Por primera vez en décadas, millones de argentinos viajaron al exterior. El poder adquisitivo se disparó y la moneda nacional se fortaleció, generando un récord de viajes al exterior, marcando una enorme diferencia con las terribles restricciones que se sufrieron durante el kirchnerismo.
El turismo como medidor de crecimiento del poder adquisitivo
El primer trimestre de 2025 marcó un hito histórico para el turismo: más de cinco millones de ciudadanos cruzaron las fronteras para vacacionar, estudiar o hacer compras en el exterior. El dato no solo representa un récord absoluto en materia de viajes, sino que también refleja un cambio profundo en la economía nacional: el poder adquisitivo de los argentinos mostró una recuperación notable, pasando de mínimos históricos durante el kirchnerismo —con sueldos promedio inferiores a los 200 dólares mensuales— a cifras cercanas a los 1400 dólares en la actualidad en varios gremios, siendo mucho más alto en otros que históricamente han sacado más provecho de paritarias o aprietes sindicalistas.
Una señal saludable
Lejos de ser motivo de alarma, el aumento en la salida de turistas argentinos al exterior es una señal saludable: millones de personas pudieron cumplir el sueño postergado durante años de viajar fuera del país. Durante décadas, las restricciones cambiarias, los impuestos y las políticas intervencionistas condenaron a las clases medias y trabajadoras a vacacionar solo dentro del país. Hoy, esa realidad comenzó a revertirse.
El turismo dentro y fuera de Argentina
Si bien la Argentina goza de los más bellos paisajes turísticos para disfrutar una y mil veces, la sensación de prohibición a viajar al exterior, con todas las restricciones totalitarias y abusivas que había impuesto el kirchnerismo a la población, generó que este verano millones de argentinos se den el gusto de viajar al exterior.
Entre enero y marzo, salieron del país 5.076.700 personas, lo que representa un aumento del 79,6% respecto al mismo período del año anterior, según datos del INDEC. Si bien es cierto que el ingreso de turistas extranjeros cayó un 24,7% en comparación al mismo trimestre de 2024, quienes sí llegaron dejaron más divisas per cápita. Argentina dejó de ser un destino barato “para mochileros” y comenzó a posicionarse como un país con precios y servicios alineados a estándares internacionales.
Este fenómeno se traduce en una paradoja interesante: ingresaron menos turistas, pero dejaron más dólares por persona. Sectores como la gastronomía, el comercio y el entretenimiento también vieron un repunte gracias a los visitantes extranjeros que valoraron la calidad de la oferta local. A la vez, el turismo interno logró sostenerse, aunque con una lógica distinta: muchos argentinos eligieron por primera vez en años mirar hacia afuera, lo cual habla de una mayor libertad económica y de una confianza renovada en el rumbo del país.
Un déficit con mirada positiva
Es cierto que el balance cambiario arrojó un déficit de USD 1.236 millones por turismo en el trimestre, pero sería simplista evaluar esto únicamente como una “fuga” de divisas. En realidad, lo que se observa es una mayor circulación de dinero y un uso del ingreso disponible que antes no existía. El argentino promedio ya no está limitado a pagar en cuotas unas vacaciones en Mar del Plata: ahora puede elegir Miami, Barcelona o Río de Janeiro con mayor autonomía.
Precios abusivos de algunos lugares argentinos
Los precios abusivos de lugares como la costa atlántica bonaerense cavaron su propia tumba y los resultados estuvieron a la vista: la gente prefirió invertir su dinero en lugares más accesibles en el exterior en donde no abusen de los precios. Las playas de Mar del Plata se vieron vacías no por falta de dinero, sino por el hartazgo de la gente de pagar sobreprecios por lugares y servicios que no los valen.
La situación de la patagonia y de Chubut
La Patagonia tuvo una buena temporada de verano, no fue formidable, pero tampoco fue un fracaso, aunque el turismo decayó para semana santa. Los motivos son muy claros: no hay una conciencia local sobre el potencial productivo que tiene la industria turística. Podemos ejemplificarlo claramente con el Parque Nacional Los Alerces, con una intendencia improductiva, a cargo de una persona que no da muestra alguna de capacidad y mucho menos de conciencia productiva para poner en marcha los engranajes de un polo productivo turístico, que hoy está en total abandono.
El cambio profundo se notó en el rendimiento del dinero en un esquema de inflación muy reducida respecto a la hiperinflación de años anteriores. Durante el kirchnerismo, la industria turística veía perder sus pocas ganancias en manos de la hiperinflación, que de una temporada a la otra dejaba a los prestadores con un déficit muy grave para invertir en cada comienzo de temporada.
En Chubut, si bien falta mucho por hacer, el ministerio de turismo tuvo un cambio radical en su enfoque respecto a gobiernos anteriores, generando un movimiento muy positivo. De hecho, en épocas en las que el gobernador de Chubut está siendo fuertemente criticado, el Ministerio de Turismo no se vio afectado por las críticas, como sucede en otras áreas del gobierno.
El plano nacional
En el plano nacional, los datos más duros muestran un cambio de paradigma. Hoy, viajar a Europa, Norteamérica o Brasil cuesta lo mismo —o incluso menos— que vacacionar en ciertos puntos turísticos argentinos. Esto es resultado de una moneda más fuerte, precios más realistas y una mayor competitividad del peso frente al dólar, lo cual devuelve previsibilidad al consumidor.
El desafío a futuro, sin dudas, será recuperar el flujo de turistas extranjeros y equilibrar la balanza. Pero el dato central de este trimestre no debe ser visto con pesimismo: por primera vez en décadas, millones de argentinos lograron lo que hasta hace poco parecía imposible. Viajar dejó de ser un privilegio de pocos para convertirse en una opción tangible para muchos.
Este fenómeno no es una debilidad: es un síntoma claro de que algo está cambiando para bien.



Deja una respuesta