La Confederación General del Trabajo (CGT) ha convocado a un paro general de 24 horas acompañado de una movilización al Congreso, una medida que la población percibe como netamente política y carente de fundamentos reales. Mientras la economía del país muestra signos de mejora significativa bajo el gobierno de Javier Milei, los sindicatos parecen aferrarse a prácticas de extorsión que ya no cuentan con la credibilidad de la sociedad, destruyendo todo lo que pueden y no permitiendo construir nada.
Un paro sin justificación económica
Durante años, el país sufrió los embates de una economía descontrolada bajo administraciones anteriores. Hiperinflación, clientelismo político con ingresos masivos de empleados públicos sin concurso, y un sinfín de organismos estatales ineficientes fueron características del modelo kirchnerista. En ese contexto de crisis, la CGT optó por la inacción y evitó realizar medidas de fuerza. Sin embargo, ahora, con una situación económica objetivamente mejor y con un gobierno que busca el equilibrio fiscal, la central sindical activa paros y protestas.
Una estrategia de manipulación sindical
La CGT sabe que su convocatoria real es baja. Para aparentar una adhesión masiva, la estrategia sindical ha sido bloquear el transporte, impidiendo que muchas personas lleguen a sus lugares de trabajo y mostrando calles vacías como supuesta evidencia de apoyo popular. Esta táctica ha sido denunciada por amplios sectores de la sociedad, que ven en estas prácticas una forma de chantaje sindical. Las plazas llenas en la capital federal son fáciles de llenar con un insignificante número de personas que no representan a la población del país.
El repudio de la población
A diferencia de décadas anteriores, donde los paros generales contaban con un respaldo significativo, hoy la opinión pública rechaza ampliamente estas medidas. Las redes sociales y encuestas muestran un creciente hartazgo con los sindicatos, vistos como estructuras privilegiadas que defienden sus propios intereses en lugar de los de los trabajadores.
El gobierno de Milei ha marcado una postura firme frente a estos intentos de presión, dejando en claro que las reformas económicas continuarán pese a las movilizaciones. Mientras tanto, la CGT enfrenta una pérdida de credibilidad que podría marcar el principio del fin de su influencia en la vida política y económica del país.
Conclusión
El paro de la CGT es un reflejo de una vieja política sindical que ya no convence a la mayoría de la población. En un contexto de cambios económicos profundos, el rechazo a estas medidas es sólo una muestra más de que la sociedad busca avanzar hacia una nueva etapa, dejando atrás las viejas estructuras que por años se beneficiaron del desorden y la crisis.



Deja una respuesta