El cambio de paradigma turístico en tiempos de nuevas reglas económicas.
La Argentina estuvo aislada del mundo por varias décadas. Hemos vivido una prohibición de salida del país durante largos años. Por supuesto, no se trató de una prohibición explícita a la libertad de circulación, sino de una prohibición indirecta cuyas bases yacían en la prohibición de adquisición de moneda extranjera para poder irse a otro país.
Pero eso no fue suficiente: llegaron a prohibirnos usar las tarjetas de crédito para poder comprar un pasaje al exterior en cuotas. Eso tampoco fue suficiente: los montos de los pasajes muchas veces superaban los montos máximos aceptados por las tarjetas.
Paralelo a ello, los amigos de aquellos gobiernos que estaban en la timba cambiaria, eran los únicos que accedían a los dólares reales e inventaron el “dólar Blue”, un dólar especulativo para abusar de los que teníamos prohibido comprar dólares y así nos estafaban. Sólo los políticos viajaban libremente y sin problemas con las divisas.
La Argentina estaba en total quiebra, con los mega negociados sucios que el kirchnerismo hacía con los pocos dólares circulantes.
Esa anormalidad, sólo vista en los peores países del tercer mundo, se transformó en nuestra triste cotidianeidad. La anormalidad pasó a ser lo normal en estas latitudes.
Los argentinos, vedados de poder salir del país, no vieron otra salida que transitar nuestro propio país. Y sí, la desgracia económica del país también generó movimientos en el sector turístico interno.
Afortunadamente, nuestro país cuenta con bellezas paisajísticas únicas para el disfrute nuestro y de extranjeros. Pero falta mucho por construir.
Un nuevo comienzo.
La Argentina está entrando en una etapa de normalidad macro económica: cualquiera puede comprar dólares sin limitaciones; el dólar blue ya no conviene, no es necesario y tiende a desaparecer; hay cierta estabilidad y previsibilidad económica; de a poco empiezan a aparecer líneas de crédito más amigables con el bolsillo.
Y esto trajo una clara consecuencia: los argentinos de clase media por primera vez en muchos años pudieron darse el gusto de ir al exterior de vacaciones. Y no sólo eso: el peso argentino ahora tiene valor constante, no hay devaluaciones, sino lo contrario: el peso empezó a tener un valor real.
¿Acaso alguien le puede echar la culpa a los argentinos que estuvieron enjaulados económicamente durante los gobiernos anteriores, de darse el gusto de irse al exterior? Ni hablar de la época de la pandemia.
¿Argentina es cara para el turista?
En Argentina, casi toda actividad económica siempre fue -en general- de baja calidad y muy cara. El argentino tiene en su ADN esa cosa de querer ganar plata fácil y rápido; un poco como mecanismo de autodefensa ante los vaivenes económicos tercermundistas que nos reinaron, y un poco por la “tinelización de la gente” (única frase rescatable de De La Rúa) en donde se impuso la cultura de la plata fácil, sin trabajar, y como fruto de hacer el ridículo y estupideces con el mínimo esfuerzo.
Y así vimos el verano pasado a una Mar del Plata merecidamente vacía de turistas. Fue el ícono de la estupidez argentina: vender a precios exorbitantes un producto turístico que no vale ni la vigésima parte de las tarifas publicadas.
¿Cómo no irse a las hermosas playas de Brasil, cuando en Argentina te estafan? Además, sinceramente, los servicios en las playas argentinas son de inferior calidad que en las brasileras, en todo sentido.
En Brasil, tanto la hotelería como el transporte y la comida resultan baratísimas para el argentino. Es que no sólo es que el peso argentino cobró valor, sino que los salarios de la clase media aumentaron en dólares hasta 5 veces. Un sueldo promedio durante el gobierno de Fernández-Kirchner rondaba los miserables US$200 a US$300 para la clase media: lo más bajo del planeta. Hoy, según el rubro, esa cifra es impresionantemente mucho más alta.
El mundo no cambió. Los que cambiamos fuimos los argentinos, que ahora podemos empezar a hacer de a poco lo que estuvimos vedados de hacer por el kirchnerismo. El poder adquisitivo de los argentinos cambió enormemente, más allá de las necesidades que muchos otros aún padecen por décadas de hundimiento económico.
La Argentina tiene precios caros para el turista extranjero y para el turista nacional. No obstante, el turista extranjero puede solventarlo. El turista argentino busca salir del país tras años de encierro y encima encuentra oportunidades baratas en el país vecino.
Hoy se escuchan voces opositoras al gobierno sugiriendo que todo era mejor con los gobiernos anteriores. No existe un solo parámetro para sustentar ese tipo de afirmaciones. Lo que sí existe es un total cambio de paradigma: la Argentina empezó a manejarse con códigos similares a los países del primer mundo, aunque le falte mucho para acomodar y poder equipararse.
Es mentira que antes el país era más barato. La mayoría de las mercancías siempre estuvieron dolarizadas en este país y siempre las pagamos fortunas. De hecho, durante la época de Fernández-Kirchner era más barato comprar en un supermercado europeo que en uno argentino. Y para peor, lo único no dolarizado eran los salarios, y por ello, la mayoría de los argentinos no podía comprar los productos básicos.
La mentalidad argentina sigue en pie en grandes sectores que mueven el mercado: hoy las grandes cadenas de supermercados pretenden seguir ganando las insultantes cifras de ganancias que siempre manejaron a costa de que los argentinos se desangren pagando precios elevadísimos.
Pero las nuevas reglas de juego, como la apertura de importaciones y la estabilidad económica van a llevar a los grandes estafadores de los argentinos a un callejón sin salida: o se adaptan o desaparecen. Ya empezamos a ver varias ofertas en las góndolas, aunque todavía siguen los márgenes de ganancia por las nubes.
Lo mismo ocurre con el turismo: hay que adaptarse a las nuevas reglas.
El turismo en la cordillera chubutense.
Hoy por hoy, julio de 2025, la cordillera chubutense tuvo una triple mala pasada: no supo atraer turistas más que para esquiar; este año la ola polar no dejó que caiga nieve; y la pésima concesión que se hizo Arcioni del centro de deportes invernales “La Hoya” ya está dejando sus muertos. Esto último era un fracaso anunciado desde el primer día en que fuera concesionada a la misma empresa que maneja otro centro de ski, y que de ninguna manera iba a permitir que el turismo migre para estas latitudes: fue básicamente, a los ojos de muchos, una empresa que compró a su propia competencia para fundirla y que el turista se quede en Bariloche.
Y la cosa fue mucho peor: los esquelenses perdieron su centro de ski familiar. Hoy, esquiar, para los esquelenses es imposible por los precios abusivos impuestos en su propio centro de ski, creado por familias esquelenses y hoy administrado por extraños que les importa un pito Esquel y sus alrededores. La administración de la concesión fue desastrosa desde el primer momento y los impactos nunca fueron positivos.
Paradójicamente, La Hoya era una de las pocas cosas estatales que funcionaban relativamente bien y los malos términos en que se realizó su concesión no trajo beneficio alguno a la economía local ni provincial. Si la concesión hubiese sido de manera inteligente, hoy estaríamos hablando en otros términos.
Las concesiones deben incluir la promoción en el exterior, la apertura de nuevas pistas, la expansión del mercado turístico y prever las alternativas en caso de falta de nieve. Las concesiones tienen que ser un fomento para la inversión privada y no un estancamiento monopólico a merced de los caprichos de una empresa que tiene muy malos antecedentes hasta en otros rubros que maneja.
Atractivos turísticos de la cordillera en estado de abandono.
Sin duda alguna, el mayor atractivo turístico de la cordillera chubutense es el Parque Nacional Los Alerces. Este parque, a pesar de sus atractivos naturales únicos, que son el motor de toda la economía turística regional, está en manos de la peor administración de la Intendencia del Parque Nacional en toda su historia.
El intendente, Danilo Hernández Otaño, designado en los últimos momentos del gobierno de Alberto Fernández, siguió en línea con el modelo desastroso del manejo del Estado. El Parque Nacional Los Alerces se encuentra literalmente en estado de abandono en todo lo que sea de uso público. Pintado como muñequito de torta, lo único que supo hacer es lobby con Larsen para mostrar lo que no es y perdurar en el cargo a falta de reemplazantes.
No existen incentivos al turismo, no existe la información al turista, no existe la más mínima política de fomentar la industria turística, no existe planificación. Todo es arbitrariedad, burocracia, negacionismo, pereza, inoperancia, malas relaciones con prestadores, amiguismo, etc. Es más fácil seguir cobrando el sueldo sin turistas, que tener que estar cobrando el mismo sueldo y “encima” recibir gente.
Esquel, por su parte, sufrió décadas de abandono en todos los sentidos, incluyendo al turismo, donde desfilaron muchos funcionarios sin la más mínima idea de lo que significa la industria turística. El último tiempo se vio fortalecido por la gestión de Florencia Andolfatti que conjuntamente con el misnistro de turismo Diego Lapenna se esforzaron para intentar darle al turismo un lugar de relevancia, obteniendo avances significativos. Esperemos que la salida de Andolfatti no se traduzca en la pérdida del envión que le supo dar.
Trevelin tuvo una impronta importante por parte de los privados que invirtieron en la “ruta galesa” con atractivos que condimentan las visitas de los turistas que vienen atraídos por el vecino Parque nacional Los Alerces. Incluso, la inversión privada en el campo de tulipanes generó una nueva temporada entre temporadas.
Los nuevos desafíos.
El sector turístico en la cordillera chubutense se va a ver obligado a buscar nuevas estrategias para atraer turistas. Bajar los precios y brindar una atención de excelencia es la condición esencial. La contra que tiene el sector es la corta duración de las temporadas y en ese breve tiempo se debe recaudar lo suficiente para mantener las instalaciones durante todo el año. Es todo un desafío.
Lo más importante es generar entornos de trabajo para facilitar a los inversores la puesta en marcha de atractivos que extiendan las temporadas turísticas, tal es el caso del campo de tulipanes.
El turismo de la tercera edad es un turismo que puede romper con las temporadas clásicas: Son personas que no necesitan esperar a las vacaciones para pasear y pueden aprovechar los precios de baja temporada durante el resto del año,
Y hay un turismo que nunca fue explotado y es el turismo extranjero. Su captación requiere de verdaderos estrategas, servicios de calidad, seriedad, precios acordes y circuitos que rompan con lo esperable o rutinario.
La conexión aérea increíblemente sigue siendo patética, con precios abusivos por parte del monopolio de Aerolíneas Argentinas, y un turista amenazado por los paros sorpresa de los sindicatos basura que rompen todo esquema de desarrollo.
La Atención al turista
A pesar de los años que han pasado desde que varios emprendedores apostaron al perfil turístico de Esquel y la zona, todavía se carece de información de calidad al turista en varios sectores, y de calidad en el trato personal con el visitante.
Se evidencia un trabajo interesante desde el área a cargo de Andolfatti para tratar de revertir este aspecto, y también hubo otros avances como la apertura de la formación de guías que realizó la Universidad de Chubut, una deuda que estaba pendiente desde hacía mucho tiempo.
Es que no había muchos guías de turismo que brindaran un servicio de calidad y profesional. Lamentablemente, el sector fue también perjudicado por una asociación de guías que pareciera haber buscado el lucro personal de sus eternos representantes enquistados en su trono, en vez de fomentar el desarrollo de la industria turística y el profesionalismo de los guías locales.
Ni hablar de las extrañas concesiones que “ligaron” dentro del PNLA, la falta de rendiciones de cuentas, el personal trabajando en negro, y la total falta de concordancia con la finalidad de su personería jurídica con las acciones que llevaban a cabo.
Luego de casi dos décadas, hoy hay una nueva camada de guías que promete profesionalizar el sector y brindar un servicio de excelencia al turista, para que éste vuelva y no se vaya espantado o se sienta estafado en el trato y en la información brindada.
La concientización sobre las necesidades de la industria turística también debería ser enseñada en las escuelas, y no sólo en las pocas que tienen una orientación al turismo, sino como un motor de concientización sobre la importancia del desarrollo sano y profesional de una actividad que podría generar muchísimos más ingresos a la región de los que jamás se haya visto.
La desburocratización también es esencial para agilizar las inversiones y facilitar todo emprendimiento, por menor que sea. Todo es trabajo y movimiento económico a mayor o menor escala.
En la región todavía siguen prohibiendo o burocratizando el alquiler de cuatriciclos, kayaks, bicicletas; las actividades al aire libre; las habilitaciones en general; el transporte de pasajeros, que debieran estar liberando licencias de taxis y remises y permitiendo los sistemas como UBER que se utilizan en todo el mundo moderno; deberían fomentar el turismo de deportes extremos, y todo un abanico de acciones que inviten al turista a venir y al emprendedor a invertir.
En síntesis.
En 2025 hubo muchísimos turistas. Simplemente muchos optaron por ir al exterior tras años de prohibiciones cambiarias y moneda nacional devaluada. Las reglas de juego cambiaron y hay que adaptarse a los cambios. Tener una economía estable es algo que nunca se vio en los últimos 50 años. Es un punto de partida esencial para cualquier actividad. El encierro de la población ya es cosa del pasado y al turista hay que atraerlo. Elementos naturales nos sobran. Falta cabeza, profesionalismo, e innovación. El que así lo entienda triunfará y el que no, se hundirá.




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