*Por Juan A. Zuoza.
Estos últimos tiempos hemos visto un gran revuelo por las titularizaciones docentes en Chubut. Pero… ¿Sirven de algo las titularizaciones? ¿Mejoran en algo la calidad educativa? Te lo comentamos en los siguientes párrafos.
Un concepto arcaico.
El concepto de “titularizar” en un cargo docente (“cargo” en el más amplio de los sentidos), viene de épocas remotas que responden a organizaciones arcaicas del Estado. En Chubut sigue en vigencia la Ley VIII-N°20 que es conocida como el “Estatuto docente”.
Este instrumento legal, añejo, perdió todo sentido; no sólo fue modificada en innumerables ocasiones, sino que hay una infinidad de normas de diferentes jerarquías, que la contrarían en todos sus aspectos. Incluso hay normas de jerarquía inferior que la contradicen. Parece ridículo, pero es la realidad.
De hecho, la estructura normativa sobre educación en Chubut es un completo desastre desde hace décadas y es tan compleja que nadie tiene el conocimiento para reformarla, tanto desde lo institucional como desde el contexto jurídico general.
Esto lo expliqué detalladamente en mi libro “Los cambios que necesita la educación en Chubut”, 2022, el cual puede descargarse gratuitamente en el siguiente link:
https://drive.google.com/file/d/1UAumRp210EnWKiqWK97958yd0QM_QUWS/view?usp=sharing

Pero, volviendo al eje principal, ¿Para qué sirve una titularización? Para nada. Sí, tal cual lo leyó; no sirve para nada; genera más problemas que soluciones. Y le voy a pasar a explicar por qué.
La ley establece tres situaciones de revista: Titular, Interino y Suplente. También –por fuera de la ley, como muchas veces pasa– crearon la figura del “provisorio” que técnica y legalmente no existe en la actualidad, pero en algunos establecimientos la siguen aplicando como consecuencia de la ignorancia imperante y eterna en nuestro sistema educativo.
El titular, en teoría, sería el que es dueño inamovible de su puesto, aunque también puede ser dado de baja por diferentes causales, como el cierre de un espacio en el que es titular, o de una escuela. Sólo tiene una pequeña ventaja de poder estar con cierta prioridad a la hora de elegir un nuevo cargo si fue dado de baja. Jubilarse siendo titular es mucho más burocrático.
El interino es casi lo mismo que un titular. En la práctica tiene la misma estabilidad que un titular y los mismos derechos y deberes. Solamente es desplazado con un concurso de titularización. No existe otra forma de darlo de baja. Y como las titularizaciones se dan cada 20 años… ¿A quién le importa realmente la titularización?
Eso sí, varios gobiernos dieron de baja a diestra y siniestra a cualquiera, independientemente de su situación de revista, y ante la ausencia de un sindicato que sirva para algo y ante la total ignorancia de los docentes de sus derechos y obligaciones.
Sí hay una especie de psicosis colectiva, en donde hordas de docentes se empiezan a preocupar y tratan de matarse entre sí por una titularización. Un sinsentido absoluto, carente de toda fundamentación práctica y mucho menos pedagógica.
¿Sirve la titularización para que haya mejores docentes?
No, en absoluto. Especialmente porque los que concursan para titularizar son los que tienen un puntaje muy alto en el listado de la Junta de Clasificación Docente. Pero hete aquí que mucha de esa gente llegó a tener puntajes altísimos porque hicieron varios cursos inútiles y muy mal dados que les otorgaron puntaje; incluso mencionando un total de horas de cursada ficticio.
Durante las últimas dos décadas hubo un verdadero “curro” con los cursos de “capacitación” docente, que no eran más que farsas impresentables, dictados por muchos caraduras que en vez de ganar experiencia en las aulas conseguían “el currito” de dictar cursos inservibles. Algunos eran pagos y otros bancados por los gobiernos de turno.
Esto se refleja en la tapa de mi libro, que es la imagen de una nota escrita por una persona que ostentaba uno de los más altos puntajes en los listados docentes, llegando a tener un alto cargo jerárquico, sin saber escribir, ni percibirse coherencia discursiva en sus escritos, y mucho menos conocimiento sobre sus funciones.
Es así como los listados no exhiben a los más capacitados en la cima, sino a muchos de los que buscaron sacar ventaja sobre otros haciendo cursos inútiles desde el punto de vista profesional.
Mientras tanto, los que ganaron verdadera experiencia en las aulas, quedan debajo; quedan afuera.
Por eso es que las titularizaciones no sirven para nada, al menos en este contexto tan decadente. Ni dan estabilidad extra, ni pone a los mejores en los cargos.
Una guerra sin sentido.
Estos concursos se terminan transformando en guerras entre docentes desesperados por sacarle el puesto a otro; puestos que desde un principio obtuvieron por concurso.
Todos los docentes, excepto algún que otro corrupto, llegaron a sus cargos concursando; no existe otra forma. Los cargos vacantes se publican abiertamente y se elije al que supuestamente está mejor preparado. Es por ello que es ridículo que haya titularizaciones para desplazar a otros que ganaron su puesto anteriormente.
Los cambios que se necesitan.
Lo que realmente se debe hacer, tal como planteo en mi libro, es un cambio rotundo de toda la normativa. En Chubut, años después de aprobarse la Ley nacional 26.206, tuvieron la oportunidad de hacer una modernización del sistema educativo, pero todo quedó en la nada misma.
Sólo por populismo, crearon la ley provincial VIII-91, que es una copia berreta de la Ley 26.206 y que a casi 20 años de haber sido aprobada, no cambió nada, ni sirvió para nada. Todo siguió en la misma decadencia.
Resulta indispensable reestructurar totalmente el sistema de Juntas de Clasificación Docente; un sistema vergonzante, con gente cobrando sueldos para resultados patéticos basados en concepciones arcaicas. Se necesita más gente en las aulas y menos gente administrando papeles inservibles.
El tema de las Juntas de Clasificación Docente tiene un desarrollo especial en mi libro.
Es imprescindible la reevaluación de los cursos que otorgan puntaje a los docentes, ya que jamás tuvieron vinculo alguno con el profesionalismo; de hecho, está a la vista que, a pesar de tantas capacitaciones en tantos años, la educación cayó a sus niveles más bajos de su historia.
Y finalmente, hace falta coherencia. ¿Cuál es la fundamentación pedagógica para generar estas guerras entre docentes por un puestito que otro ya lo había concursado? Ninguna.
La educación y su estructuración no deben basarse en instrumentos inservibles; la educación es la única herramienta que tiene un país para salir adelante y es una inversión a largo plazo. ¿Algún día lo aprenderemos?




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