*Por Juan A. Zuoza
Donald Trump, un personaje poderoso y polémico, marcará un capítulo intrigante en los libros de historia. Este artículo no pretende hablar a favor ni en contra, simplemente muestra la realidad del mundo, guste o no.
Entendiendo a Trump.
Para intentar comprender qué pasa por la cabeza de Trump, primero tenemos que situarnos en la cabeza de un anciano en su último trayecto de vida. Pero no es cualquier anciano, sino un multimillonario, de las más alta élites mundiales y nada menos que el presidente electo por segunda vez en el país más poderoso del planeta, con la economía más grande y el ejército más sofisticado armado hasta los dientes.
Trump ya vivió. No tiene vida por delante. Cualquier abuelo estaría disfrutando de llevar a sus nietos a una plaza, pero su realidad es totalmente ajena a la de cualquier mortal común y corriente.
Hombre de negocios y transacciones poderosas, con una vida dedicada a ámbitos inalcanzables para los demás terrestres.
Trump es, a esta altura, un adulto que optó por sacarle la careta a la hipocresía del mundo. Ya no le queda mucho tiempo de vida y ese poco tiempo lo usa para “divertirse”, burlándose de todo lo que nunca funcionó, lo que se escribía con la mano y se borraba con el codo, y de todo aquel que elegantemente pone en práctica la regla del “haz lo que digo, pero no lo que hago”.
Con esta lógica podemos entender sus caprichos en busca del premio Nobel de la Paz, sus idas y vueltas con Ucrania, Rusia, China, Groenlandia, Israel, la Unión Europea, Sudamérica etc. Todos manejan un alto nivel de hipocresía, simplemente Trump les sacó las caretas.
La hipocresía mundial.
Putin, un día se levantó de mal humor y decidió robarle territorio a Ucrania en lugares estratégicos, aniquilando civiles inocentes: un Hitler moderno sin freno. Europa levantó las banderas de la defensa de los territorios y de la defensa de la soberanía, al mismo tiempo que Inglaterra, Francia y España fueron los más destacados colonialistas; Malvinas incluidas. China se quiere adueñar de Taiwán y hacer desaparecer a Japón. EEUU quiere Groenlandia, el canal de Panamá y acaba de sacar del poder a un dictador nefasto para dejar sin petróleo Venezolano a China y Rusia. Mientras tanto, Israel masacra civiles en la Franja de Gaza y Norcorea juega a querer ser algún día como China o Rusia. Cuba sigue matando de hambre a su población en nombre de los Rolex de los Castro y del Che Guevara. Todos en nombre de la justicia, la igualdad y de sus «legítimos» derechos.
Todo se resume a una imagen patética del conocido TEG, un juego de mesa en donde todos se matan entre todos por algún objetivo azaroso. Simplemente, este TEG es real.
Como verán, las relaciones internacionales penden de un hilo de coser de mala calidad. Los negocios están por sobre el ser humano, el derecho internacional no existe, y no hay quien le ponga el cascabel al gato… o al gaterío. Las leyes son para los giles.
La hipocresía histórica en nuestro país.
Por estos días vemos por los medios varias figuritas repetidas. En Comodoro Rivadavia, cinco personas, sí, cinco, hicieron una “manifestación” en contra de EEUU. Eran militantes del “Partido Comunista”, inexistente en todo sentido. Los mismos kirchneristas que entregaron tierras al gobierno chino y robaron a mansalva hablan de defensa de la soberanía y de justicia. Los que se llenan la boca hablando de democracia defienden a dictadores y a los sufragios fraudulentos. Los que enarbolaban alegremente las banderitas ideológicas se quedaron calladitos con el caso de Lucio Dupuy y con las violaciones perpetradas por políticos enfiestados.
La naturaleza (in)humana
La hipocresía nos envuelve, nos rodea, nos asfixia. Está por todos lados. Trump simplemente ahorró tiempo, lo hizo rápido. No le queda mucho tiempo para seguir jugando y juega yendo directo al grano; actuó directamente como actúan todos, aunque el resto lo hace de manera más elegante: Una empresa telefónica estafadora, algún laboratorio para abastecer al estado, alguna mega constructora, alguna empresa pesquera, petrolera, agrícola, minera, televisiva, ganadera, transportista, etc. Todos se meten elegantemente en el terreno de todos sin importar los costos.
El petróleo venezolano estaba en manos de los chinos y los rusos a través de un gobierno fraudulento como el de Maduro. Trump quiso su tajada. El petróleo nunca fue de los venezolanos. Al menos en los últimos tiempos. ¿Acaso alguien vio que en Venezuela la venta de petróleo se haya convertido en calidad de vida para sus habitantes? Seguramente no, y tampoco vieron como Venezuela tomaba deuda multimillonaria con China a cambio de petróleo a extraer…
La repartija del planeta.
Todos, desde siempre, sabemos que el mundo se divide en tres grandes imperios: el de EEUU, el chino y el ruso. Europa es la que está descolocada; siempre tuvo el apoyo estratégico de EEUU, pero eso ya no es tan así; a Europa la reclama Putin para sí; o al menos una parte de ella: la que le sirve para estrategias geopolíticas. El resto de Europa que se arregle sola y sin recursos. Cada país está bajo el respectivo paraguas de su imperio, lo quiera o no. No existe un sólo cm2 del planeta por fuera de ello.
El tema es que no siempre las cosas salen como lo planeado. Por ejemplo, a Putin le salió el tiro por la culata y Ucrania no sólo le bombardeó casi todas sus refinerías, sino que lo debilitó frente al mundo a él y a su poderoso ejército, que resultó ser no tan poderoso ni tan preparado. La realidad se comió a la propaganda. Hoy Rusia está en una severa crisis económica y militar. En Venezuela, la fiesta interminable de Maduro se acabó. Israel recibió una paliza de misiles de sus vecinos y lo único que logró fue que estos vecinos -hasta los históricamente enemigos entre sí- se alíen en su contra. Su famosa “cúpula de hierro” terminó siendo un colador. Trump descolocó al mundo con sus tarifazos, sin conocerse los efectos al mediano plazo, y hoy quiere “comprar” Groenlandia, aunque no esté a la venta y sea “propiedad” de una monarquía… Sí… de una monarquía… que en pleno siglo XXI siguen existiendo…
Trump pateó el tablero antes de morirse, dejando expuesta la enorme hipocresía mundial y geopolítica; ¿Está bien o está mal? No hay respuesta, todo depende del ojo que lo mire.
En estos momentos al mundo sólo le queda esperar a que culmine su mandato y analizar en qué posición se encontrará cada uno. Pero todavía faltan algunos años, y durante esos años habrá quienes la pasen muy bien y otros muy mal. Por lo pronto, los únicos que están de fiesta son los fabricantes de armas.
Nunca hay que olvidar que las guerras las declaran los poderosos que no van al frente de la batalla. Una vez culminadas, son ellos mismos los que negocian con el enemigo, sobre las cabezas de sus propios soldados; un disco rayado en la historia de la humanidad que repite una y otra vez la misma melodía.
Después de todo, el ser humano transformó a la vida en un simple negocio, ¿no?




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