El bloqueo naval liderado por Estados Unidos paraliza la exportación de crudo venezolano, obligando al uso de barcos como depósitos y amenazando con el colapso de su producción petrolera.
La economía de Venezuela enfrenta su hora más crítica. Una férrea presión internacional sobre su sector energético ha desencadenado una crisis logística sin precedentes, estrangulando la principal arteria financiera del país: la exportación de petróleo.
La administración estadounidense ha implementado un cerco marítimo tan efectivo que ha disuadido a la mayoría de las navieras internacionales de cargar crudo en puertos venezolanos. El temor a sanciones severas se materializó con casos como la interceptación del buque Centris, enviando un mensaje claro al mercado global. El resultado es una parálisis casi total de la capacidad de exportación.
Con una producción que ronda el millón de barriles diarios, pero sin barcos para transportarlos, el gobierno ha tenido que improvisar una solución desesperada. Ha comenzado a utilizar buques tanque que estaban fondeados y fuera de servicio, convirtiéndolos en gigantescos depósitos de almacenamiento flotante. Esta medida, sin embargo, es apenas un parche temporal.
Analistas del sector energético advierten que la capacidad de almacenamiento es limitada. Una vez que estos buques-almacén se saturen, la pesadilla logística se transformará en una crisis operativa inevitable: Venezuela se verá forzada a cerrar pozos y reducir drásticamente su producción por falta de espacio donde colocar el petróleo extraído. El colapso parcial de la industria petrolera nacional, pilar que sostiene al país, parece ser una cuestión de tiempo si la situación no se revierte.




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