marcha de la CGT 18 dic 2025

Marcha de la CGT: una protesta política que usa a los trabajadores como rehenes

La marcha y la amenaza de huelga de la CGT responden a una estrategia política del kirchnerismo, no a una defensa real del trabajador, y buscan frenar reformas laborales necesarias con argumentos falsos.

La CGT volvió a ocupar la calle con un libreto conocido: rechazo frontal a la reforma laboral, advertencias de paro nacional y un discurso que apela al miedo. La movilización frente a la Casa Rosada no fue una defensa genuina del empleo, sino una demostración de fuerza política alineada con el kirchnerismo, que intenta condicionar al Gobierno y preservar privilegios sindicales de una dirigencia multimillonaria desconectada de la realidad del trabajador común.

Los líderes cegetistas calificaron la reforma como “regresiva y precarizadora”, pero ninguno de sus planteos resiste el menor análisis. Se acusa al Gobierno de promover despidos masivos y de debilitar derechos, cuando en realidad se discuten cambios orientados a modernizar un sistema laboral rígido que expulsó a millones a la informalidad. La CGT falta a la verdad al presentar el trabajo como una variable que el Estado pretende “abaratar”, cuando el objetivo es generar empleo formal y competitivo.

Las amenazas de paro nacional confirman el carácter extorsivo de la protesta. Lejos de defender a los trabajadores, la central los toma como rehenes de disputas políticas y de negocios espurios que sostienen cajas sindicales opacas. Cada medida de fuerza paraliza la actividad, castiga a pymes y trabajadores independientes y profundiza la crisis que dicen combatir.

La población está harta de estas acciones. El descrédito sindical crece porque la CGT no propone soluciones, sólo bloqueos. Mientras miles buscan empleo, los jefes gremiales preservan su poder y su patrimonio. El paro no es una respuesta social: es una maniobra política para frenar cambios que amenazan un statu quo que beneficia a pocos y perjudica a muchos.

En lugar de discutir con honestidad cómo crear trabajo y reducir la informalidad, la CGT elige el conflicto permanente. Así, lejos de representar al trabajador, confirma que su agenda es partidaria y que su método es el chantaje.

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