Tino john en el Palacio

Hoy en El palacio de La Risa: “El Mundo Al Verrés: Los inocentes son los culpables”

El mundo al verrés

*por Juan Bautista Alberdinangus.

Cuando el uniforme pesa más que el delito.

-“A veces, Alberdinangus, cuesta entender cómo funciona la justicia. No porque sea compleja, sino porque parece escrita al revés: los que sostienen el orden terminan juzgados, y los que lo desordenan, blanqueados como almas nobles incomprendidas.”, me decía un amigo mientras servía otra vuelta de whisky.

Se refería, lógicamente, al caso “Tino” John. Porque hace pocos días se realizó el juicio contra los policías del GEOP, acusados de homicidio y de incumplimiento a los deberes de funcionario público por haber hecho lo que —según cualquier manual de sentido común— debían hacer: impedir que un hombre armado siguiera poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás.

El hecho ocurrió el 27 de mayo de 2021, cuando un sujeto, arma en mano, mantenía en vilo a un sector de la aldea de Lago Puelo. Los vecinos pedían auxilio, los patrulleros llegaban, el caos crecía. Hasta que el equipo especial intervino. En segundos —segundos reales, no metafóricos— hubo que decidir entre disparar o dejar que alguien terminara muerto.

El resultado ya se sabe: el que cayó fue el agresor. Lo que nadie imaginó es que, cuatro años después, los acusados serían los policías que actuaron en el incidente.

El Ministerio Público Fiscal, siempre atento a los grandes problemas de nuestra provincia (siempre!!!!), decidió que el verdadero riesgo para la sociedad no era el hombre que apuntaba con una carabina, sino los agentes que actuaron en el suceso. Así, en nombre de la “proporcionalidad”, el Estado decidió juzgar a quien, en países serios, habrían recibido una medalla o al menos un “gracias por evitar una tragedia”.

Lo inexplicable.

En verdad, no fue todo el Ministerio Público Fiscal. Debo reconocer que mucho tiempo antes el fiscal de la comarca, Carlos Díaz Mayer —ese Kojak sin sombrero que todavía distingue entre un delincuente y un servidor público—, ya había pedido el sobreseimiento de los policías implicados. Lo hizo por lo que parecía obvio: habían actuado en cumplimiento de su deber, sin violar reglamento alguno, ni arriesgando la vida donde otros. Pero el resto pareciera que, simplemente, habría esperado todo ese teatro de psicólogos, mediadores y –por supuesto- el café caliente mientras las balas buscaban ansiosas reposar en el cuerpo de algún vecino.

Claro, en el mundo al revés, los que hacen bien su trabajo son incomprendidos. Por eso, la orden que vino de arriba y el accionar de sus colegas fue ignorar a Kojak y a su impecable escrito y avanzar directamente contra quienes pusieron el cuerpo, enfrentaron el peligro y cumplieron con la ley, mientras los protocolos, las mediaciones y el café caliente quedaban como excusas suficientes para justificar la locura de juzgarlos.

Y una vez más….

-“… los zurdos aprovecharon la oportunidad e intentaron hacer su negocio: instalar un segundo caso Maldonado. Empezaron a inflar relatos, a buscar culpables donde no los había, y a construir un teatro mediático alrededor de la tragedia que, por alguna extraña lógica, convertía al policía en victimario y al agresor en protagonista incomprendido”, me contaba consternada una vecina aguerrida de la pequeña aldea chubutense, donde ocurrieron los sucesos.

Todo un guion perfecto para la victimización selectiva, donde la realidad se ajusta a la narrativa, y no al revés.

Es cierto, sí, que Tino John era una persona con posibles trastornos psiquiátricos, pero eso no le daba licencia para amenazar a vecinos, efectuar disparos contra los uniformados, los vecinos o los inmuebles lindantes, o intentar matar a un policía que sólo cumplía con su deber.

 Y, como ocurre demasiado a menudo, todos se hicieron los boludos, fundamentalmente los organismos estatales creados para lidiar en estos casos y con personas con esos problemas, que se expanden como la viruela pero que pocas veces –por no decir ninguna- brindan resultados adecuados o sirven para algo (más allá de pagar sueldos).

Además, en la investigación preparatoria quedó demostrado que en tres momentos distintos se le dio a Tino John la oportunidad de deponer su actitud agresiva… y no lo hizo, prefiriendo seguir gritando: “…vengan hijos de puta, suban si se animan…”, mientras blandía un arma larga entre sus manos, como si estuviera actuando en su propia película de acción, sin importar que la vida real no tenía pausa para efectos especiales.

El cierre del caso.

Felizmente, un jurado popular por unanimidad – y vale repetir que fue un jurado popular integrado por personas comunes y corrientes, y por unanimidad- decidió que los policías involucrados eran “no culpables” del delito que se les imputaba, dejando una lección que debería ser básica pero, al parecer, se nos escapa: a veces —y cada vez con más frecuencia— el sentido común de la gente de a pie sabe mucho más que los cerebros que se esconden en los Palacios de la Risa, donde la realidad se tuerce y el orden se castiga mientras el caos, la corrupción y los acomodos –y no sigo para no aburrir al lector- se aplauden.

-“¿Por qué no le hicieron caso a Díaz Mayer?”, me preguntó mi amigo. -“Con ello se habrían ahorrado recursos, tiempo y trámites inútiles”, además de evitar el sufrimiento innecesario de los policías implicados y, sobre todo, no se habría puesto en duda la primera exigencia social: vivir más seguros.

Pero no. El ejemplo transmitido por el Ministerio Público Fiscal y la querella pareciera ser que la policía no debe actuar nunca, ni siquiera frente a un hecho flagrante. La lección está clara: si un ciudadano armado amenaza a otros, mejor dejarlo libre, no vaya a ser que el Estado se vea obligado a reconocer que alguien cumplió con su deber.

Casos como “Maldonado” o “Chocobar” nos enseñan la misma moraleja retorcida: el que protege y actúa en favor del orden se arriesga a ser acusado, y el que viola la ley termina presentado como víctima, siempre que alguien se encargue de contar la historia con la dosis justa de cinismo y titulares rimbombantes.

Viendo este espectáculo: ¿Cuál creen ustedes, queridos lectores, que será el pensamiento del próximo policía, gendarme o prefecto que esté frente a una situación similar?¿Actuar?¿Comerse un proceso por asesinato?. ¿Perder su empleo?¿Terminar en la ruina económica?¿O darse vuelta y mirar para otro lado?

Porque, al fin y al cabo, en este mundo al revés, los que arriesgan la vida por los demás terminan siendo acusados… y los que la ponen en riesgo son tratados como almas incomprendidas. Así que, queridos lectores, ya saben: si quieren sobrevivir, mejor dejar que todo se queme y aplaudir el fuego desde la tribuna.

Hasta la próxima!!! (si todavía estamos).-

Seguinos en Facebook y también en X (ex-Twitter)

Escribinos a [email protected]


Publicado

en

,

por

Comentarios

Una respuesta a «Hoy en El palacio de La Risa: “El Mundo Al Verrés: Los inocentes son los culpables”»

  1. Avatar de Claudia
    Claudia

    Son excelentes, dan a conocer el sentimiento del pueblo que piensa y trabaja, mis felicitaciones también por las ironías que a veces usamos para no llorar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *