En medio de la crisis económica que atraviesa la provincia, la Diputada Norma Arbilla presentó ante la legislatura de Chubut un vergonzante y patético proyecto de Ley que desató un fuerte rechazo por su inviabilidad financiera y su espíritu netamente electoralista. Se trata del Proyecto de Ley 014/26, de la diputada Norma Arbilla (Arriba Chubut), que propone la creación de un “Programa Provincial de Desendeudamiento Familiar” utilizando fondos públicos para subsidiar las tasas de interés de los créditos privados ya tomados del Banco Chubut.
Básicamente, Arbilla pretende que todos los chubutenses les paguemos a todos los que malgastaron su dinero en forma privada las deudas que contrajeron con el Banco Del Chubut. Sin importar en qué gastaron…
La iniciativa, que ya fue girada a las comisiones de Presupuesto y Hacienda y de Asuntos Constitucionales, busca que el Estado provincial intervenga para que las familias puedan unificar sus pasivos en un solo endeudamiento. Según la argumentación de la legisladora, se intenta “aliviar” la carga de quienes enfrentan tasas que calificó como “prácticamente usurarias” en el sistema financiero.
Sin embargo, lo que Arbilla presenta como una solución social es, en el análisis profundo, una muestra más del populismo berreta que tanto daño le ha hecho al país y a las arcas estatales. La propuesta no solo implica un gasto fiscal millonario sin un destino claro de financiamiento, sino que pretende utilizar el dinero de todos los chubutenses para pagar las deudas de particulares. En un contexto donde el Estado debe garantizar servicios esenciales, desviar recursos para saldar el uso irresponsable de las tarjetas de crédito es un despropósito que raya en lo irresponsable.
La diputada intentó justificar el descalabro fiscal de su proyecto con una comparación que generó malestar en el oficialismo. “Este proyecto de ley lo que pretende es crear un fondo que por ahí es hasta menor a lo que se le ha pagado como indemnización a los trabajadores de Red Chamber por parte del Estado provincial”, disparó Arbilla, buscando validar su iniciativa en base a una crítica lateral al gobierno.
Más allá de la comparación falaz, el fondo de la cuestión revela una mentalidad precaria en materia de administración pública. La trayectoria de Norma Arbilla ha estado marcada por una constante dependencia del Estado, ocupando cargos en los que nunca demostró talento o capacidad técnica. Este proyecto de ley no es más que un intento desesperado por arañar visibilidad política de cara al 2027, ofreciendo una solución mágica e inaplicable que solo profundizaría el desorden fiscal de la provincia.
Crear un fondo para pagar tarjetas de crédito de particulares es una aberración económica, un insulto a la inteligencia; una precariedad intelectual alarmante. No se sabe en qué gastaron su dinero los beneficiarios, ni se establecen controles para evitar la especulación. Es una invitación al despilfarro y una afrenta para aquellos ciudadanos que cumplen con sus obligaciones sin esperar que el Estado les solucione los gastos de su vida privada.
El debate debería centrarse en bajar el gasto público, no en aumentar la liturgia de la dádiva. La propuesta de Arbilla, lejos de ser una solución, representa el síntoma más grave de la política chubutense: la creencia de que el Estado es una extensión de la billetera personal para salvar a unos pocos a costa del bolsillo de todos.
Quizás, habría que calcular cuántos años de salarios del estado ha percibido Arbilla para un desempeño totalmente ineficiente y pedirle que devuelva los importes. Quizás, con esos fondos hasta se desendeude a la provincia.




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