sturzenegger 15 dic 2015

Sturzenegger defiende la desregulación como cambio cultural profundo

Federico Sturzenegger afirmó que la desregulación impulsada por el Gobierno busca transformar la relación entre el Estado y la sociedad, más allá de la simplificación de normas.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, sostuvo que la política de desregulación promovida por el Gobierno apunta a un cambio cultural profundo en la relación entre los argentinos y el Estado, y no solo a una reducción de trámites administrativos. Según explicó, el objetivo central es revertir décadas de un entramado normativo que terminó limitando la iniciativa privada y el desarrollo económico.

En su análisis, Sturzenegger planteó que la Argentina quedó durante años atrapada en un sistema de leyes, decretos y regulaciones superpuestas que funcionaban como una barrera interna para la actividad productiva. A su entender, ese marco normativo no estaba orientado a ordenar la economía, sino a ejercer controles permanentes que desalentaban la creación, la inversión y el crecimiento.

El funcionario remarcó que la desregulación no implica la eliminación indiscriminada de controles, sino el desmantelamiento de prácticas que habían naturalizado procedimientos innecesarios. En ese sentido, describió que muchos emprendimientos se veían obligados a atravesar extensos procesos burocráticos que dificultaban su puesta en marcha y sostenibilidad.

Sturzenegger distinguió dos dimensiones del proceso de transformación. Por un lado, la normativa, enfocada en la revisión y eliminación de reglas que generaban obstáculos. Por otro, la cultural, que definió como el desafío más complejo: modificar hábitos, expectativas y un sistema de incentivos que, según señaló, favorecía el privilegio por sobre la competencia y la libertad.

En esa línea, advirtió que el cambio cultural suele generar resistencias, especialmente en una sociedad acostumbrada a un Estado con fuerte presencia en la vida cotidiana. A modo de metáfora, describió esa situación como una estructura que, aun cuando se abre, resulta difícil de abandonar por la dependencia construida a lo largo del tiempo.

El ministro también vinculó la necesidad de la reforma del Estado con el deterioro social y económico acumulado en los últimos años. Mencionó la emigración de millones de argentinos como una de las consecuencias más visibles de la falta de oportunidades y del estancamiento prolongado.

Desde su perspectiva, la transformación del Estado no debe interpretarse como un ajuste, sino como una reconstrucción de valores. Sostuvo que un Estado con menor intervención directa puede, al mismo tiempo, fortalecer su rol como garante de reglas claras, previsibles y equitativas para todos los actores.

Sturzenegger afirmó además que comienzan a observarse respuestas por parte de la sociedad tras la eliminación de trabas burocráticas, reflejadas en nuevos proyectos y una mayor dinámica económica. Si bien reconoció que el proceso aún está en desarrollo, señaló que la Argentina habría dejado atrás una lógica de reformas parciales y soluciones temporales.

Finalmente, destacó que el alcance del proceso es colectivo y no individual, y que el verdadero resultado será una sociedad que recupere la confianza en su capacidad de crecer y proyectarse a futuro.

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