Hoy les acercamos una nueva entrega de “El Palacio de La Risa”, para disfrute de muchos y para vergüenza institucional.
En esta edición, Juan Bautista Alberdinangus nos cuenta sobre “El Telo” de El Emperador, un capítulo más en el currículum del dictador que quedará escrito en los “anales” de la Justicia.
Cuando la realidad supera a la ficción, lo mejor es buscarle una forma cómica de transmitirla. Así de triste es la realidad del Poder Judicial en Chubut, donde se puede encontrar de todo, menos justicia.
EL TELO DEL EMPERADOR
La puntita nada más…
Hola a todos!!!!! Volvimos recargados!!!! Es cierto, les prometí que iba a tratar otros temas, pero en verdad nos han apabullado de información referida a El Emperador y la misma es tan jugosa que se nos hace agua la boca. Por eso, decidí armar una nueva y bonita columna dedicada a este grato personaje, que, dicho sea de paso, nos está permitiendo sobrevivir en estas épocas de crisis.
Además, recordemos siempre que estamos en El Palacio de la Risa, por lo cual el engaño no tiene que tomarse como algo anormal, sino más bien como una rutina y parte del juego.
Así que, bienvenidos nuevamente!!!!!!
Nuuuuuuuu!!!!!
Y hablando de hacerse agua la boca, parece que en ese cierto infinito impreciso de poder en el que vive y con el que se maneja, Su Majestad tendría una manía que, cuando me la hicieron saber, quedé realmente estupefacto: sin ningún remordimiento y sin considerar la solemnidad del castillo, su morbo consistiría en llevar a jóvenes (y no tan jóvenes) a su dependencia oficial para mantener sexo con ellos en medio de los expedientes de los crédulos inocentes que esperan justicia.
Sí. Como lo lee. Así de simple y así de llano. Es que parece que a El Emperador le gusta la adrenalina pura.
¿Está mal? ¡De ninguna manera!!!!! – diría un amigo mío al que le gustan las experiencias estrambóticas. “¿Qué puede tener de malo ‘Sex and the City’”?

El sexo en El Palacio
Pero no, no es “Sex And The City”, la célebre serie norteamericana que contaba las desventuras amorosas de un grupo de amigas. Se trataría de “Sex in Tribunales”. Si, según fuertes trascendidos y datos que nos han aportado (y hemos corroborado), lo que le apasionaría a El Emperador sería que le practiquen sexo oral en el baño de su oficina. Varios novios, amantes o trabajadores sexuales (o como quiera Ud. llamarlos) habrían pasado por ahí.
Y dentro de toda una maraña de nombres de guerra que nos hicieron llegar, nos apareció uno que nos llamó la atención: un tal “Alex” (así se lo conocería en el ambiente), un profesional y funcionario público que ahora estaría vinculado a un organismo importante, y al cual habría ingresado por gestiones de El Emperador en un acto de suma traición a alguien a quien Su Majestad le jura y perjura siempre que es su amigo y con quien habría hecho varios arreglos en una alta casa de estudios (algún día nos referiremos a esto también).
Dicen las malas lenguas que este Alex sería su preferido, porque según El Emperador, sería quien haría los mejores enjuagues bucales… Y no creo que sea un invento, al menos no un invento de nuestra parte, pues surge de los relatos reales de protagonistas directos que entrevistamos.

Tuvimos que ingerir cajas enteras de ansiolíticos para guardarnos más información obtenida. El diablo nos pincha con su tridente, pero somos gente de palabra y juramos no hacerla pública hasta no tener su confirmación, como corresponde a un medio de comunicación como éste, nuevo pero honrado; aunque estemos entre la biblia y el calefón, con la justicia herida por su propio sable sin remaches.
Y hablando de sexo…
Esta bella y amorosa historia tampoco termina aquí. Porque según nos han informado, El Emperador -en su interés de saciar sus bajos instintos y demostrar su poder absoluto- también contrataría trabajadores sexuales o seduciría muchachos a través de una página web (Man Hand o algo así) o de una app llamada Grindr (o algo así), y luego de prometerles “el oro y el moro” (sobre todo entrar a Tribunales) y de ganar su confianza, les pediría favores sexuales y hasta los obligaría a realizar actos en contra de su voluntad.

Su perfil habría sido o sería una linda foto (aunque oscura) bien alejada en una playa con un nombre falso, cosa de que si se la quisiera ampliar no pudiese observarse bien la cara, más allá de ver a una persona “bien quemadita”.
Hay un dato curioso. Por lo general, estas relaciones siempre terminarían igual. O bien porque El Emperador se habría olvidado de pagarles tales favores a los participantes (haciéndose el loco o directamente amenazándolos), o bien porque los habría querido esclavizar, como lo haría en muchas oportunidades con muchas otras personas en muchas otras circunstancias de su vida (en sentido figurado, claro está). No sé por qué se me vino a la cabeza la imagen de una pobre señora hace años, personal subalterno de El Emperador en el palacio, a quien le hacía limpiar su casa particular a cambio de promesas de trabajo para su hijo, que jamás habría cumplido…
Menos mal que no hacen rinoscopias en El Palacio!!!!!
Ahhhhh…. Y me olvidaba… para que la fiesta sea absoluta, parece que El Emperador se daría un ayudín, y no sólo con una pastillita de color azul, sino con algo más fuerte y pegador. Se comenta, inclusive, que una vez uno de los invitados, cuando previo al acto sexual lo vio flaco pero panzón, lleno de pelos y algo sucio, le habría dicho sin titubear: “Así como te echás polvito en la nariz, echate también en las patas, mi rey”. Como se ve, completito el tipo.

Siga, siga!!!!
El sexo tiene muchos beneficios para la salud: ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, disminuye la presión arterial y elimina el estrés. ¿Qué tiene de malo, entonces, denominar “El Telo” al Palacio de la Risa, si allá por los años 90 bautizaron “El Aguantadero” al Congreso de la Nación?. El humor debe tomarse como asimilación de lo inusual.
Es cierto. Además, hay que recordar que en el palacio están los mayores y más fervientes cultores del “siga, siga” que inmortalizó el ex árbitro de fútbol Lamolina, que dejan que se quiebren las reglas de juego con tal que el juego fluya y los elegidos (muy pocos), en lugar de ser ejemplos para la sociedad, puedan seguir haciendo lo que quieran.
Nada, entonces, resulta ridículo o contradictorio.
Eso sí, debo efectuar –para terminar- una reflexión que muchos seguramente compartirán: ¿Por qué no se pone directamente en la entrada de El Palacio de la Risa un cartel de “Telo” o “Albergue Transitorio” en vez de aparecer el rótulo de “Juzgados” o “Tribunales”? ¿No sería ello más sincero?.
Después de todo, desde que cerró el bar de Dulio, en la aldea hace falta cubrir cierta demanda del mercado…
Además así, al menos, no habría mayores sorpresas, todo seguiría funcionando igual, y les ahorraríamos muchísimas explicaciones a nuestros hijos y a los que día a día ingresan allí en procura de seriedad y de una justicia inexistente.
Hasta la próxima (si todavía estamos)!!!!.-
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