enviando soldados heridos sin tratamiento adecuado han provocado una ola de descontento entre las familias de los combatientes.
El impacto de esta política desesperada no solo debilita a Rusia en el campo de batalla, sino también en el escenario político global. Mientras Putin sigue aferrado a una guerra que se torna cada vez más insostenible, Ucrania se fortalece, ganando terreno y dejando en evidencia la fragilidad del poderío ruso.
Con cada soldado ruso caído y cada pedazo de territorio recuperado por Ucrania, se hace más claro que el Kremlin está perdiendo una guerra que creyó poder ganar rápidamente. La imagen del soldado en silla de ruedas es el reflejo de un ejército en decadencia y de una estrategia fallida que está costando la vida de miles de rusos en una guerra que ya parece perdida.



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