Las noticias sobre el cierre masivo de panaderías muestran cifras absurdas y contradictorias: de 1.100 a 14.000 en pocos meses. La mentira tiene patas cortas y un claro fin político.
En Argentina, el pan no solo es un alimento básico: es un termómetro social. Y cuando aparecen titulares que hablan de “miles de panaderías cerradas” uno espera que el periodismo actúe con seriedad. Sin embargo, lo que vemos es todo lo contrario: datos falsos, cifras infladas y una cobertura bizarra que repite sin el menor análisis lo que conviene en época electoral.
A principios de año, se aseguraba que habían cerrado 1.100 panaderías desde 2023. Apenas unos meses después, el mismo referente del sector declaró que cerraron 14.000 en 18 meses. ¿Cómo se puede pasar de una cifra a la otra sin que ningún medio se detenga a preguntar? La respuesta es simple: no se busca informar, se busca impactar al electorado con números diseñados para dramatizar la crisis.
El pan como excusa electoral
La manipulación no es inocente. El pan es lo último que un argentino deja de comprar, porque forma parte de la mesa cotidiana. Pretender que la gente “ya no come pan para poder comprar leche o carne” es un disparate presentado como verdad revelada. Nadie sustituye el pan por otro alimento: lo que existe es una estrategia discursiva para instalar un clima de catástrofe.
El periodismo, en lugar de cuestionar, se convirtió en vocero de estas exageraciones. Los medios repiten como loros estadísticas imposibles, sin el más mínimo contraste ni sentido común. Es un espectáculo grotesco que degrada la función esencial del periodismo: informar con rigor y proteger al ciudadano de la manipulación política.
Cifras que no cierran
Si uno toma los datos al pie de la letra, la conclusión es ridícula. Pasar de 1.100 cierres a 14.000 en pocos meses implicaría el colapso total de la industria panadera. Pero la realidad contradice el relato: las panaderías siguen abiertas, el pan sigue en las mesas y la mayoría de los barrios conserva su despacho de confianza. La crisis es real, sí, pero no en los términos apocalípticos que se pretenden instalar y es una crisis que lleva años, no meses.
La degradación del periodismo
La cobertura mediática del tema confirma un problema profundo: la descomposición del periodismo argentino, que ya no cumple su rol de contrapeso al poder político y económico. En plena campaña electoral, los medios se limitan a reproducir cifras sin respaldo, a construir titulares de impacto rápido y a generar pánico en la población.
Esa práctica no es periodismo, es propaganda disfrazada de información. Y lo más preocupante es que normaliza la mentira como herramienta de manipulación social.
Lo que realmente sucede:
Las panaderías atraviesan dificultades, como cualquier sector golpeado por la inflación que gestó el gobierno de los Fernández. Pero inventar cifras y convertirlas en noticia no refleja la realidad: refleja la decadencia de un periodismo que perdió credibilidad y se volvió funcional a los intereses electorales. Y cuando el periodismo falla, lo que se resiente no es solo la verdad, sino la confianza de la sociedad en su derecho a estar informada.




Deja una respuesta