dISFORIA DE GÉNERO

La Academia Nacional de Medicina rechaza transición de género en menores

Los menores no podrán acceder a intervenciones de transición de género según nueva postura que suma difusión. La Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires (ANM) fijó una posición firme frente a los tratamientos médico-quirúrgicos de afirmación de género en niños y adolescentes.

La entidad indicó que “no avala ningún tratamiento, ni bloqueadores de la pubertad, ni terapias hormonales, ni cirugías que modifiquen el sexo” en menores.

En un comunicado, la Academia fundamentó su rechazo en “las consecuencias deletéreas sobre la salud física —muchas veces irreversibles— y psicológica” y advirtió que varios países ya revisaron o suspendieron estas prácticas.

El pronunciamiento llega en continuidad con la medida del gobierno nacional, que en febrero del mismo año modificó el artículo 11 de la Ley 26.743 de Identidad de Género, limitando los tratamientos de hormonización y las intervenciones quirúrgicas para menores a los mayores de 18 años.

La Academia subraya que el abordaje apropiado para menores con disforia de género es “un enfoque integral, centrado en ellos y sus familias, con sólidos vínculos y un acompañamiento estrecho de los servicios de salud mental”.

En ese sentido, advierte sobre el impacto psíquico de los tratamientos y rechaza que se detenga el desarrollo natural del niño en su tránsito hacia la adultez.

Estos debates se inscriben en un contexto global donde distintos países han reevaluado sus protocolos médicos para menores definidos como «trans», lo que según la Academia amerita cautela en Argentina.

Mientras tanto, la modificación legal del Gobierno se convirtió en foco de polémica: defensores de derechos humanos argumentan que la medida vulnera los derechos adquiridos y la autodeterminación de género, y advierten sobre los riesgos de estigmatización y exclusión.

En la práctica, la decisión de la Academia de Medicina refuerza la línea estatal de restricción de tratamientos de afirmación de género en menores, estableciendo un nuevo hito en la política pública de salud, género y adolescencia en el país.

Muchas de estas transiciones en menores devienen de graves problemas psicológicos de los propios padres que ven en sus hijos una especie de «mascota social» para ser expuesta por su «rareza», en vez de tratarse de casos legítimos de disforia de género.

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