Hoy presentamos la tercera edición de “Los cambios que necesita la Argentina y que ningún gobierno quiere hacer”, un espacio a cargo de Juan Zuoza, en donde se analizan distintos aspectos de la organización social y política del país que repercuten en la calidad de vida de los argentinos. En esta edición, Zuoza nos comenta a través de Patagonia Argenta -La emisora de Chubut.org- las cuestiones relativas a la forma de operar de la mayoría de los sindicatos en este país y las necesidades de cambio iperantes.
¿Sindicatos, mafias, o búnkeres políticos?
Muchos sindicatos conforman estructuras cuasi mafiosas (aunque podríamos eliminar la palabra “cuasi”) para el enriquecimiento ilimitado de los titulares de los sindicatos. Pero, ¿Por qué pueden enriquecerse? Básicamente, los sindicatos en Argentina nunca funcionaron como lo que debieran ser: organizaciones que busquen defender los derechos laborales de los trabajadores, evitando los abusos de las patronales.
Los sindicatos como “modelo de negocio”
Las mafias sindicales, además de financiarse mediante aprietes y extorsiones, montaron engranajes de corrupción, lavado de dinero e ingresos espurios. Lo más clásico son las obras sociales y los hoteles manejados por los sindicatos. El dinero aportado por los trabajadores se transforma en obras que ejecutan los amigos de los jerarcas -con sobres de por medio- atendidos por familiares o acomodados de privilegio, al mismo tiempo que todo servicio prestado es brindado por “gente amiga”.
Un caso muy peculiar es el manejo de obras sociales. Sin ningún tipo de control, se pueden facturar servicios médicos no prestados, o prestados pero sobrefacturados, con comisiones para el que pone la firma y un paquete de dinero para el que lo autoriza. Todo, sin contar también con el personal afín a las mafias, que es contratado con sueldos que pagan los trabajadores.
Los sindicatos como paralizadores del progreso nacional.
Dentro de las “transacciones” típicas que dañan al país, nos encontramos con la imposición de medios de transporte obsoletos, caros e impropios, como los camiones. Los sindicatos fueron los impulsores y defensores del exterminio de las redes ferroviarias en nuestro país, eliminando el medio preferido en cualquier parte del mundo para la distribución de mercaderías entre localidades muy distantes. Fue un crimen imperdonable que sentenció a toda la población a pagar sobreprecios en todo lo que consume por los elevadísimos costos del transporte en camión. Pero eso no es todo; eleva exponencialmente los costos de transporte de mercaderías de exportación, haciendo que los productos argentinos tengan muchos problemas para competir con sus precios en mercados externos, generadores de divisas imprescindibles para nuestro país.
Podés ver el streaming de Patagonia Argenta aquí debajo:
https://www.youtube.com/watch?v=pnVs4jqp1uY
El cascabel al gato.
Pero hete aquí que nadie le pone el cascabel al gato. Estamos condenados a que el sistema mafioso tercermundista que nos hunde y nos humilla, siga en pie, en beneficio de las mafias sindicales y de los políticos que se prenden en las coimas para que no cambie nada.
Los cambios que se necesitan
La legislación argentina tiene que ser totalmente estricta y restrictiva. La única actividad compatible con los sindicados debe ser pura y exclusivamente la defensa de los derechos de los trabajadores, ni más, ni menos. Ningún sindicato debe tener permitida ninguna otra actividad ajena a la defensa de los derechos. Los sindicatos tienen que tener prohibida la adquisición de bienes ajenos a su única finalidad. Ni obras sociales de los sindicatos, ni hoteles, ni automóviles de lujo, ni nada que se les parezca. La legislación tiene que ser totalmente reescrita, garantizando que únicamente los sindicatos se aboquen a la defensa de los derechos, ni un milímetro más allá de eso.
Fin de reelecciones indefinidas.
Ante la catástrofe mafiosa sindical actual que reina en el país, es primordial que se avance también en la prohibición de reelecciones de autoridades, ya sea para el mismo cargo o para otros, garantizando la renovación de autoridades y evitando el enquistamiento de los que asumen para beneficio propio y no ir a trabajar.
Asimismo, todo trabajador que esté representado por un sindicato tiene que tener la obligación de votar, independientemente de haberse afiliado o no. Este es un caso típico de Chubut, con Atech, en donde un grupo minúsculo de docentes elijen autoridades de un sindicato que firma convenios que involucran a todos los docentes. Ese grupo minúsculo se asegura que no haya más docentes afiliados que sus propios votantes, generándose un círculo vicioso de falsos representantes que terminan transando con los gobiernos en nombre de todo el gremio. El voto masivo obligatorio permitiría que de a poco el parasitaje sindical se vaya eliminando y alentaría a otros docentes a afiliarse y participar en las elecciones.
Cambios en el código penal
La representación de los trabajadores debe tomarse de una vez por todas como acciones de la máxima responsabilidad y transparencia. Todos los delitos relativos a las transacciones de los representantes sindicales por fuera de sus obligaciones, deben ser perfectamente tipificados y castigados muy duramente con penas que desalienten cualquier tentación de usufructo personal o mal desempeño.
Hoy los sindicatos carecen totalmente de seriedad, formalidad, transparencia, credibilidad y profesionalismo. Son, básicamente, entidades de falsa representación, corruptas e incompetentes para los fines creados. El trabajador también debe tener herramientas legales para accionar en contra de los sindicalistas que no cumplen con sus funciones.
La utopía de lo lógico.
Este país llegó a la ruina social, política y económica por lo que llamo “la utopía de lo lógico”, en donde lo que natural e inteligentemente se debe hacer, no se hace. Es como chocarse una y otra vez contra la misma pared y al mismo tiempo exigir soluciones. Los problemas de este país se tienen que cambiar de raíz. Y para ello no se necesitan grandes pensadores ni eruditos; si tan sólo siguiéramos el camino de la razonabilidad, el equilibrio y la lógica, este país estaría dentro de los más avanzados del mundo. Tenemos todo para hacerlo, pero nada se hace, y lo que se hace para bien, es fuertemente repudiado por sectores enquistados en los vicios dañinos descritos.
Siempre digo que la mejor representación de la actualidad, la escribió Enrique Santos Discépolo hace casi 100 años en su insuperable tango “Cambalache”. Una y otra vez se repite la historia allí descrita, como si el disco estuviese rayado. Quiero convencerme de que algún día alguien levantará la púa del tocadiscos y saltará el sector dañado para que el disco llegue al final y todo sea un recuerdo del pasado.



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