INOPERANCIA DE OTAÑO

Retrato de un funcionario incompetente: antecedentes de Danilo Hernández Otaño

*Opinión.

El ahora ex intendente del Parque Nacional Los Alerces tenía sus días contados como funcionario al mando de esa intendencia. No era para menos; traía un cúmulo muy pesado de fracasos e inacciones que llevaron a la destrucción de sectores de uno de los parques más bellos de américa del sur, con especies milenarias únicas de la Patagonia.

Su pésima gestión en la intendencia generó en varios sectores de la sociedad el pedido unánime de su renuncia, junto a la de otros funcionarios que lo acompañan.

La Asociación de pobladores de la Reserva Los Alerces, con pobladores hartos de la incompetencia, dio el puntapié inicial en una cadena de pedidos de renuncia tajantes e inamovibles: Cámaras de comercios, de turismo, empresariales, sectores sociales, funcionarios de diversos partidos, etc. Todos exigiendo la renuncia de quien, a la vista de los hechos, fue el peor intendente de la historia de los Parques Nacionales.

Su defensa.

Lo único que le quedó a este funcionario en retirada fue salir mediáticamente a inventar excusas que justifiquen su accionar. Así lo hizo en la jornada de ayer en diversos medios, intentando explicar que haber mandado un puñado de brigadistas durante el primer mes de incendio está más que justificado. Inconcebible, pero real.

A Hernández Otaño no se le ocurrió mejor idea que despotricar contra enemigos imaginarios para intentar tapar su propia incompetencia frente al incendio más grande en la historia del Parque Nacional.

Quiso desligarse de su responsabilidad frente al incendio aduciendo infantilmente que él es un intendente y no un bombero, por lo que no es su función apagar incendios.

Paradójicamente, al mismo tiempo trataba de explicar procedimientos para el ataque del fuego, justificando lo hecho hasta el momento. Pareciera que para la responsabilidad penal Otaño no es un entendido del tema, pero para justificar los hechos, se muestra como tal… inconcebible.

El desinterés por prevenir emergencias.

El discurso al estilo “manotazos de ahogado” del ahora ex intendente del PNLA, en donde pretende “dar cátedra” de seguridad en los medios, se cae en la misma entrada a su oficina: allí yace un matafuegos en el piso, vencido, con cartelería rota. Así y todo, tiene el caradurismo de hablar de prevención. “Hablar” debe ser su fuerte, porque “hacer”, no es algo que se ha evidenciado.

El “catedrático” en seguridad también tiene cables eléctricos expuestos en la entrada a su oficina, mampostería que se desprende de las paredes y luces de «emergencia» desconectadas de la red eléctrica… Total… ¿Para qué preocuparse, no?

Pero eso no es todo, es apenas el principio. Hace tiempo que no hace nada para prevenir los incendios forestales. Un claro ejemplo de ello, es el deplorable estado del tendido eléctrico que corre desde la vieja usina a la zona del Bahía Rosales, donde hay constantes principios de incendio porque la línea atraviesa el bosque, los postes están podridos en sus bases y los árboles no dejan de caerse sobre los cables de media tensión.

Si todavía no hubo un gran incendio por la línea eléctrica, no fue por prevención, fue porque Dios no quiso.

Los pobladores hace tiempo atrás radicaron una denuncia penal por negligencia sobre este tema. Hernández Otaño sólo atinó a que se contrate precariamente a unos trabajadores para que poden los alrededores de la línea eléctrica, dejando por meses los residuos forestales debajo de la peligrosa línea de media tensión… algo parecido a dejar un bidón de nafta al lado del calefón.

El intendente tuvo el “caradurismo judicial” de informar a la fiscalía que se estaban haciendo los trabajos de mantenimiento; falacia simplemente comprobable con mirar el sector: los postes siguen podridos, remendados, torcidos, sin suficientes aisladores, ramas tocando las líneas y… como era de esperar… la vegetación volvió a crecer alrededor y nuevamente es imposible acceder a reparar las líneas eléctricas.

Como tampoco previó la recolección de los residuos forestales, tuvo la brillante idea de “quemarlos in situ” en estación de verano, la temporada anterior, dejando los rastros de las quemas no sólo en el piso, sino en innumerable cantidad de ramas de coihues añejos vivos y en pie, cuyas ramas se quemaron por esas quemas.

Pero las ramas de los coihues no sólo se quemaron por esas quemas… también se las ve quemadas a simple vista, por rozar constantemente con la línea eléctrica. Hecho que desde hace años parece no importarle al defensor de lo indefendible.

Tampoco le importó que el tendido eléctrico alimenta a puestos de guardaparques, centrales de comunicación, instalaciones para el turismo y poblaciones en general, que han llegado a estar 45 días sin luz en plena temporada turística. Total, su sueldo lo seguía cobrando igual y si no había turismo, mejor para él… menos trabajo para hacer.

Otaño tampoco permitió la agilización de retiro de árboles muertos, que son un combustible peligroso en los bosques, esperando a arder descontroladamente.

Hay casos de pobladores que han acumulado leña para vender (con los respectivos permisos) pero una vez finalizada la temporada de CORTE, no les dejaban retirar la leña del lugar, permitiendo la permanencia de un “polvorín” en las poblaciones.

A esta altura, escuchar a Hernández Otaño dar cátedra de prevención, causa confusión en los oyentes, que no saben si se está burlando de ellos, si es cínico, o tiene inhabilidad para comprender su propia incompetencia. Lo cierto es que no parece tener capacidad alguna para haber estado en el cargo del que recientemente fue desplazado.

Lamentablemente, para que algunas personas se dieran cuenta de este grado de desmanejo del PNLA, costó la vida de miles y miles de hectáreas de bosque quemados y que se siguen quemando.

Los incendios anteriores

La incompetencia exhibida en el actual incendio es similar a la ocurrida la temporada anterior con el incendio que arrasó con 8000 hectáreas de bosque nativo. Ese era el incendio más grande de la historia del PNLA, pero Hernández Otaño en 2026 batió su propio récord con el incendio actual, habiendo superado holgadamente tal superficie.

En aquella oportunidad, Otaño habría sido notificado previamente sobre intentos de inicio de fuego en el lugar en donde terminó iniciándose aquel siniestro. A pesar de ser notificado, ni siquiera se molestó por arbitrar los medios para hacer guardias en el sector con el drone que tiene sensores térmicos. Si lo hubiese hecho, el fuego no hubiese podido crecer y hoy seguiría el bosque de pie.

En aquella oportunidad también hubo brigadistas sin alimento, recurriendo a los pobladores por comida, brigadistas totalmente desorientados geográficamente, y hasta hubo acusaciones de que la flamante jefa de guardaparques se negó a transportar brigadistas en su impecable camioneta oficial por haber culminado su jornada laboral de actividades desconocidas y para presuntamente no manchar la camioneta que usa a diario para desplazarse de su domicilio a la intendencia, distante a tan sólo 70 metros de distancia.

La noche del inicio de aquel fuego encontró solos a un puñado de pobladores luchando contra el fuego. Ninguna autoridad dio la orden de ayudarlos en los momentos iniciales del incendio.

El grupo de “trabajo” de Otaño.

Si el Parque Nacional Los Alerces se encuentra en estado deplorable de conservación, también se debe analizar al grupo que formaba parte de la estructura disfuncional de Otaño.

Allí encontramos a la Jefa de Guardaparques, Laura Fenoglio, con un currículum repleto de espacios en blanco y con auto alabanzas que hablan de capacidades que no están a la vista; con serios problemas con todo el personal, pobladores y prestadores.

También está su ex marido, Mario Cárdenas, un sindicalista a cargo del ICE, al cual varios brigadistas locales y de otros puntos del país lo señalan como alguien que traicionó a las bases en negociaciones paritarias. La relación con su ex pareja distorsionaba el funcionamiento institucional, especialmente en casos de emergencia, donde más profesionalismo se necesita.

También encontramos a Andrea Castosa, como Jefa de la oficina de Uso Público, que tampoco ha dado muestra de capacidad alguna en su cargo y sobreviviría gracias a que una empleada administrativa le resuelve los problemas. Su caso sería tan preocupante que hasta le tuvieron que poner una suerte de “Jefe a la Jefa” para que resuelva lo que no sabe resolver… tres sueldos para hacer el trabajo de uno.

Y finalmente el guardaparque “Kitty” Vellido, con clara habilidad para actuar por fuera de todo reglamento creyendo que está cumpliendo con su deber. Pichón de sus superiores ineptos, herramienta útil para la desorganización y el caos del PNLA. fue el que no dejaba ingresar en el campo afectado a los brigadistas en el inicio del último gran incendio.

Hay, contra estas figuras, varias acciones administrativas con pedidos de sumarios y denuncias penales por sus reiterados comportamientos y acciones impropias. Muchas cajoneadas, como es costumbre en la administración pública. Después ocurren los desastres como el que estamos viviendo.

Un cambio aparentemente positivo.

La intervención de la intendencia del PNLA llevada a cabo por decisión de la Presidencia de la Administración de Parques Nacionales, huele bien. No estamos acostumbrados a aplaudir ningún accionar administrativo, por lo que es prudente tener cautela.

Sin embargo, el desplazamiento de algunas de estos personajes denunciados es un hecho muy positivo.

Sumado a ello, el interventor designado, Ariel Rodríguez, sería una muy buena opción, en virtud de haber llevado hace algún tiempo atrás, una administración de esta misma intendencia de manera coherente; con sus virtudes y defectos como cualquier persona, pero coherente y bien predispuesto a la buena convivencia general.

En tanto Carolina Juárez, a cargo del ICE, también es una noticia alentadora. Es una persona con formación y conocimiento en materia de incendios forestales y muchos años de experiencia, con muy buen trato con el personal y los pobladores.

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